Poco después de las 6 de la tarde del jueves, 8 de mayo de 2025, el mundo entero conocía a través del humo blanco de la chimenea de la Capilla Sixtina que los cardenales reunidos en Cónclave, guiados por el Espíritu Santo, habían elegido al nuevo Papa. El Cardenal estadounidense Robert Francisco Prevost, un religioso agustino, misionero, que había sido también obispo de la diócesis de Chiclayo, en Perú, salía al balcón de la Plaza de San Pedro con el nombre de León XIV. Su perfil discreto, casi desconocido para los que se atrevían a hablar de “papables” en los medios de comunicación y en las quinielas más mundanas, ponía de manifiesto que los tiempos de la Iglesia van mucho más allá que los del mundo y que el Espíritu Santo actúa con una sabiduría mucho más allá de cálculos e intereses.
Sus primeras palabras, en la ventana de la logia vaticana que da a la plaza de San Pedro, ante 100.000 personas presentes físicamente y millones de personas siguiéndolo virtualmente en todo el mundo, el nuevo Papa dejaba ya, con sus primeras palabras, importantes claves para afrontar los grandes retos del futuro: la paz, el diálogo y la misión, para ser una Iglesia evangélica, “siempre abierta a recibir a los que tienen necesidad de nuestra caridad, de nuestra presencia y de amor”; y todo lo relacionado con la revolución tecnológica y digital, que está cambiando la economía, la política y la configuración de las sociedades; las relaciones laborales y humanas; y los propios cimientos de las democracias.
Como el papa del que adquiere su nombre, León XIV ha hablado desde el primer momento de cómo la Doctrina Social de la Iglesia puede iluminar estos grandes desafíos a los que hoy nos enfrentamos. Así lo recordaba esta mañana el presidente de la Fundación Pablo VI, Mons. Ginés García Beltrán, durante la conferencia inaugural en el Encuentro Nacional de Empresarios y Directivos Cristianos. “La Doctrina Social de la Iglesia nos recuerda que la técnica no es neutral. Expresa una visión del ser humano. Y por eso, el empresario católico está llamado a discernir qué tipo de humanidad se está promoviendo. La pregunta no es si la tecnología es buena o mala, sino si está al servicio de la persona o si la persona está al servicio de la tecnología”. En este sentido, ha evocado muy especialmente el encuentro que el Papa tuvo con los miembros de la Centesimus Annus a los pocos de días de su elección, cuando definía la situación actual de “policrisis”. En ese discurso, el Papa afirmaba: “en el contexto de la revolución digital en curso, es necesario redescubrir, explicitar y cultivar el mandato de educar al sentido crítico, contrarrestando las tentaciones opuestas, que también pueden atravesar el cuerpo eclesial. Hay poco diálogo a nuestro alrededor, y prevalecen las palabras gritadas, no pocas veces las fake news y las tesis irracionales de unos pocos prepotentes. Por lo tanto, son fundamentales la profundización y el estudio, y también el encuentro y la escucha de los pobres, tesoro de la Iglesia y de la humanidad, portadores de puntos de vista descartados, pero indispensables para ver el mundo con los ojos de Dios”.
El director general, Jesús Avezuela, y el presidente de la Fundación Pablo VI, Mons. Ginés García Beltrán; el presidente ASE, Juan Antonio Perteguer; y el director del Encuentro de ASE, Javier Fernández-Cid
En este encuentro de empresarios en la Fundación Pablo VI, en el marco del 75 aniversario de ASE, se ha hablado de la necesidad de apostar por una economía con alma y por el papel del empresario como “artesano de la unidad, con visión y sentido moral”; siempre con la vista en el próximo viaje que León XIV tendrá a España, que se espera, en palabras del presidente de la Conferencia Episcopal Española, como un Adviento. Mons. Luis Argüello, ha invitado a los empresarios a poner los principios de la Doctrina Social de la Iglesia como faro para el desarrollo de su actividad, con todas sus dimensiones: el servicio a la persona y al bien común, que tiene que ver no solo con lo económico, sino también con lo político, lo social y lo ambiental.
El presidente de los empresarios, Antonio Garamendi, presente también en el acto, ha hecho balance también de este primer año de pontificado con un mensaje de agradecimiento y con una petición: “que ayude a iluminar los retos del mundo económico y empresarial”. Retos que tienen que ver con la tecnología, pero también con la transformación del trabajo y su organización, con la migración, con la crisis ecológica y con la polarización.
El próximo 15 de mayo, a dos días de que se cumpla un año del inicio de su pontificado, León XIV firmará su primera Encíclica, «Magnifica humanitas». Y no es casualidad la fecha. Porque será el mismo día de la que publicó León III 135 años atrás: la «Rerum novarum», la carta magna de la Doctrina Social de la Iglesia. Sin aventurarse a especular sobre el contenido, a buen seguro tratará como aquélla de su antecesor de dar claves para todo un cambio de época. El título «Magnifica humanitas» busca proclamar la grandeza de la humanidad cuando tantos la consideran obsoleta, superada o mejorada por la máquina. Es un documento muy esperado y celebrado, como lo es su pontificado, afirma la secretaria del Dicasterio para el Servicio Humano Integral del Vaticano, Alessandra Smerilli, también presente en el acto. “El Papa intenta dar respuestas que comprendan toda la complejidad del momento, pero siempre a la luz de la Palabra de Dios”.
Eso es la Doctrina Social de la Iglesia, sabiduría moral que brota del Evangelio y que ilumina la vida social. Sus dos pilares fundamentales -la dignidad de la persona humana y el bien común- son más actuales que nunca. El magisterio de León XIV es, por tanto, una guía para nuestro tiempo.