Desde que Irán comenzó a lanzar misiles y drones contra los países árabes del Golfo en represalia por el inicio de la ofensiva bélica de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica, el 28 de febrero, la mayoría de impactos contra blancos civiles, como aeropuertos, infraestructura energética y zonas residenciales, quedaron a la vista de todos. Sin embargo, el daño a objetivos militares estadounidenses en la región pasó desapercibido.
A medida que se asienta el polvo, la estampa que emerge sugiere que el nivel de destrucción es mucho mayor del que Estados Unidos ha dejado entrever. En un análisis reciente de imágenes satelitales, el periódico The Washington Post identificó este jueves 228 estructuras o equipos en instalaciones militares estadounidenses en la región que han sido dañados o destruidos desde que comenzó la guerra, incluidos barracones, depósitos de combustible, radares y aeronaves. La cadena de noticias CNN cifró la pasada semana en al menos 16 las bases norteamericanas golpeadas en la ofensiva del régimen iraní.
Daños causados por un dron iraní contra las instalaciones de Ras Tanura, en Arabia Saudí, el pasado 2 de marzo.AP
Determinar la magnitud de los daños infligidos por Irán se ha visto dificultado porque, desde que comenzó la guerra, los estados árabes del Golfo han prohibido la grabación de los ataques y su publicación en internet. También han arrestado al menos a cientos de personas, incluidos periodistas, por no cumplir con estas restricciones, que han sido interpretadas como un intento de contener el impacto de los ataques en la imagen de oasis de estabilidad de la región.
Estados Unidos también ha contenido, hasta donde ha podido, la difusión de material satelital que mostrará algún tipo de novedad en la geografía de la región y diera pistas a los servicios de inteligencia. Las dos principales empresas comercializadoras de este tipo de imágenes, las estadounidenses Planet Labs, con sede en California, y Vantor, con cuartel general en Colorado, han detenido la libre difusión de las fotografías a través de los cientos de satélites a su disposición.
Las imágenes de estas dos compañías, proveedores habituales de diferentes departamentos de la Administración estadounidense, permitieron, sirva de ejemplo, evaluar el daño ocasionado durante la guerra de los 12 días del pasado verano contra Irán, especialmente el alcance de los destrozos de las instalaciones del programa nuclear iraní. De igual modo, Planet Labs y Vantor, antes bajo el nombre Maxar, permitieron anticipar la inminente invasión rusa de Ucrania a finales de 2021 con las fotografías de las agrupaciones de unidades cerca de las fronteras.
En conversación con EL PAÍS, Vantor afirma que lleva a cabo “controles de acceso reforzados durante periodos de conflicto geopolítico para prevenir el uso indebido de información geoespacial sensible y para ayudar a proteger a las fuerzas aliadas y a la población civil”. Estas restricciones incluyen a despliegues estadounidenses, pero también de la OTAN, según la compañía. En la actualidad, además, también han “suspendido” la difusión de imágenes del territorio iraní.
Desde el 8 de marzo, Planet Labs tampoco difunde abiertamente contenido satelital de la región en conflicto. En primer lugar, la empresa californiana impuso una demora de 15 días en la revelación de imágenes, un lapso que finalmente ha extendido y ahora es indefinido. El área restringida, según publicó Bloomberg, iría desde el Mediterráneo Oriental, junto a la costa siria, hasta la zona sur del estrecho de Ormuz. CNN y The Washington Post han salvado estas limitaciones a través de los servicios satelitales de la empresa aeroespacial europea Airbus.
Baréin y Kuwait
Entre los blancos estadounidenses golpeados figuran 217 estructuras y 11 equipos repartidos por 15 instalaciones militares, incluidos numerosos barracones, hangares o almacenes en la mayoría de estas posiciones. Además, más de la mitad de los daños se concentraron en cuatro bases: el cuartel de la Quinta Flota, en Baréin, y una base aérea, un destacamento, y el cuartel general del ejército estadounidense en la región, todas ellas en Kuwait. Otras investigaciones anteriores habían identificado impactos y daños en hasta cinco bases militares más.
Uno de los motivos por los que Irán podría haber golpeado con mayor intensidad las bases de Baréin y Kuwait es que, a diferencia de los estados del Golfo que no autorizaron a Estados Unidos realizar operaciones ofensivas desde instalaciones en sus territorios, estos dos países sí que lo hicieron. En total, el ejército estadounidense está desplegado en al menos 28 bases en Oriente Próximo, incluidas varias en Irak y Jordania que también sufrieron ataques iraníes.
Algunos de los daños materiales son especialmente sensibles. Entre los equipos que han sido dañados o destruidos se cuenta una estación de comunicaciones por satélite en Qatar, equipos de defensa antimisiles Patriot en Baréin, una central eléctrica dentro de un destacamento en Kuwait, radares avanzados de defensa antiaérea THAAD en Jordania y en Emiratos Árabes Unidos, y un avión cisterna de reabastecimiento de combustible estacionado en Arabia Saudí.
Columna de humo sobre la base naval de Konarak, en Irán, tras un ataque el pasado 1 de marzo.AP
A estas pérdidas se suman los 13 soldados que el Pentágono ha reconocido que han fallecido en ataques iraníes en Oriente Próximo. Los primeros siete murieron el 1 de marzo, entre ellos seis en Kuwait y uno en Arabia Saudí, y el resto, el día 12 del mismo mes en Irak. Además, más de 400 soldados han resultado heridos, según han asegurado fuentes del ejército a medios del país, incluidos como mínimo 12 que sufrieron lesiones graves.
Pese a que los daños materiales son mayores que los admitidos, expertos señalan que algunos impactos podrían haberse producido después de que las tropas estadounidenses hubieran abandonado las bases golpeadas. También podrían haber permitido algunos embates para así preservar interceptores si consideraban que su objetivo era menor. No se estima que estas pérdidas hayan comprometido la capacidad de acción de Estados Unidos.
Aun así, el alcance de los daños, cuya reparación podría costar miles de millones de dólares, sugiere que Estados Unidos subestimó las capacidades y la intensidad de la represalia de Irán y que sus efectivos no estaban preparados para afrontar los ataques iraníes, que han hecho un uso extensivo de drones kamikaze. Funcionarios estadounidenses han admitido asimismo que probablemente no podrán regresar a algunas de las bases más golpeadas en un futuro cercano.
Uno de los primeros indicios de que las acciones de Irán estaban generando dificultades al ejército de Estados Unidos es que buena parte de su personal en la región fue reubicado en los compases iniciales de la guerra a bases que se encontraban fuera del alcance iraní, incluido en Europa. Otros se instalaron en hoteles y oficinas del Golfo, lo que se cree que podría haber violado el derecho internacional humanitario. Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron su ataque inicial contra Irán, se estima que había unos 40.000 soldados desplegados en la región.