La imponente Universidad Laboral de Gijón fue el punto de partida de la penúltima etapa de la Vuelta a España Femenina, cita que tiene medida al milímetro su seguridad. Si las bicicletas se pusieron en marcha a eso de las dos y media de la tarde, desde unas horas antes se perfilaban los detalles de un calculado dispositivo para que ciclistas y espectadores disfrutaran del espectáculo de las dos ruedas sin sobresaltos. Un papel fundamental juega en ello la Guardia Civil, como «escolta» de las competidoras. «Las claves son la coordinación, la comunicación y el compañerismo y apoyo mutuo», subrayó María Victoria Campillo, capitán de la Unidad de Movilidad y Seguridad Vial de la Vuelta y destinada a la Escuela de Tráfico de la Guardia Civil de Mérida.
Si en el complejo de la Laboral el movimiento es continuo, este viernes lo era aún más en los prolegómenos del inicio de etapa. Estudiantes y trabajadores se cruzaban con miembros de la organización y de los cuerpos de seguridad. Entre ellos, los 45 efectivos de la Guardia Civil, de los cuales 36 son motoristas —un tercio, mujeres— y el resto, personal logístico. La unidad se ha creado expresamente para esta Vuelta a España Femenina.
El propósito de los motoristas está más que definido. «Hacer una cápsula de seguridad para las ciclistas y evitar cualquier tipo de incidente», indicó María Victoria Campillo. Obviamente, también se pretende proteger al personal de la organización y a los equipos, «aislándolos» de la circulación exterior. Hubo una selección específica de los motoristas, que deben «tener una destreza mostrada y evidenciada». Campillo sigue el recorrido en coche. «Nunca podemos dejar que las ciclistas nos adelanten», afirmó la capitán, que se comunica con los efectivos, con la organización de la Vuelta…
«Si es necesario, hacemos una protección especial cuando hay escapadas si hay mucha diferencia con el pelotón», explicó la conquense, que minutos antes del arranque de la etapa ofrecía unas últimas indicaciones a los agentes. «¡Cada uno en su lugar!», exclamaba María Victoria Campillo a los motoristas, que descansaban en el aparcamiento de la calle Luis Moya Blanco. También acudió el teniente coronel Rubén Flores.
La lluvia obliga a extremar las precauciones en carrera
La lluvia representa un obstáculo añadido por lo resbaladizo que puede estar el asfalto ante las elevadas velocidades que alcanzan los ciclistas. En la antesala de la etapa hubo una reunión con los componentes de la propia Unidad de Movilidad y Seguridad Vial y con la organización y dirección de la Vuelta. Entre otras cosas, para identificar lugares que puedan ocasionar más problemas, por ejemplo, por las condiciones de la carretera. «Ahí señalizamos para que las ciclistas sepan que tienen que ir con precaución», manifestó María Victoria Campillo.
Asturias añade el desafío de los puertos de montaña
La coordinación con otros cuerpos es trascendental. Prueba de ello era la presencia de la Policía Nacional y la Policía Local. Campillo, figura capital en el dispositivo, definió como «un orgullo, una satisfacción y un reto» el, de alguna manera, estar al frente. En Asturias, además, las etapas de puertos de montaña agregan un extra de dificultad, si bien la Guardia Civil, como quedó demostrado este viernes, lo tiene todo bajo control para que la Vuelta vaya sobre ruedas.
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