El domingo 28 de octubre de 1956 comenzó sus emisiones Televisión Española. Los estudios estaban situados en el madrileño Paseo de la Habana y la emisión de los programas apenas alcanzaban los cincuenta kilómetros. En Madrid había entonces unos 600 aparatos de televisión, que captaron con grandes interferencias esos primeros programas. Ese primer día hubo discursos del ministro de Información, Arias Salgado, y del director general de Radiodifusión, Jesús Suevos. Y tras las palabras inaugurales, la retransmisión de una misa oficiada por el padre Bulart, capellán del jefe del Estado, Francisco Franco.

Las noticias oficiales indicaban que las emisiones de la televisión pronto se extenderían por toda España, comenzando por Barcelona que ya contaba con los estudios de Miramar.

En Cádiz, mientras tanto y como en el resto de España, ni había aparatos de televisión ni llegaban las emisiones. Los gaditanos que pasaban por Madrid hablaban maravillas de este invento, que ponía los grandes espectáculos artísticos y deportivos en el interior de los domicilios particulares.

Dos años después de la primera emisión, en noviembre de 1958, ya había más de cuarenta mil televisores en España y el Gobierno anunció una fuerte inversión para que las emisiones llegaran a todas las provincias. Al mismo tiempo fueron firmados acuerdos con Eurovisión para la transmisión de eventos de toda Europa, y sobre todo los partidos internacionales que disputaba el Real Madrid, por entonces campeón indiscutible de la Copa de Europa. De esta época data el primer partido de fútbol transmitido por la Televisión Española, un Real Madrid-Barcelona celebrado en el Bernabeu y que ganaron los blancos por un gol a cero. Transmisión que solo pudieron ver en algunas provincias.

Y aunque en Cádiz no podíamos ver la televisión, los afortunados propietarios de televisores de Madrid y Barcelona podían mientras tanto ver reportajes de nuestra ciudad, como los Trofeos Carranza o las Fiestas Típicas, grabados previamente por los operadores de la televisión.

Por fin la noticia esperada llegó a nuestra ciudad el 23 de septiembre de 1961, anunciando el Gobierno la próxima finalización de una estación repetidora en el pueblo sevillano de Guadalcanal, que permitiría ver la televisión con toda claridad en la parte occidental de Andalucía.

Una noticia esperada porque desde el año anterior había comenzado la venta masiva de televisores en nuestra ciudad. Lo cierto era que los escasos propietarios apenas podían ver algo en la pantalla, pero el repetidor de Guadalcanal prometía garantizar la calidad de las imágenes.

Esta estación repetidora había sido colocada en lo alto del monte Hamapega, conectada con la población sevillana a través de una carretera de más de tres kilómetros. La señal de Madrid era enviada en primer lugar al pueblo de Cenicientos (Madrid) para pasar desde allí por Puerto de San Vicente (Toledo), Navarvillar de Pela e Higuera de la Sierra (ambos de Badajoz) y a Guadalcanal. La antena colocada era de las llamadas reversibles, para permitir, en su momento, que desde Cádiz pudiera enviarse emisiones a Madrid.

Tras unos días de prueba, la señal a través de Guadalcanal comenzó a recibirse oficialmente en nuestra ciudad el miércoles 1 de noviembre, en sesiones de tarde y noche.

La programación de televisión comenzaba en esa época a las dos y media de la tarde con la llamada Carta de Ajuste, una señal fija para que los usuarios pudieran sintonizar correctamente los receptores. Hay que recordar que aquellos televisores disponían de un ajuste vertical y otro horizontal de la imagen movido por el usuario a través de unas pequeñas ruedas de plástico, método que pocas veces daba el resultado apetecido.

La programación terminaba a las doce de la noche con la oración que realizaba un sacerdotes, despedida y cierre con la interpretación del himno nacional.

La llegada de la televisión revolucionó la vida en nuestra ciudad. Al principio eran unos pocos los privilegiados en tener televisor propio, pero pronto, fueron infinidad de aparatos los que llegaron a las casas gaditanas. Para ello comenzó el sistema de venta a plazos, desconocido hasta entonces. Créditos Rucas, Créditos Macías y otros establecimientos lograron vender de esa manera infinidad de aparatos.

Durante esos primeros años era habitual que los vecinos de una casa acudieran a ver la televisión a la vivienda del afortunado propietario del artefacto, compartiendo series como ‘Perry Mason’ o programas musicales como ‘Escala en Hi-Fi’. También era habitual que frente a los escaparates de los establecimientos de electrodomésticos se concentraran muchos curiosos para ver la televisión, sobre todo durante las emisiones de partidos de fútbol o corridas de toros.

A pesar del famoso repetidor, las interferencias y las averías eran continuas. Las interrupciones eran acompañadas del aviso “Avería en Guadalcanal”.

Pero lo más llamativo de aquellos primeros años de la televisión y tal vez lo que hoy en día nos llama más la atención, era la escasa calidad de las imágenes, en blanco y negro por supuesto. A este respecto es muy clarificadora la anécdota de varios gaditanos que presenciaban la transmisión de la final de la Copa Davis de 1965 desde Australia. La mala calidad de la imagen apenas les permitía identificar a los tenistas y uno de los espectadores manifestó que no veía la pelota en absoluto, recibiendo de otro la respuesta: “Hombre, desde Australia no creo que podamos ver bien la pelotita”.