El Rytas Vilnius se presentó a la Final Four de la Champions en Badalona apostando por un basket rápido, con ritmo y rebote. Al final su mayor valor fue la fe. De otro modo no se explica la espectacular remontada protagonizada en la final de este sábado en el Olímpic y su triunfo final en la prórroga sobre el AEK, 86-92, en uno de los finales más imprevisibles que se recuerdan en este tipo de partidos.

Los lituanos recuperaron un déficit de 18 puntos en el último cuarto, forzaron el tiempo adicional y ya en él impusieron su ventaja psicológica ante un rival que no olvidará la ocasión perdida, sobre todo por la forma en que se viró el partido.

Es el primer título europeo desde 2009 de este club de la capital lituana, heredero del antiguo Statyba de la era soviética, siempre a la sombra del Zalgiris pero igualmente fiel a una filosofía de promover talento local (jugó esta Final Four con siete nacionales) y, como se pudo comprobar, la resiliencia.

AEK Atenas, 86 – Rytas Vilnius, 92

86 – AEK (25+17+21+17+6): Gray (9), Flionis (-), Feazell (15), Bartley (20), Charalampopoulos (5) – cinco inicial-, Skodilis (-), Brown III (4), Katsivelis (2), Lekavicius (8) y Nunnally (23)

92 – Rytas Vilnius (15+10+20+35+12): Bruhnke (10), Sargiunas (4), Smith (11), Paliukenas (2), Gudaitis (9) -cinco inicial-, Marciulionis (4), Harding (16), Echodas (1), Masiulis (8), Caroline (4) y Lukosius (23).

Árbitros: Yohan Rosso (Francia), Martins Kozlovskis (Letonia) y Julio Anaya (Panamá). Sin eliminados.

Incidencias: final de la Liga de Campeones (BCL) disputada en el Olímpic de Badalona ante 10.372 espectadores.

El alero Simonas Lukosius, autor de 23 puntos, fue el que dinamitó un guion que parecía cantado y varió el rumbo del partido. Le apoyó Jerrick Harding, con 1 punto al descanso pero 16 al final, y el pívot Arturas Gudaitis, cuyas canastas en la prórroga doblegaron finalmente al AEK.

Aunque sin el ritmo que sí pudo imprimir en la semifinal, el Rytas Vilnius se mantuvo fiel a su estilo de jugar con espacios, buscar triples y atacar el rebote. Esto último funcionó pero los tiradores estaban negados llegando a acumular una serie de 2 de 17 en tiros de tres que les hizo perder comba ya desde el inicio.

Un tiempo muerto necesario de Zibenas a los 4 minutos y la entrada de Harding no variaron el panorama ante el juego más físico y de contacto del AEK, que tuvo primero en Charalampopoulos y luego en Bartley sus espoletas. Se unió a ellos Nunnally para colocar un 25-15 al final del primer cuarto ya indicativo de la marcha del partido.

Lukosius celebrando una de las canastas finalesLukosius, que acabó como MVP, celebrando una de las canastas finalesFIBA

En el segundo período las cosas incluso fueron a peor para los lituanos, con Nunnally y Gray nuevamente aportando en ataque para un AEK que llegó a mandar por una máxima renta de 42-25 al descanso.

Dos triples de Speedy Smith dieron alguna esperanza a los bálticos pero pronto aparecieron Bartley y Nunnally para frustrarla. La ventaja del AEK alcanzó la veintena (55-35, min 26) y con ello los de Dragan Sakota se encontraron cada vez más cómodos y confiados también gracias al apoyo de unos incansables 2.000 seguidores en las gradas.

En el último cuarto el Rytas mantuvo el orgullo, primero para acercarse hasta 75-70 obligando a Sakota a un segundo tiempo para intentar recuperar el control absoluto. Y después con fe y arrebato, protagonizado por un Lukasius (a la postre elegido MVP del partido) que tuvo entonces todo el acierto que le había sido negado. Sus dos triples en los minutos finales sembraron el miedo en el rival hasta el empate a 80 que Lekavicius, el base lituano del AEK, no pudo romper en una entrada final.

En la prórroga, con la ventaja psicológica clara, Gudaitis se hizo dueño de la zona, anotando canastas que dieron más confianza a los suyos y miedo al equipo heleno. El Rytas, que había llegado a perder por 18, llegó a esta recta final incluso con una impensable ventaja de 8 que no hizo peligrar ya entonces su triunfo histórico.