Auspiciados por la libertad que ofrece la alfombra roja de la Gala del Met, donde se alienta a todos los invitados a subir las escaleras del museo neoyorquino vestidos de la manera más extravagante posible, cada vez es más habitual ver a las celebridades masculinas aprovechando la ocasión para salirse de la cómoda tradición de sastrería a la que están acostumbrados. En sus versiones más extremas, la edición del pasado lunes acogió al actor de la serie Más que rivales Hudson Williams vestido de torero por Balenciaga; al puertorriqueño Bad Bunny, vestido de Zara y envejecido 50 años; y al cantante Sombr envuelto en una nube de flecos de Valentino.

Para aquellos invitados con una menor inclinación por el melodrama, sin embargo, esa innovación se ha personificado a través de un material concreto: el cuero. Ahí estaba en la gabardina de Thom Browne sobre los hombros de Bill Skarsgård, en el abrigo y pantalones de Prada de Damson Idris, en las solapas de la americana de Burberry de Romeo Beckham, y en la chaqueta corta y guantes de Public School con la que Patrick Schwarzenegger puntualizó su villanesco abrigo largo de lana.

Las versiones más efectivas, sin embargo, tenían un referente muy claro. Por deferencia a la temática de la gala de este año, “la moda es arte”, y rodeados de homenajes a Klimt, Sargent y la escultura griega y romana, Nicholas Hoult y especialmente Luke Evans decidieron rendir tributo al ilustrador finlandés Touko Valio Laaksonen, más conocido como Tom of Finland. La moda es arte, y ahora también fetiche.

Con el culo al aire

Lo hicieron desde puntos opuestos. Hoult, con sus botas, pantalón, corbata y americana de cuero negros firmadas por Prada, evocaba con literalidad la agresividad masculina de las ilustraciones que el finlandés creó durante los años sesenta y setenta. Evans, sin embargo, con un conjunto similar en burdeos de la firma patria Palomo Spain a base de la pieza estrella de la casa, los pantalones ‘Culo al aire’ (diseñados con un panel trasero que puede desabrocharse para dejar, como su propio nombre indica, el culo al aire), evocaban a Laaksonen de manera más lírica.

Nicholas Hoult, de Prada en la Met Gala.Michael Buckner (Penske Media via Getty Images)Luke Evans vestido de Palomo Spain en la Met Gala.Matt Winkelmeyer/MG26 (Getty Images for The Met Museum/)

“Para nosotros representa un hito estar en la alfombra del Met, y especialmente estar de esa manera, con un mensaje tan relacionado con nuestro mundo y nuestra herencia”, explica el diseñador Alejandro Gómez Palomo (Posadas, 1992), el hombre detrás de Palomo Spain. “El look surge en conversaciones con Luke, su equipo y el nuestro. Por supuesto, queríamos una referencia al arte, pero también que fuese super queer y hablase a la vez de nuestra comunidad y del momento que está viviendo él en Broadway con el musical The Rocky Horror Picture Show. Tratamos de sacar al personaje de las ilustraciones, pero a través de la moda. El look trataba de hacer que Luke fuera un abanderado de esta masculinidad queer”. Una reclamación que cierra casi un siglo de disidencia.

Esta codificación del cuero en el mainstream como ejercicio subversivo para deconstruir la masculinidad resulta irónica porque, en sus orígenes, el movimiento que se acabaría conociendo como leather daddies buscaba hacer precisamente lo contrario. Las primeras comunidades de cuero surgieron después de la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos, particularmente entre los grupos moteros de California, como respuesta de ciertos hombres homosexuales a los grupos del colectivo más organizados: los del teatro musical y el drag, que consideraban demasiado femeninos. Algo que ellos, querían subrayar, no eran.

El look creado para definir esa masculinidad preponderante lo cristalizó en la conciencia colectiva, primero, Marlon Brando en la película Salvaje con su camiseta blanca, vaqueros, chaqueta de cuero y gorra de motero. Sexy, agresivo y profundamente varonil. Después, Laaksonen lo exacerbó todavía más a través de sus ilustraciones como Tom of Finland en la revista Physique Pictorial, donde la censura de la pornografía masculina era ingeniosamente esquivada bajo el pretexto de enseñar hombres semidesnudos con fines educativos en la materia del deporte.

Bill Skarsgard, con gabardina de Thom Browne en la Met Gala.Gilbert Flores (Variety via Getty Images)Patrick Schwarzenegger, con chaqueta corta y guantes de Public School en la Met Gala.Gilbert Flores (Variety via Getty Images)

Ese look, sin embargo, continuó exagerándose a partir de la década de los setenta cuando, a raíz de la descriminalización generalizada de la pornografía, Laaksonen pudo renunciar a su trabajo como director de arte en las oficinas de Helsinki de la agencia de publicidad McCann y dedicarse plenamente a la ilustración de hombres con descomunales músculos, glúteos y genitales vestidos de cuero.

Y es aquí donde el proceso comienza a retroalimentarse hasta llegar a la parodia. “Laakonsen dibujaba sus fantasías y se las enviaba a sus amigos, ellos contrataban a un sastre y reproducían las prendas más sexys de las ilustraciones, se hacían fotos con ellas puestas y se las enviaban de vuelta a Tom”, recordó Durk Dehner, el conservador de la obra de Tom of Finland, en una entrevista con The Guardian. “Así él sacaba más ideas, era un proceso en constante evolución”. Lo que originalmente nació como un intento de alejarse del camp homosexual, acabó dando la vuelta hasta darse de bruces con él, pasando de la renuncia de lo queer, a ser uno de sus mayores exponentes.

Eso que llaman nueva masculinidad

Los seis looks del Met, con sus diferentes grados de implicación de cuero, son herederos directos de esta tradición, sean conscientes de ello o no. Y también parte de una tendencia que Alexander Skarsgård inauguró con la promoción de la película Pillion, en la que él y su estilista Harry Lambert crearon looks inspirados por el personaje de motero BDSM que el actor interpreta en el filme.

Damson Idris, de Prada en la Met Gala.John Shearer (WireImage)Romeo Beckham, de Burberry en la Met Gala.TheStewartofNY (Getty Images)

Tanto en el caso de Skarsgård como en el de Hoult o Evans, su adopción del cuero viene dada por un contexto muy concreto propenso a las libertades creativas, pero cada vez son más estrellas las que están incorporando el cuero su estilo, particularmente aquellas que no se sienten cómodas con las versiones más clásicas del armario masculino, como Jacob Elordi, Troye Sivan o Manu Ríos.

“Esa adopción del cuero es una respuesta a otras vertientes que estamos viendo”, reflexiona Gómez Palomo. “Nos estamos posicionando sobre algo más conservador. En la propia gala hemos visto referencias a las vírgenes e ideas más angelicales, y esa ola puede sentirse hasta en los propios patrocinadores [en referencia a Jeff Bezos y su mujer Lauren Sánchez, que contribuyeron al evento con diez millones de dólares de su propio bolsillo]. La idea del jugar al fetichismo, a la referencia más sexualizada, al mundo más underground y oscuro, yo creo que no es necesariamente posicionarse en contra, sino ver las cosas desde otro sitio. Por un lado, está sucediendo esto. Pero, por otro, opino que hay libertad, que se puede encontrar belleza desde lo que veríamos como más sórdido. Y el cuero representa muy bien esta idea”.

Si el fetichismo y el cuero tendrán vida en la alfombra roja más allá de los confines de una tan estrambótica como la de la Gala del Met o de un tour promocional tan específico como el de Pillion es difícil de predecir. Pero si algo demuestra la historia en general, y la evolución del cuero a través de Tom of Finland en particular, es que lo queer siempre consigue abrirse camino para acabar liderándolo. La disidencia, una vez más, es inevitable.