El nombre de Julio Romero de Torres está intrínsecamente ligado a Córdoba, como el pintor más universal de la ciudad. Más allá de su relación con la mujer cordobesa, de esa visión romántica de la Andalucía de principios del siglo XX y del folclore con … el que tradicionalmente se le asocia, la Fundación para el Desarrollo de los Pueblos de Andalucía (Fudepa) recupera la dimensión más social, crítica y comprometida del artista en un libro editado conjuntamente con Editorial Universidad de Córdoba UCOPress y titulado ‘Julio Romero De Torres: Insigne Trabajador, Eminente Obrero Del Arte’.

La publicación recoge las ponencias, el catálogo de una exposición y el contenido de unas jornadas celebradas en 2024 con motivo del 150 aniversario del nacimiento del pintor. El objetivo es que los análisis, debates y conocimientos generados durante ese encuentro permanezcan en el tiempo y sirvan como referencia para futuros estudios.

La obra aborda, desde distintas perspectivas aportadas por ocho historiadores, la faceta más comprometida, social e intelectual de Julio Romero de Torres, superando los tópicos que durante décadas han condicionado la forma en la que ha sido interpretado. El libro analiza su contexto histórico, su entorno familiar y cultural, así como su vínculo con figuras destacadas del pensamiento y las artes de su tiempo, además de su relación con los movimientos sociales e intelectuales de la época.

Pepa Castillejo, gerente de Fudepa explica para ABC que «pretendíamos dar a conocer una faceta que bajo nuestro punto de vista era poco conocida por los cordobeses. Hay documentos que prueban que Julio Romero de Torres tenía ese compromiso social en sus obras y una vinculación con la clase obra de la época. Esa faceta de carácter social no es tan conocida».

La obra aborda su relación con mujeres pioneras del movimiento feminista como Margarita Nelken o Carmen de Burgos, así como «sus coqueteos» con otras artes como teatro, música, el cine o el flamenco «del que era un enamorado», apunta Castillejo.

Esa relación estrecha entre los obreros y el pintor cordobés se manifesta en la colaboración de Julio Romero de Torres en la construcción de la Casa del Pueblo, inaugurada en 1930. «Los obreros de la época compraron un solar en la plaza de la Alhóndiga para construir poco a poco una casa; tardaron más de 14 años. Julio Romero de Torres participó en la construcción de la casa donando un cuadro para que los obreros lo rifaran y sirviese para la construcción de la casa», explica la gerente de Fudepa.

Además, se comprometió a «donar un cuadro para que luciera en los salones de la casa». Sin embargo, el muerte un 10 de mayo de hace 96 años, al poco tiempo de la inauguración de la casa, por tanto no pudo cumplir su compromiso de donar el cuadro a la Casa del Pueblo. Su familia sí lo hizo en 1935, se refleja en el acta de recepción de esa obra. Sin embargo, durante la Guerra Civil, la casa es quemada y desaparece el cuadro. El documento nunca recogió el nombre de la obra y continúa siendo un misterio su paradero. Pudo quemarse, ser robado o seguir en manos privadas.

Romero de Torres participó en la construcción de la Casa del Pueblo donando un cuadro a los obreros para recaudar dinero

«Los obreros le hicieron en vida muchas muestras de cariño y homenajes como una suscripción popular para que se aportara dinero para homenajearlo con una medalla de oro» comenta Castillejo. Además, apunta que «fue rechazado en un concurso a nivel nacional porque además de pintar a la mujer morena, también pintó obras de carácter social».

Por ejemplo entre las obras que recoge el libro para avalar su implicación social se encuentra «una pintura a un albañil herido que había tenido un accidente laboral, una prostituta para reflejar lo dura que era su vida, una mujer desolada en la cabecera de su hijo enfermo o la obra ‘Conciencia Tranquila’, una de sus obras más sociales porque refleja a un obrero detenido mientras están registrando su casa y su hijo y su mujer están llorando porque se llevan a su marido preso», añade.

Según narra Castillejo, su entierro fue «multitudinario» y los dirigentes de la Unión General de Trabajadores «hicieron un llamamiento para que los obreros acudieran al entierro del insigne trabajador y eminente obrero del arte que es como le llamaban». La responsable de Fudepa defiende que «esto no es algo que nosotros nos hayamos inventado, sino que está en los documentos que recoge el libro».

Pepa Castillejo asegura que la faceta social y comprometida de Julio Romero de Torres «no surgió de manera aislada, sino que formaba parte del ambiente familiar en el que creció». Su padre, Rafael Romero Barros, ya destacaba por su implicación con la sociedad cordobesa y por su interés en acercar la cultura y el arte a las clases populares.

Arriba, ‘Vividoras del amor’. En el centro, el pintor. Debajo, ‘Horas de angustia’.

(ABC)

De hecho, recuerda que «fue uno de los impulsores de la sociedad obrera Caridad Sin Límites, dedicada a atender las necesidades de los trabajadores más desfavorecidos, además de participar en la creación de la Escuela Provincial de Bellas Artes de Córdoba».

Castillejo subraya que aquella institución tenía un marcado carácter social, ya que era completamente gratuita y permitía que los hijos de obreros y familias humildes accedieran a la formación artística. Además de enseñarles arte, se les proporcionaban sin coste los materiales necesarios para aprender, algo poco habitual en la época y que reflejaba la vocación educativa y solidaria de la familia Romero Barros.

En ese entorno creció Julio Romero de Torres, quien también se vio influido por algunas de las principales figuras intelectuales y literarias de su tiempo. Según detalla la gerente de Fudepa, durante sus viajes a Madrid mantuvo contacto con autores como Ramón del Valle-Inclán, Miguel de Unamuno o Benito Pérez Galdós, personalidades que contribuyeron a moldear su pensamiento y sensibilidad artística.

La gerente de Fudepa asegura que la faceta más comprometida del pintor «no surgió de manera aislada, sino que formaba parte de su propio ambiente familiar»

Castillejo recuerda además que el pintor falleció en 1930, antes de la llegada de la Segunda República, un contexto histórico que, a su juicio, terminó «eclipsando parte de su verdadera personalidad pública». Tras su muerte, la familia decidió donar su obra para la creación del museo dedicado al artista, un proyecto que incluso «contó con aportaciones económicas de trabajadores y ciudadanos humildes que colaboraron, con pequeñas cantidades, para levantar el monumento en su honor».

Sin embargo, los acontecimientos políticos y sociales posteriores provocaron que la imagen de Julio Romero de Torres quedara asociada con el tiempo a una supuesta familia burguesa y acomodada. Aunque los Romero de Torres poseían formación, prestigio cultural y un importante patrimonio artístico, especialmente tras la consolidación internacional del pintor, Castillejo insiste en que «sus ideales no respondían necesariamente a esa etiqueta social».

Aunque no existe constancia documental de que Julio Romero de Torres estuviera afiliado a ningún partido político, la gerente de Fudepa sostiene que «distintos documentos y testimonios reflejan una sensibilidad cercana a posiciones progresistas y comprometidas socialmente». A su entender, «la evolución histórica posterior y la necesidad de adaptación de la familia en momentos convulsos terminaron difuminando esa dimensión más social e intelectual que ahora distintos estudios tratan de recuperar».