Las relaciones entre la Iglesia católica y el Gobierno de Estados Unidos atraviesan uno de sus peores momentos. Las políticas contra la inmigración del Gobierno de Donald Trump, la guerra en Irán, la tendencia del republicano a hacer declaraciones polémicas y la desafortunada idea del presidente de presentarse como Jesús de Nazaret han levantado ampollas entre los católicos. El inquilino de la Casa Blanca, que acostumbra a degradar públicamente a cualquiera que sea crítico con él, ha lanzado acusaciones falsas contra el papa León XIV, quien, a su vez, se ha pronunciado a favor de la paz en Irán y contra la persecución de los migrantes de su Administración. Del enfrentamiento entre los dos líderes, Trump ha salido perdiendo y el Papa y la Iglesia católica, reforzados.

“León XIV ha resultado ser sorprendentemente popular en Estados Unidos; por ello, sus declaraciones son escuchadas y tomadas en serio por los estadounidenses y resultan perjudiciales para la estatura política de Trump. Él es consciente de ello y lo resiente”, analiza Christine Emba, investigadora sénior en el think tank American Enterprise Institute y en la Iniciativa sobre el Pensamiento Social Católico y la Vida Pública de la Universidad de Georgetown. Trump “se siente desafiado por cualquiera que parezca gozar de mayor popularidad o autoridad que él mismo, y la Iglesia católica y el Papa encajan en esa descripción en este momento”.

Una encuesta reciente de The Washington Post mostró que, entre los católicos, el índice de aprobación de Trump ha caído 10 puntos desde febrero de 2025, hasta el 38%. Por su parte, León XIV, primer papa de origen estadounidense, disfruta de una imagen positiva entre el 41% de los encuestados que lo conocen, frente a un 16% que tiene una opinión desfavorable. Casi seis de cada 10 reaccionaron negativamente ante la falsa afirmación de Trump de que el Papa apoyaba que Irán tuviera armamento nuclear.

El papa León XIV, en Roma, el 8 de mayo de 2026.DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)

“El Papa preferiría hablar sobre el hecho de que está bien que Irán posea un arma nuclear”, dijo Trump en una entrevista este lunes. “Y no creo que eso sea muy bueno. Creo que está poniendo en peligro a muchos católicos y a mucha gente”. El Pontífice, sin embargo, no hizo esas declaraciones, sino que hizo un llamamiento a favor de celebrar más conversaciones de paz. El republicano señaló que el Papa es “terrible para la política exterior” y León XIV respondió que no tenía “miedo a la Administración Trump”. “Seguiré hablando en voz alta contra la guerra”, aseguró, y añadió que no tenía “intención de entrar en un debate”, pero que “el Evangelio es claro” y “la Iglesia tiene la obligación moral de ir contra la guerra”.

Los ataques del republicano contra León XIV rompen una tradición de relaciones cordiales entre Estados Unidos y el Vaticano. Los presidentes acostumbraron a visitar al Pontífice, pero este jueves, en lugar de Trump, quien hizo una visita oficial al Papa fue el secretario de Estado, Marco Rubio. “La clara animosidad de Trump representa un verdadero cambio. Es como si ni siquiera intentara, en lo más mínimo, mantener una buena relación y envía a otros miembros de la Administración en su lugar”, subraya Emba.

Antes de que se iniciara la guerra, la política contra la inmigración, prioridad del segundo mandato de Trump, ya revolvió a la Iglesia católica, que ha defendido a los refugiados y asilados. Una de las primeras medidas que tomó el republicano en su regreso a la Casa Blanca fue permitir el acceso de los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por las siglas en inglés) a los lugares de culto para detener a migrantes, hasta entonces considerados como “lugares sensibles” y vetados para los arrestos, como las escuelas y los hospitales. Muchas parroquias situadas en zonas de alta concentración de migrantes vieron cómo las misas se vaciaban de fieles por el temor a ser detenidos.

La comunidad migrante constituye una buena parte de los católicos en Estados Unidos. Según datos del centro de estudios Pew, publicados en marzo de 2025, más de 4 de cada 10 católicos son migrantes. La población católica se compone de un 54% de blancos, un 36% de hispanos, un 4% de asiáticos y un 2% de negros. Un 2% adicional se identifica con otra raza. Desde 2007, el porcentaje de blancos ha disminuido 10 puntos porcentuales, mientras que el de hispanos ha aumentado siete puntos.

Nacimiento católico intervenido, en la iglesia de Denham, Massachusetts, el 8 de diciembre.Brian Snyder (REUTERS)

El grupo donde la Iglesia católica tiene mayor potencial de crecimiento es justamente el más castigado por la campaña de deportaciones de la Administración Trump. Se ha vuelto rutinario que los fieles acudan a sus parroquias en busca de ayuda ante el temor de ser detenidos. Necesitan apoyo económico porque han perdido sus empleos, buscan una solución donde dejar a sus hijos si son detenidos e incluso recurren a sacerdotes para que les acompañen en las citas en los tribunales de inmigración, que se han convertido en trampas donde son arrestados por los agentes del ICE.

La Iglesia católica estadounidense ha defendido los derechos de los migrantes y gran parte de sus sacerdotes nacieron en el extranjero, necesarios para compensar el menor interés por el sacerdocio entre los nacidos en Estados Unidos. El apoyo del Papa a los extranjeros se ha hecho evidente desde su nombramiento. Solo dos semanas después de asumir el liderazgo de la Iglesia, el primer obispo que nombró fue Michael Pham, un exrefugiado nacido en Vietnam, que asumió la diócesis de San Diego, en California.

En noviembre, el Pontífice criticó abiertamente las operaciones antiinmigración del Gobierno de Trump. “Cuando las personas han llevado vidas dignas —muchas de ellas durante 10, 15 o 20 años—, tratarlas de una manera que resulta, por decir lo menos, extremadamente irrespetuosa, y con episodios de violencia, resulta inquietante”, declaró. Trump, por su parte, arremetió contra León XIV, afirmando que el Papa se mostraba demasiado indulgente con la delincuencia y el terrorismo.

Unos días antes, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos emitió un mensaje en el que lamentaba las políticas de inmigración de la Administración Trump. “Nos oponemos a la deportación masiva e indiscriminada de personas”, decía el comunicado. “Rezamos para que cese la retórica deshumanizadora y la violencia, ya sea dirigida contra los inmigrantes o contra las fuerzas del orden”.

Una de las represalias del Gobierno contra la Iglesia ha sido la cancelación del contrato de 11 millones de dólares con Caridades Católicas, de la arquidiócesis de Miami, Florida, que daba cobijo a menores migrantes no acompañados. Caridades Católicas de Estados Unidos es la agencia oficial de respuesta ante desastres de la Iglesia católica en el país y la tercera más grande de la nación, solo superada por la Cruz Roja y el Ejército de Salvación. La red ha observado un aumento de las donaciones privadas como respuesta a las políticas de la Administración, como cuando se interrumpió el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria —conocido como SNAP—, lo que le permitió repartir 2,4 millones de libras de alimentos, según la organización.

St. Anthony holding the infant Jesus is reflected in a wall in St. Aloysius Catholic ChurchEstatua de San Antonio con el Niño Jesús en Detroit, en una imagen de archivo.Carlos Osorio (AP)

El 4 de mayo, el Papa se reunió con Kerry Alys Robinson, presidenta y CEO de Caridades Católicas de Estados Unidos, y le reconoció cómo se ha dificultado su trabajo. “Soy plenamente consciente de que las agencias de Caridades Católicas de Estados Unidos no son, en modo alguno, inmunes a estos desafíos”, dijo el Pontífice. “Nunca he visto tanta unidad en la Iglesia católica. Y he trabajado para la Iglesia católica desde que tenía 14 años”, afirmó Robinson, según The National Catholic Reporter.

También el año pasado, en otro revés a la labor humanitaria de la Iglesia, la Administración puso fin a una colaboración de décadas con la Conferencia de Obispos Católicos para el reasentamiento de refugiados.

Obispos latinos

La última muestra inequívoca de la oposición de la Santa Sede a la política migratoria de Trump ha sido el nombramiento de un sacerdote de origen salvadoreño como nuevo obispo de la diócesis de Wheeling-Charleston, en Virginia Occidental. Evelio Menjívar Ayala, de 55 años, ha sido muy crítico con la ofensiva contra los migrantes, con quienes le es fácil solidarizarse. Él mismo cruzó la frontera de Estados Unidos escondido en un coche antes de cumplir los 20 años. Era 1990 y huía de la guerra civil que asolaba El Salvador. Hace dos décadas consiguió la ciudadanía estadounidense y en 2023 se convirtió en el primer obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Washington, desde donde abogó por los derechos de los migrantes, incluidos los indocumentados.

“El solo hecho de cruzar la frontera indocumentado no debería definir toda tu historia como inmigrante. Porque está la fuerza, está el sueño, está la resiliencia, están las ganas que le echas a la vida. El inmigrante no puede ser definido por una sola parte de ese camino y esa experiencia”, dijo esta semana en una entrevista a la cadena CNN. Un discurso que choca de plano con la narrativa de la actual Administración, por la que estar indocumentado es sinónimo de delincuente y objeto de deportación. “Voy a seguir levantando la voz por un trato humanitario para los inmigrantes, porque esa es parte de mi propia historia”, aseguró.

Este mes el Papa también ha nombrado obispo en Estados Unidos a otro sacerdote nacido en América Latina. El reverendo John Gómez, originario de Colombia, gestionará la diócesis de Laredo (Texas). Gómez llegó a Estados Unidos con una visa de estudiante en 2002 y se convirtió en ciudadano estadounidense en 2021.

Evelio Menjívar Ayala en Washington, en septiembre de 2025.Luis Andres Henao (AP)

El territorio al que llega Menjívar Ayala es de mayoría blanca y republicana. Trump ganó en 2024 el voto de los católicos blancos por un margen de más de 20 puntos, pero también en este segmento de la población el descontento con el presidente es obvio. Su índice de aprobación entre este grupo ha descendido en la encuesta de The Washington Post, del 63% al 49% en poco más de un año.

La gota que colmó el vaso fue la imagen que publicó Trump de sí mismo como Jesús en las redes sociales y que tuvo que retirar por las críticas que desató. El 80% de sus votantes reaccionaron de forma negativa a lo que muchos consideraron una blasfemia. El presidente quiso rectificar diciendo que se presentaba como un doctor, pero nadie se tragó la explicación; había cruzado una raya roja. Tampoco sentó bien entre los republicanos católicos que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, invocara a Dios hablando de la guerra y dijera que está del lado del ejército estadounidense.

Con las elecciones de medio mandato en el horizonte, en las que el republicano se juega el control del Congreso, la pérdida del voto de los católicos, como se define un 20% de la población estadounidense, puede contribuir a su derrota. Y mientras Trump pierde el apoyo de los católicos, la Iglesia gana fieles: “La gente se ha sentido atraída por el Papa León XIV en este momento porque está dispuesto a hablar sobre el bien frente al mal, a adoptar una postura moral que no se vea complicada por la política ni parezca estar influenciada por el dinero”, sostiene Emba.