Han pasado unas semanas desde que el Reina Sofía anunciara su negativa a trasladar el ‘Guernica’ a Bilbao. Se produjo solo un día después de … que la vicelehendakari, Ibone Bengoetxea, trasladara al ministro de Cultura, Ernest Urtasun, una petición del lehendakari para exponerlo nueve meses en el Guggenheim, en coincidencia con el 90 aniversario del bombardeo de Gernika y de la constitución del primer Gobierno vasco. A Miguel Zugaza, director del Bellas Artes -y en el pasado del Prado y subdirector del Reina Sofía- le admira «la fortaleza de ese cuadro, capaz todavía de mantenernos a todos expectantes sobre su destino. Es de una fuerza extraordinaria». A su juicio, existen «muchas legitimidades» con respecto a lo que hacer con ese cuadro, «incluida la del propio Picasso, que aspiraba a que estuviera en el Prado, aunque lo he dicho tantas veces que no es una novedad». Es partidario de que sean los museos más que los técnicos los que decidan sobre lo que se tiene que hacer con una obra.
Desvela Zugaza que, en 1995, siendo precisamente subdirector de conservación del Reina Sofía, recaía sobre él la responsabilidad del ‘Guernica’ cuando tuvo que rechazar la petición de una delegación de Hiroshima: «No os podéis imaginar con cuánta solemnidad solicitaron el cuadro para conmemorar el 50 aniversario de su bombardeo. Para ellos era el emblema universal. Y es tan legítimo como podemos sentirnos nosotros en relación a esa obra. No pudo ser porque no es una obra que pueda viajar. Pero, bueno, tampoco veo que haya una polémica en torno a este asunto, a mí me gustaría que se pudiese mover, pero insisto en que para mí lo más fuerte es que hablamos de un cuadro tan importante como ‘La balsa de la Medusa’, de Géricault, que ya sabes que no se va a mover del Louvre. Aunque si el ‘Guernica’ aún es susceptible de que el director del Prado lo reclame para el Prado, o que Euskadi lo reclame para Gernika, entonces hay algo que se debe gestionar, pero no pegándonos ni insultándonos».
«Existen muchas legitimidades sobre lo que hacer con ese cuadro, incluida la que quería Picasso, llevarlo al Prado»
Miren Arzalluz, directora del Guggenheim, se muestra en desacuerdo con Zugaza sobre que no sea una cuestión polémica: «Al contrario, yo creo que lo que le sobra a esto es polémica, ruido, esta especie de histrionismo que se genera cuando todo el mundo empieza a opinar y, sobre todo, cuando se cuestiona incluso la legitimidad de una solicitud. Estaría bien que habláramos todos desde el respeto y la empatía para comprender una situación compleja. Y esta iniciativa del lehendakari conecta con una reivindicación histórica, algo que empieza en los 70, en la Transición, y que ha sido un episodio recurrente en las últimas décadas. Yo lo vivo con cierta normalidad. Y la cuestión que motiva esta solicitud es puramente de reparación histórica, aunque lo que eso significa para la sociedad vasca evidentemente es vivido de otra manera por el Ministerio de Cultura. Yo estoy de acuerdo en que la cuestión técnica es importante, pero esto trasciende el arte y hay otras consideraciones que hacer desde el respeto, la mesura y la voluntad de llegar a un acuerdo».
Recuerda Arzalluz cómo los artistas vascos se movilizaron por esta cuestión: «Chillida, Oteiza, Ibarrola… en su momento fueron interlocutores de aquello que fue el Consejo General Vasco sobre este asunto. Es fácil simplificarlo todo, querer reducirlo y llamarlo despropósito y otras cosas menos bonitas, pero esto ha sido el sentir de amplios sectores de la sociedad vasca, y los artistas han tenido un papel fundamental».
Curiosamente, Beatriz Herráez también trabajó en el Reina Sofía, en el departamento de Colecciones, entre 2012 y 2016: «Ahora mismo es muy complejo abordar este tema, pero es una obra que excede a la historia del arte y las políticas de los museos, porque se ha convertido en un símbolo». A Susana Soto, de San Telmo, le sorprendió la petición: «Quizá es algo que se había tramado antes y que yo desconocía, así que cuando leí la noticia me sorprendió porque estaba claro que se abriría un debate. Y la respuesta rápida del Reina Sofía quizá ha sido un intento de evitarlo, pero es inevitable porque es una obra icónica que trasciende el arte y tiene mucho de sentimiento social. Debe generarse un diálogo, más que entre técnicos, entre instituciones. Afortunadamente no tengo que decidir yo sobre este tema».
El Bellas Artes planeó una sala para acoger el cuadro de Picasso
El Bellas Artes expuso hace meses unos planos que, con todo detalle, informaban de un anteproyecto museográfico encargado en 1981 al equipo de diseño de Juan Ignacio Macua y Pedro García Ramos. Se trataba de planificar una sala para acoger el ‘Guernica’ ante su inminente llegada a España, por si finalmente recalaba en Euskadi.
Algo que no ocurrió: en 1986 la obra viajó en avión desde el MoMA de Nueva York y quedó instalada en el Casón del Buen Retiro, adscrito al Prado. Recuerda Zugaza: «No había un lugar para acoger la obra en Gernika en caso de que viniera a Euskadi, y se planeó una sala en nuestro museo, que es en la que estuvo luego el ‘Guernica’ de Ibarrola. Pero lo que había que haber hecho es hacer guardia en la embajada de EE UU para ver quién salía y entraba, porque de pronto apareció el cuadro en el Casón. Y es una historia muy interesante, pero no por reivindicar nada, sino por su interés objetivo».
Prosigue el director del Bellas Artes: «Con UCD no vino el cuadro. Luego Felipe González lo movió del Prado al Reina Sofía; después lo sacó del cristal siendo yo el subdirector y tampoco ocurrió. Está claro que hay una resistencia. Yo lo vería desde un punto de vista político, no como una prenda, porque ese cuadro no es un botín de guerra, es una obra con una libertad y una autonomía extraordinarias».