Donde todos tiemblan, el Valencia se sintió inmortal. El equipo de Pedro Martínez, que salió herido del Roig Arena, con un 0-2 en contra ante un Panathinaikos crecido, remontó la eliminatoria de cuartos de final con dos victorias de mucho mérito en el OAKA (2- 2), ante 19.000 encendidos espectadores, la segunda (86-89) lograda con mucha sangre fría y un Jean Montero deslumbrante con 29 puntos, siete rebotes, siete asistencias y ocho faltas recibidas (45 de valoración). Solo una vez en la historia, el Real Madrid en 2023 ante el Partizan, un equipo ha ganado después de empezar con dos derrotas.
La serie está siendo excepcional, con todos los ingredientes de los grandes duelos, y hasta un punto de incoherencia: después de cuatro enfrentamientos, ningún equipo ha sido capaz de vencer en su feudo. Ahora les toca volver al Roig Arena, donde el miércoles se conocerá el último participante en la Final Four de Atenas en la que ya están el Olympiacos, el Real Madrid y el Fenerbahçe, que venció en el cuarto partido en la cancha del Zalgiris Kaunas (90- 94).
Ergin Ataman siguió con su absurda actitud en esta eliminatoria y se negó a saludar a Pedro Martínez antes del partido. Los dos habían sido expulsados en el tercero. El técnico turco siguió con la batalla mental en la que se ha convertido esta serie. El Valencia no quiso entrar en el juego y prefirió mandar un mensaje mucho más contundente de inicio con tres canastas y dos robos en poco más de dos minutos. El desafío estaba en marcha un día más en el OAKA, la catedral del baloncesto que se alza junto al estadio olímpico del valenciano Santiago Calatrava.
Jean Montero, descarado, habilidoso, convertido ya en una estrella de la Euroliga, sabía explorar las rendijas que ofrecía la defensa del Panathinaikos. El dominicano tiraba de su equipo en otro gran arranque de partido con 10 puntos en menos de cinco minutos. El Valencia, el momento álgido de su historia, pisaba fuerte, otra vez sin miedo. La defensa funcionaba y eso le permitía correr. En estático desplegaba sus famosos mecanismos ofensivos perfectamente engrasados.
Ataman, desbordado, con el Valencia ya a 15 puntos de distancia (24-39), con Juancho Hernangómez lastrado en el banquillo con cuatro faltas, no sabía cómo frenar a su rival y rebuscó en los cajones en busca de una solución. Allí encontró a Konstantinos Mitoglou -solo cuatro minutos en toda la serie- y Vassilis Toliopoulos -inédito todavía-, el base griego que dio un paso al frente. Aunque el hombre que rescató al PAO fue el inteligente alero turco Cedi Osman, que metió 11 puntos en el segundo cuarto para reflotar a su equipo antes del descanso (37-44). Lessort (ocho puntos, 11 rebotes y cinco asistencias) cercó los aros con su poderío mientras Osman (26 puntos) mandaba en ataque. Le daba igual anotar o buscar las muñecas certeras de Hayes- Davis y Nunn. El equipo del trébol acechaba al grupo de Pedro Martínez, que oía cómo retumbaba el OAKA con 19.000 personas vestidas de verde dejándose las gargantas para elevar a su equipo. La reacción permitió al Panathinaikos ponerse por delante (49-48) por primera vez. El carácter del Valencia estaba siendo puesto a prueba. La presión era máxima y a Sergio de Larrea, el más joven, incapaz de asumir el nivel de contacto que permitieron los árbitros, le temblaron las piernas. El Panathinaikos había vuelto a llevar el partido a un marcador corto.
Era el momento de la verdad. Los minutos en los que se iba a comprobar si este Valencia había vivido una bonita historia en la fase regular o si era un equipo que iba de frente a por la Euroliga, un conjunto convencido de poder entrar en la primera Final Four de su vida, un territorio conocido para el Panathinaikos – ya ha jugado 13- y para su entrenador -tiene tres títulos-. Ahí volvieron a brillar Montero y Braxton Key, y Matt Costello, que metió un tiro libre decisivo a falta de 7,8 segundos con 86-88 en el marcador. Ya solo falta rematar en el Roig Arena.