Los caballos policiales apenas podían contener a la multitud que se agolpaba en la explanada venteña. Todo el mundo quería ver a Alejandro Talavante salir una vez más a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas. Entre empujones, móviles levantados y aficionados, la … familia del extremeño esperaba emocionada la llegada del torero a la furgoneta. Sus hijos aguardaban orgullosos para fundirse con él en un sentido abrazo, mientras su hermana intentaba grabar la escena entre el gentío. Su padre, Jacinto, observaba todo con prudencia, aunque sin dejar de recibir felicitaciones.
Una hora antes, dentro de la Monumental, el pañuelo azul había asomado mientras los empresarios de Madrid y Fermín Bohórquez abrazaban a Alejandro Talavante. Por segundo año consecutivo el extremeño, toreaba la primera de la Feria de San Isidro, y por segundo año consecutivo lo hacía abriendo la puerta grande. Siete veces ha salido ya por la calle Alcalá. Ahí es nada. Iguala así a Aparicio, Litri, Antoñete Gregorio Sánchez y José Tomás.
También se lo debía a Ganador de Cuvillo. Cuando pasó por su lado en la vuelta al ruedo, porque el animal también fue premiado con el pañuelo azul, paró Talavante a darle un beso en agradecimiento. «Estoy emocionado», declaraba Alejandro tras la clamorosa vuelta al ruedo con los dos apéndices. «He podido demostrar mi torería en esta plaza a la que le tengo tanto cariño y que me ha dado tanto. No tengo palabras», decía visiblemente emocionado ante las cámaras de Telemadrid. Lo cierto es que Madrid se volcó con el extremeño, y rugió en cada muletazo, y se puso en pie tras cada tanda.
Esta tarde de la feria isidril era una fecha marcada en rojo para Tristán Barroso. El joven torero confirmaba en la Monumental, y era una tarde clave. «Yo creo que he tenido momentos bonitos delante de él, y por momentos he podido disfrutar», dijo el torero tras pasaportar al primer toro de la feria. «Una pena que le ha faltado un poco de fuelle al final, y la espada, que no le he matado de la manera que me hubiese gustado», concluyó.
Cuando caía el sexto, todas las miradas estaban en el torero de Badajoz. Cariñoso se despidió de su ahijado y de Juan Ortega, que cerraba la terna, y todo el mundo esperaba verle, salir en volandas. por la puerta de cuadrillas se iba el joven confirmante, satisfecho de su actuación: «He sentido los olés de Madrid, creo que me he entregado , y creo que la gente se va con ganas de volver a verme». Y la feria no ha hecho más que empezar.
