Las acciones del Santander cotizaban en máximos de enero de 2020, por encima de los 11 euros, el 25 de febrero, horas antes de que comenzara el ataque de EE UU e Israel sobre Irán que ha desatado una enorme crisis energética y sacudido los mercados mundiales. El valor llegó a corregir más del 17% hasta los mínimos alcanzados en marzo, en sintonía con un descenso bursátil generalizado, pero ha ido remontando hasta reducir la pérdida al 5%. La presentación de resultados del pasado 29 de abril sin duda ha contribuido a ello y, si bien la acción no recibió con euforia las cifras —encajó ese día un alza del 0,82%—, el mercado ha valorado la solidez de las cuentas del primer trimestre. La entidad no modificó previsiones, pero los analistas ven bien encaminado el ejercicio para alcanzar los objetivos previstos pese a las crecientes incertidumbres y a la espera de que el Santander siga avanzando en el cambio de perfil del grupo, una vez cerrada la compra del británico TSB y a la espera de formalizar la compra del estadounidense Webster.

La entidad que preside Ana Botín registró entre enero y marzo de este año su mayor beneficio trimestral de todos los tiempos, de 5.422 millones de euros, lo que supone un alza del 60%. El resultado récord se explica en gran parte porque recoge la plusvalías de 1.900 millones de euros de la venta del 49% de su filial en Polonia, sin las que el beneficio queda en los 3.560 millones, el 12% más. “Las tendencias del primer trimestre han sido sólidas en todos los ámbitos para el Santander. Consideramos que la entidad va por buen camino para cumplir las previsiones para el ejercicio 2026″, señala Jefferies, que mantiene su recomendación de compra. Tras la presentación de resultados, el consejo de compra es ampliamente mayoritario entre los analistas, con un 77,8%, frente a un 18,5% de recomendaciones de mantener y un único consejo de venta —de Alphavalue—, según recoge el consenso de Bloomberg.

Los analistas coinciden en la solidez de los resultados trimestrales presentados por el Santander, que deberían servir para sostener el avance de la cotización en Bolsa. El actual entorno de incertidumbre a causa de la guerra de Irán no es el más propicio para el negocio bancario y la concesión de crédito, cuando planea el riesgo de que si se alarga el conflicto lo que ahora es un shock energético —con déficit de suministro y precios disparados del petróleo y de los combustibles— derive en una recesión económica. Los bancos ya encajaron el shock energético de 2022 con la guerra de Ucrania y salieron bien parados en sus cuentas de resultados gracias a las fuertes subidas de tipos que adoptó el BCE. Ahora no se espera una espiral de alzas de tipos como entonces, si bien el mercado sí avanza al menos dos aumentos del precio del dinero en la zona euro este año. Con tipos más altos, engorda el margen de negocio de los bancos, aunque si la economía se contrae, también lo hará la piedra angular del negocio bancario, el crédito.

El Santander acaba de comprarle al Sabadell su filial británica TSB por 3.300 millones de euros, lo que le va a permitir dar un salto en el mercado de Reino Unido y convertirse en el cuarto banco del país en hipotecas. En este segundo trimestre está previsto que el Santander cierre la adquisición del estadounidense Webster, que va a reforzar el perfil global de una entidad que tiene en España su principal fuente de ingresos y donde en el primer trimestre obtuvo beneficios por 1.286 millones de euros, el 12% más. Para UBS el negocio en España es uno de los puntos más positivos de las cuentas del primer trimestre, gracias a los ingresos por operaciones financieras, los volúmenes de créditos e ingresos por comisiones y el descenso en los costes. El banco suizo destaca también unas ganancias en la división estadounidense mejores de lo esperado.

La integración de Webster y de TSB va a restar 210 puntos del capital del banco —suficiente, espera el Santander, para mantener una solvencia en el 13%—. El desafío será ahora continuar en la senda dibujada en el primer trimestre de elevar ingresos al tiempo que se reducen los gastos. En su plan estratégico, la entidad espera haber mejorado su eficiencia en 2028 al 36% —desde el 42,8% actual— y llevado la rentabilidad por encima del 20%. “El Santander siguió demostrando una gran solidez y una rentabilidad constante en el primer trimestre de 2026, lo que confirma la transformación estratégica en curso”, defiende Deutsche Bank. La entidad alemana calcula una tasa de crecimiento anual compuesto de alrededor del 15% para el Santander, “lo que pone de relieve la creación de valor para el accionista”.