Subía engañada por el Angliru, mucho más duro de lo que creía. Algo en su interior le decía que no era una escalada, que era una cita con la historia. “El jersey rojo está sufriendo”, se lo decían a Paula Blasi a través del pinganillo cuando el infierno, el paraíso terrenal para ella, no había hecho otra cosa que empezar. Sí, Paula Blasi ganó la Vuelta en el Angliru, el monte que atormenta a cualquier ciclista, la montaña terrible y la que decidió una ronda española que ya ha convertido a la ciclista catalana en una estrella universal.

A 500 metros le dijeron que había ganado. Ya hacía cuatro que Anna van der Breggen, toda una leyenda, se había empezado a despedir de la idea de llevarse la Vuelta, justo cuando Blasi recibía la noticia por el pinganillo, la líder no va. Ahora o nunca. “Creo que en mi vida había sufrido tanto”. Sufría, sí, pero pedaleaba para abrir un libro de oro y convertirse en la primera ciclista española que ganaba la Vuelta, carrera creada hace cuatro años y hasta ahora botín exclusivo de corredoras extranjeras. “Me ha faltado el caramelo de la victoria de etapa”. Ganó la suiza Petra Stiasny, que no se jugaba nada en la general. Ella cruzó en segundo lugar la meta del Angliru pero levantó los brazos mientras, Eva, su madre, lloraba desconsoladamente. Eran lágrimas de felicidad.

Paula Blasi, emocionada y agotada tras su llegada al Angliru.

Paula Blasi, emocionada y agotada tras su llegada al Angliru. / Eloy Alonso / Efe

Había hecho historia subiendo el Angliru con sufrimiento, pero con casta y sin saber que después de cada curva llegaba algo peor, como una carrera que conducía hacia el cielo, en su caso; la gloria de ganar la Vuelta, vestirse de rojo y abrazarse una a una con sus compañeras del UAE. Con Mavi García fue diferente, como si fuera la hermana mayor, llorando también de alegría. No se lo creía. Sí, había hecho historia, había demostrado que, aparte de ganar clásicas como la Amstel Gold Race, también sabía cumplir en una carrera de una semana y, sobre todo, anteponer el dolor de piernas, el de garganta y el cansancio para enfrentarse a un Angliru terrible. ¿Es que no se acababa nunca?

Feliz sólo a 500 metros de la meta

Pues no, porque cuando quedaban 2 kilómetros, cuando la adelantó la suiza Stiasny, todavía faltaba lo peor y sólo los últimos 500 metros daban un respiro, allí donde en otros tiempos se lanzaron Chava Jiménez o Alberto Contador en busca de la victoria, estaba permitido poner el plato grande, disfrutar y empezar a creerse, sabiendo que Van der Breggen había dicho adiós a la victoria final -qué error ascender por el Angliru con un monoplato, a quién se le ocurre-, que subiría al puesto más elevado del podio, que escucharía el himno y que ya podía empezar a hacer planes con sus compañeras de equipo para disfrutar de la noche de Bilbao, donde dormía tras ganar la Vuelta.

Paula Blasi, con el maillot rojo de campeona, junto a la segunda clasificada, Anna van der Breggen (izquierda), y la francesa Marion Bunel, tercera (a la derecha).

Paula Blasi, con el maillot rojo de campeona, junto a la segunda clasificada, Anna van der Breggen (izquierda), y la francesa Marion Bunel, tercera (a la derecha). / Eloy Alonso / Efe

Blasi, 23 años, ganadora de la ronda española, ya empezaba a creérselo justo cuando empezó a llover en la cumbre asturiana, con la ciclista catalana muerta de frío, con una subida que se afrontaba con unos desarrollos descomunales donde avanzar muchas veces era imposible y donde otra corredora, en este caso vasca, Usoa Ostalaza, 28 años, acababa la Vuelta en cuarta posición, el mismo día que en Bélgica Alejandra Neira ganaba la Lieja-Bastoña-Lieja júnior. Hay presente y futuro en el ciclismo femenino español, más venturoso que el masculino en estos momentos.

Arriba, en el Angliru, seguía la fiesta de Blasi mientras llegaban las corredoras rezagadas, sin los clásicos abrazos amigos en forma de empujones, los que siempre reciben los ciclistas varones. Entre que la carretera se cerró muy pronto y que hacía mal tiempo, pocos aficionados se acercaron para dar calor a las ciclistas de la Vuelta.

La clasificación final.

La clasificación final. / LA VUELTA

Le faltó ganar la etapa, pero daba igual porque había cerrado con éxito una semana para recordar y para emocionar a Dori Ruano, hoy embajadora de la Vuelta y hace años pionera del ciclismo femenino junto a Joane Somarriba y mucho antes de que Mavi García marcara el territorio a Blasi para llegar herida, con la cadera dolorida y sólo con ganas de pedalear para no perderse en la cumbre la imagen en directo de su amiga catalana en lo más alto del podio de la Vuelta.

Fue emocionante, casi con ganas de dejar lágrimas sobre las teclas del ordenador, y la señal para una nueva época que seguirá en la Volta, quizás en el Tour, aunque la prudencia indica que es mejor no sentarse aún en la mesa de la ronda francesa. Blasi conquistó no sólo el Angliru, sino el olimpo del ciclismo femenino.

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