
09/05/2026
Actualizado a las 08:55h.
No es un comercio más. Su empleada Arantza Cortabarria dice que esta emblemática tienda del barrio de Amara tiene propiedades «terapéuticas» para su clientela. La ferretería donostiarra Yarza, ubicada en la esquina de la avenida Sancho El Sabio con calle Azpeitia, baja la persiana a final de este mes de mayo por jubilación del último de la saga, José Mari Yarza, que dice, a punto de cumplir los 69 años, que ya le toca. Antes se jubilaron sus otros dos hermanos, Juan José y Manuel, y estuvo al pie del cañón hasta el día de su fallecimiento su padre, Manuel, el fundador. Ninguno de los ocho vástagos de los tres hermanos, la que hubiera sido la tercera generación al frente de la ferretería, ha querido continuar con este negocio «imprescindible» para su clientela.
«Os vamos a echar en falta», les decía esta semana una clienta mientras hacíamos este reportaje. Yarza no solo te vendía el tornillo o el fluorescente, te lo llevaba a casa si hacía falta… y te lo colocaba allí si tenías problemas para instalarlo«. La vocación de servicio a su clientela siempre ha estado en el frontispicio de este comercio y quienes acudían a esta tienda lo sabían.
Una anécdota puede explicar muy bien la función que cumplía este local en el barrio. «Una señora vino un día con su olla aún caliente, toda apurada, porque no la podía abrir. Nos pidió que le ayudáramos a abrir la tapa», indica Juan José, jubilado desde hace tres años tras seis décadas tras el mostrador.
Crecimiento junto al barrio de Amara
El negocio arrancó «el día de San Isidro de 1958» cuando Manuel, natural de Amasa, que ya había hecho sus ‘pinitos’ en la ferretería Yale de la calle Miracruz, se atrevió a emprender en el ensanche que se empezaba a construir en una nueva zona de San Sebastián, Amara. «Se vino aquí cuando esto era el ‘fin del mundo’. Fue una aventura. La actual plaza de Pío XII era aún una marisma», explican los hijos.
Tuvo ojo y le salió bien la apuesta: el desarrollo urbanístico de Amara hizo que la ferretería floreciera –«desde el mostrador hemos visto construir esos edificios», explican los tres hermanos–, todos los gremios de la construcción acudían a la tienda y los nuevos vecinos sabían dónde podían proveerse de cualquier elemento para el hogar. Pero un negocio como este no prospera sin esfuerzo. «Hemos trabajado mucho. Aquí se sabe cuándo entras a trabajar, pero no cuándo sales», comenta Juan José. «Cuando otras ferreterías habían conseguido el ‘sábado inglés’ –trabajar solo por la mañana–, nosotros también abríamos por la tarde. Nuestra competencia debía pensar que estábamos chalados».
El servicio que ofrecían a su clientela era impagable y ahora «todo el barrio está deprimido por el cierre», dice Arantza Cortabarria. «Estoy pensando en poner un despacho de psicología», añade con sorna. «Comprar lo que vendemos aquí lo puedes comprar en cualquier sitio, pero el servicio que hemos dado… esto ha sido una ferretería terapéutica», concluye.
Los cines Astoria y Rex, la tracción de la antigua estación de autobuses de Pío XII, el paso por delante de la ferretería de las trabajadoras de la entonces pujante sede de Telefónica atrajeron a muchos clientes. La popularidad de Karlos Arguiñano y la publicidad que daba a los instrumentos de cocina que utilizaba en sus programas también ayudaban a vender más. Y la moda de tener un pájaro en casa hizo que buena parte del mostrador estuviera ocupado por los diferentes tipos de jaulas.
«Nuestro padre vino aquí cuando Amara estaba a medio construir. Esto era el fin del mundo y Pío XII, una marisma»
En los años 90 los Yarza compraron la tienda aledaña de tejidos Prieto y con ese espacio dudaron si ampliar la tienda o ganar almacén. Optaron por lo segundo. En la actualidad, con Juan José y Manuel ya jubilados y con José Mari a punto de hacerlo, han decidido bajar la persiana. Los ocho nietos del fundador tienen sus vidas encaminadas y ninguno quiere coger las riendas de la ferretería.
Los Yarza venden el negocio, o el local, que tiene 130 m² en planta baja y otros tantos en el sótano de esta esquina privilegiada de Amara Berri, que una entidad financiera quiso comprar hace tres décadas. El género está en liquidación y ya hay alguna estantería vacía. A partir de ahora los tornillos se podrán comprar en otro lado, pero el servicio… Arantza se prejubilará y el otro empleado, Iñaki Lizarraga, está pensando qué hacer. Una de las opciones, visto lo visto en la ferretería Yarza, es convertirse en un «’manitas’ multiservicio autónomo».