Lejos quedan los tiempos en los que James Harden comandaba un ejército de primer orden en Houston, que solo hincó la rodilla y de milagro ante los todopoderosos Warriors. Desde entonces, quien una vez dominó la Liga con su estilo pausado, a veces trilero y otras asesino de guante blanco, no había hecho más que estrellarse haya por donde había ido. Brooklyn, Filadelfia, Los Ángeles… Hasta el punto de que nos habíamos acostumbrado a pensar en él como en alguien que no era de fiar cuando llegaba el momento de la verdad.
El inicio de esta eliminatoria no había sido distinto. La Barba acumulaba más pérdidas que asistencias en los dos primeros partidos ante los Detroit Pistons. El patrón oro de los organizadores de juego tirado por los suelos en dos duelos en los que los Cleveland Cavaliers se habían mostrado a años luz de su rival. Hoy no. Hoy, con la llegada de la serie a Ohio, los Cavs han reaccionado y Harden ha despertado justo a tiempo del mal sueño en el que estaba sumido. Fue él quien decantó el partido para los suyos. Una victoria, 116-109, que les vuelve a meter de lleno en la eliminatoria.
Fue un encuentro de alternativas, con unos cuantos cambios en el liderazgo, aunque con los Cavs logrando una ventaja sustancial ya bien pasado el descanso. Llegaron a tener un +17 que se esfumó antes de llegar al último cuarto. En el último, Evan Mobley tuvo un rato en el que pareció ese jugador que se esperaba y que nunca ha llegado a ser. Entre él y el constante goteo de puntos de Donovan Mitchell (acabó con 35), los Cavs volvieron a lograr una buena ventaja. Pero entonces apareció Duncan Robinson para castigar desde el perímetro (4 triples) y poner de nuevo las tablas.
Cada vez faltaba menos y era la hora de los líderes. Entonces ocurrió algo inaudito. Mr. último cuarto, Cade Cunningham, que ya flirteaba con el triple-doble, cometió tres errores impropios de él en tres ataques consecutivos. Tres pases mal dados, dos en manos de los rivales y uno saliendo por la banda, que convirtieron un 104-104 en un 108-104. La última canasta fue una de Harden, que ya enseñaba la patita a 1:29 del final. JB Bickerstaff pidió tiempo muerto y como los grandes jugadores son así, lo primero que hizo Cunningham nada más volver fue colgarse del aro con un mate tremendo. A esa acción respondió Harden con una bombita perfecta y ese acierto fue contestado por un triple frontal de Cunningham. El duelo de estrellas estaba servido, quedaban 50 segundos y los Cavs ganaban de 1 (110-109).
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¿Cómo se iba a resolver el desafío? Con La Barba clavando otro triple a 26 segundos del final y punteando, sin llegar a tocar pero molestando bastante, un intento a la desesperada de Robinson de meter otro tiro de tres. Mitchell, desde el tiro libre, puso el lazo al triunfo de unos Cavs que se ponen 2-1, aún por debajo pero con unas sensaciones bien distintas a las que se trajeron de Detroit. La eliminatoria vuelve a estar viva.
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