La iglesia de Guadilla de Villamar, que tiene su origen en el siglo XIII, está consagrada a la Santa Cruz. Se trata de un templo de modesta fábrica de tres naves con diferentes fases constructivas: las bóvedas, por ejemplo, son del siglo XVIII. Y posee un tesoro que ha permanecido oculto durante siglos: unas pinturas murales que ahora podrían volver a ver la luz. Ubicadas en la nave del Evangelio, escondidas bajo varias capas de yeso y cal, y tapadas por un retablo neoclásico que acoge en su centro un calvario gótico, fueron descubiertas a mediados de los años 80 durante unas obras de mejora realizadas en las bóvedas y en los paramentos internos. No hubo más, entonces. Hasta ahora: el historiador e investigador José Antonio Gárate ha podido arrojar más luz sobre esa obra, descubriendo su importancia y calidad. El objetivo es claro: restaurar estas pinturas al temple.

Con el apoyo y la colaboración de la arqueóloga Virginia Castro y de Javier Ortega, maestro natural de Guadilla, Gárate examinó los escasos restos de pintura mural que se hallaban visibles. «En un primer análisis de los restos identifiqué dos escenas del ciclo de la ‘Pasión de Cristo’, un Lavatorio (que se ubica en la parte inferior) y una Deposición en el sepulcro, esta situada en la parte superior)». El investigador pudo comprobar que, si bien el estado de conservación no era bueno, la calidad de las pinturas parecía «extraordinaria y sus características muy singulares, ya que se trata de pinturas murales de estilo hispanoflamenco a caballo entre los siglos XV y XVI. En Burgos existen muy pocos ejemplos de pinturas murales de esa época», explica el asesor y promotor de esta iniciativa, experto en el tardogótico y el Renacimiento.

Durante aquella indagación, Gárate también observó que tras el retablo, en la parte izquierda, había más restos. «Nos pareció interesante introducir una cámara GoPro detrás del retablo para examinar esos restos adecuadamente». Tras recibir la autorización de la Delegación de Patrimonio de la Archidiócesis de Burgos, procedieron a ello. Con espléndidos resultados.

«Apreciamos dos grandes fragmentos de pintura mural en un excepcional estado de conservación. El primero, en la parte inferior, parece corresponder a la escena de la Oración en el Huerto; el segundo fragmento -en la parte superior- probablemente pertenecería a la escena del Prendimiento: se aprecia la figura de un soldado con una armadura. La calidad de ambos fragmentos es muy buena, apreciándose un atractivo dominio del dibujo, de la luz y del color», subraya el historiador burgalés. Dado el notable interés de lo descubierto, decidieron realizar unas catas «con el fin de determinar la extensión del conjunto pictórico, así como su estado de conservación». 

La empresa Batea Restauraciones se encargó del cateo, y Gárate pudo concluir que se trata de pintura mural realizada al temple sobre muro de tapial de adobe; que el conjunto abarcaría todo el arco y la parte inferior de la bóveda tras las pechinas; que las pinturas, ocultas bajo yeso y cal tienen un desigual estado de conservación y que éstas representan escenas de la Pasión de Cristo. En Guadilla están entusiasmados con la posibilidad de poner al descubierto este tesoro, y están estudiando ya solicitar apoyo económico a alguna administración para financiar una actuación más completa, según confirma su alcaldesa, Elena Ramos.

Tras el trabajo realizado hasta la fecha se han propuesto futuras acciones. Una primera fase pasaría por retirar y trasladar el retablo, desencalar y consolidar las policromías. En una segunda, se procedería a su restauración, lo que permitiría una investigación y posterior divulgación. «Sería importante poner en valor este rico patrimonio», subraya Gárate. El coste total de esta actuación rondaría los 25.000 euros. El historiador lleva dos años centrado en la indagación de estas pinturas al temple, y aunque tiene alguna tesis sobre la autoría de las mismas, prefiere ser prudente y reservarse hasta culminar el estudio. Sí sospecha Gárate que el remate a este conjunto de la ‘Pasión de Cristo’ es el espléndido calvario gótico que hoy se halla incrustado en el retablo neoclásico, esto es, que esa escena esencial de la ‘Pasión’ no aparece pintada como las otras (lo cual no se sabrá, claro, hasta que se retire el retablo), y que esa pieza escultórica era la parte central, el corazón del conjunto pictórico.