En la noche del lunes al martes, a las 04:30 hora española, LeBron James podría jugar su último partido en la NBA. No es un hecho ni un secreto a voces; es más, no se sabe nada de un tema que se lleva con un secretismo calculado al milímetro. Pero es una obviedad que existe esa posibilidad, y la misma ha tenido varias pistas que hacen pensar que se puede dar así, aunque no necesariamente se vaya a dar así: su añoranza hablando del pasado, su orgullo al jugar en playoffs junto a su hijo, su despreocupación ante la derrota y la falta de influencia de las críticas que todavía recibe por según qué cosas. Pero también una entrevista con sabor a despedida en la que habló de todo, incluida su eterna comparación con Michael Jordan o el hecho de que su entorno filtrara que no quería una gira de despedida. Es decir, anunciar previamente que va a decir adiós para ser aplaudido a diestro y siniestro por todos los lugares que fuera a pisar una última vez.
Los Lakers perdieron contra los Thunder en el tercer partido de la serie (108-131), por lo que el vigente campeón se coloca 3-0 y deja a los angelinos al borde de la eliminación. Y LeBron, que tiene 41 años y lleva 23 temporadas como profesional, es expiring y podría tomar la decisión de renovar con los Lakers, de irse a otro equipo que ahora mismo cuesta pensar que sean los Cavaliers (por lo que estamos viendo en estos mismos playoffs)… o de retirarse. Nivel para seguir jugando tiene: se fue a 19 puntos, 6 rebotes y 8 asistencias en el tercer asalto. Promedia 23+6+8 en playoffs, algo menos de 25 tantos de media en la serie ante los Thunder. Y lidera a su equipo a su edad, como nunca y como siempre, a pesar de tantas primaveras a sus espaldas, de tantas batallas libradas y tantos momentos vividos. Porque el padre tiempo afecta a todo el mundo menos a él. O sí, ya que parece que ha llegado el momento de poner punto y final a la aventura. A la mejor carrera que jamás se haya construido.
El más que probable 4-0 con el que los Lakers finalizarán la serie frente a los Thunder no afecta al legado del Rey. Sin Luka Doncic a su lado y con un Austin Reaves mermado, que volvió antes de tiempo y se le nota (17+3+9 hoy, pero 5 pérdidas, por debajo del 40% en tiros de campo y con un 1 de 5 en triples), es admirable que los Lakers consiguieran superar la primera ronda ante los Rockets. Y era impensable, imposible, que pudieran hacer algo frente a los Thunder a pesar de que el plan de juego está siendo intachable. Simplemente es imposible de ejecutar con acierto y que signifique una victoria: los Thunder tienen un poderío físico brutal, ayudas arbitrales cuando las necesitan o a pesar de no necesitarlas (hoy no ha sido el caso) y un sinfín de armas más allá de Shai Gilgeous-Alexander, un base que está quedando retratado por la defensa rival, pero cuyo equipo no necesita para imponerse. Al fin y al cabo, tienen una legión detrás. Y cualquiera puede anotar. Cualquiera.
Un partido sin historia
El encuentro no tuvo nada de especial, ni siquiera para una afición tan anticlimática como siempre, que sólo reacciona cuando ve que su equipo tiene opciones y se nota que ahora no las tiene, que está más preocupada de parecer que de ser. A veces se hecha de menos a Jack Nicholson por la zona, que por lo menos se levantaba a protestar o a increpar a sus jugadores cuando era necesario. Nada de eso ocurrió hoy: los Lakers empezaron mal (25-31 al final del primer cuarto), pero espabilaron para irse por delante al descanso (59-57). Al final del tercer cuarto resistían a duras penas (79-90). Y el parcial final fue demoledor, un 29-41 que dio como resultado un 108-131 final, con ventajas que llegaron a ser de hasta casi 27 puntos. Lo peor de todo es, que jugando bien, los angelinos han perdido de 18, 18 y 23 tantos respectivamente. También han perecido en 10 de los 12 cuartos disputados. El parcial total del último periodo de forma acumulada juntanto los tres partidos es de 101-80. Y no han conseguido imponerse en ninguno de los seis parciales que se han disputado en la segunda mitad de los partidos.
Los Thunder tuvieron hasta siete jugadores con dobles dígitos en anotación: Shai llegó de forma caprichosa a los 23, pero en 20 lanzamientos, aunque atrapó 4 rebotes y repartió 9 asistencias. Mejor fue, de todas formas, Ajay Mitchell: 24+4+10. con 3 robos de balón. Mientras que Chet Holmgren e Isaiah Hartenstein se combinaron para 30 puntos y 18 rebotes, dejando estériles los intentos (ya ni eso) der un exhausto DeAndre Ayton (10+6) y evidenciando la falta de juego interior de los Lakers, que además de a Doncic tienen a otro lesionado esencial en la defensa, un Jarred Vanderbilt cuya polivalencia le permite estar frente a diferentes rivales en pista. Pero nada: los visitantes lanzaron por encima del 56% en tiros de campo y rozaron el 45% en triples, dejando en nada los buenos porcentajes de los Lakers (47% en el lanzamiento y rozando esa cifra desde el exterior). Y la excusa del arbitraje ya no vale a los angelinos, por mucho que los Thunder estén sostenidamente protegidos por los colegiados de forma incomprensible: 25-10 en intentos para los locales, aunque sólo 4 de LeBron, que intentó 1 y 4 en los dos primeros partidos. En fin…
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La mejor noticia para los angelinos es el excelso nivel mostrado por Rui Hachimura (21+5+4, con 7 de 14 en tiros y 5 de 8 en triples), que están mostrando un bloque compacto a pesar de la adversidad, que son un grupo unido y que están muy claras sus carencias y lo que tienen que resolver en el mercado, otra cosa es que tengan margen para hacerlo. JJ Redick lo está planeando todo a la perfección, Marcus Smart es un defensor y un líder (10+3+3 esta vez) y falta algo de profundidad de banquillo y de poder en la zona. Además de un Doncic con el que probablemente tampoco se habría ganado de haber estado. Entre tanto y en la noche del lunes al martes, el señor LeBron James saltará a la pista del Crypto Arena para disputar el que puede ser su último partido como profesional. Si así lo decide un hombre que, como dijo el narrador Mike Breen recientemente, podría jugar 10 años más. A él le da igual: el Rey hará lo que quiera, cuando quiera, porque quiere y porque puede. Porque caben todos sus malos ratos en la caja de zapatos donde guarda el porvenir. Porque ha sido capaz de que las pavesas tengan sabor a fresas. Ya queda menos para saber qué pasará. De momento y en un partido que puede ser histórico y tener muchos significados, nuestra misión en lo referente al Rey es muy clara: disfrutar.
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