Lauren Januhowski camina entre dos mundos: el de sus raíces tejanas y el de una mística textil que conecta el folclore medieval con la ciencia ficción feminista. La pueden ver en la Marquesa Gallery de Carabanchel.
La artista norteamericana Lauren Januhowski tiene una imagen muy gráfica para ilustrar eso que dice el pensador surcoreano Byung-Chul Han de que nos autoexplotamos. En una de sus obras, una mujer se sienta en el suelo y revisa qué es aquello que le está pinchando, por qué le duelen los pies. Tiene una icónica bota de vaquera quitada y está rodeada por numerosos alfileres. En realidad no está revisando nada, lo que hace es pincharse ella misma con ese objeto punzante que en su caso particular remite a su propia obra como artista textil, al trabajo de terminar, a la autopresión.
A ese veneno hace referencia el título de la obra Hay una serpiente en mi bota, una reapropiación de un dicho popular, especialmente en el sur de EEUU, que habla de alucinaciones alcohólicas y que para Januhowski, se relaciona con la búsqueda constante de señales y presagios. En un sentido literal, también remite al gesto característico de revisar las botas —vaqueras, siempre vaqueras— antes de ponérselas no vaya a ser que hayan entrado serpientes, alacranes y todo tipo de criaturas con ánimo de causar mal. Pero, en ocasiones, el escorpión lo llevamos dentro.
Para ver esta obra y una buena muestra de lo que hace esta tejana nacida en Houston en 1992 no hace falta irse a su país ni a Francia, donde reside: hay que irse a Carabanchel porque allí está Marquesa Gallery con la expo What we invoke, comisariada por Victoria Rios (Victoria Rivers como nombre de guerra) abierta hasta finales de este mes de mayo.
“Mi inclinación artística surge de una necesidad visceral de procesar emociones a través del acto de crear”, explica la artista para El Grito. “La artesanía tiene un carácter meditativo —concretamente los movimientos repetitivos de la costura y el bordado— que me ayuda a encontrar mi equilibrio. Ya fuera cosiendo junto a mi madre cuando era niña o, más tarde, estampando mis propias telas en la Cooper Union (una universidad ubicada en East Village, Nueva York) estas prácticas siempre han sido mi forma de volver a mí misma. Para mí, los textiles son una tradición; cuando trabajo, siento que mantengo un diálogo activo con las mujeres de mi familia que me precedieron. Mi lenguaje visual es una alquimia de lo cotidiano y lo extraordinario: los patrones de los entornos urbanos, la construcción de mundos de la ciencia ficción feminista (Suzette Haden Elgin y Starhawk se encuentran entre sus favoritas) y el simbolismo que se encuentra en el folclore y el imaginario medieval”.
Lo primero que capta la atención al entrar en la galería es una obra monumental y envolvente —construida para una abadía francesa, la Abadía de Maubuisson en Saint-Ouen-l’Aumône, según explica Rocío, una de las responsables de Marquesa Gallery— en la que diversas figuras femeninas de despliegan en círculo siguiendo un ritmo, un patrón. Están unidas en lo material y en lo simbólico-espiritual. Las conecta el fondo donde se recortan a la manera de los simbolistas, de Klimt incluso, sobre superficies decorativas o geométricas.
En este caso, se trata de un tejido cuadriculado y colorido. Las mujeres están unidas por el vestido, por el pelo que se transforma en un enramado… Ellas son los pilares del saber. Para contemplar la obra desde otro punto de vista, la obra es penetrable, se puede entrar en el cilindro textil. También la autora quiso internarse en la historia de las abadesas que habían habitado la arquitectura que la acogió hace un par de años. Encontró allí el espíritu de unas mujeres que habían dirigido la abadía entre 1242 y la Revolución Francesa. “Descubrí que estas mujeres llevaron una existencia sorprendentemente feminista para la época: ejercieron poder político, administraron fondos, ocuparon puestos de responsabilidad y vivieron más tiempo, protegidas de ciertas enfermedades o de los riesgos del parto”.
Que lo antiguo conecta directamente con el presente es una de las líneas temáticas de su producción. En algunas obras se hace evidente incluso en el título. Es el caso de Passage of Transfer en el que hay dos figuras femeninas en distintos niveles. Una vuelca el agua de un cubo, el agua de la vida de la sabiduría, sobre la otra que lo recibe envuelta en una estructura cilíndrica y a su vez lo prepara para que siga su curso montaña abajo… Respecto a la técnica, cada pieza está compuesta por telas impresas mediante monotipia, de ahí los degradados tan característicos que dan profundidad y perspectiva. Las telas son ensambladas a través de la costura, el bordado o el tejido enriquecido a menudo con otros materiales como cuentas fijadas con precisión.
Puertas, ventanas y umbrales
Hay muchas mujeres en las obras de Lauren Januhowski y hay muchas puertas, ventanas, umbrales y zonas de tránsito. Son las escalas que encuentra la tradición milenaria de la costura en la que se inscribe desde un punto de vista contemporáneo. Ella las lleva a su terreno: “Para mí, lo universal es personal. Me resulta imposible crear una obra que no esté arraigada en mi propia experiencia vital o en las vidas de las mujeres más cercanas. Cada pieza contiene capas: algunas ocultas, otras evidentes. Mientras que obras como el díptico Walking in Lucknow o There’s a Snake in My Boot (ambas expuestas actualmente en la muestra) guardan un parecido innegable con mi propia vida, otras existen en un espacio más fluido donde podrían ser yo, o podrían ser cualquier mujer. Ser mujer es una experiencia universal, pero se vive a través de momentos específicos y personales. Me gusta dejar pistas para el espectador: si ves un par de botas de vaquera en una obra, puedes estar seguro de que estás contemplando un capítulo de mi propia historia”.
Las hay moradas, verdes, rojas, siempre bordadas con máximo cuidado y cariño, como si fueran lo que son en realidad: un elemento de identidad del que la autora no quiere desprenderse. En uno de sus retratos, Januhowski aparece junto a una de esas botas.
Pero hay más pistas. Una gran variedad de referencias se reúnen en sus obras. Pertenecen a otros artistas textiles y también a pintoras. La necesidad de conexión no es solo una línea a través del tiempo sino también un abrazo generoso entre quienes ahora son y están: “Siento una profunda afinidad con mis contemporáneos que amplían los límites del medio textil. Me atrae la calidad de collage meticulosa y obsesionada por los detalles de los tapices de Erin Riley, y la forma en que Diedrick Brackens utiliza el tejido para transportarnos a reinos folclóricos. También encuentro una profunda resonancia en los collages de tela de Hangama Amiri, que exploran la identidad afgano-canadiense a través de la memoria, y en las piezas de seda cruda de Billie Zangewa, que investigan las complejidades de la feminidad. Más allá de los textiles, los mundos surrealistas de Leonora Carrington y Remedios Varo son fundamentales para mí: me enseñan continuamente a construir espacios místicos que esconden secretos a la espera de ser descubiertos”.
Ella misma ha recogido el testigo que en su día ofrecieron estas artistas. Precisamente Remedios Varo tiene un cuadro titulado La tejedora de Verona en la que una mujer, por medio de sus agujas, alumbra seres animados como el que mira al espectador antes de salir volando por la ventana, ese umbral que comunica distintas esferas, distintos planos y generaciones y que tanto reflejo tiene en la obra de Lauren Januhowski.