Cada vez que alguien entra en la sala y descubre los cuadros de Eduardo Alsasua García (Vitoria, 1982) hace algún comentario lleno de asombro y se acerca para mirar algún detalle de cerca -ese bolso de mujer, la cámara de fotos…- y para intentar entender cómo es posible. “Qué pasada”. “Pero. ¿cómo lo haces?”. Son comentarios que se repiten y el pintor ríe, contento porque eso significa que el esfuerzo mereció la pena. Al fin y al cabo, hay cuadros -todos de gran formato- que le llevan meses y meses de trabajo. Y el hiperrealismo fotográfico que practica también conlleva lo suyo. Pero el resultado es alucinante. Por ejemplo, esa vieja cabina telefónica reproducida al milímetro, en la que se apoya el hombre del puro. O la chica de pelo largo, apoyada en un árbol de espaldas, con la cara hacia el sol y los ojos cerrados, en un momento de paz.
Detrás, un denso bosque con ramas hasta el suelo deja al espectador anonadado. Hay tantas ramas y tantas hojas y están tan perfectamente pintadas que el lugar parece más real que la realidad misma. O las tres mujeres en la playa, mayores ya, con sus bañadores floridos… Son escenas cotidianas del propio entorno del pintor que expone en la Casa de Cultura de Zizur Mayor la muestra titulada ‘Materia Visual Sensible’. El vitoriano, cuyos abuelos paternos eran de Aras, ganó el Concurso de Pintura al Aire Libre de Zizur el año pasado y a cambio le dieron la opción de exponer.
Por si fuera poco, Eduardo vive de lo que pinta. O sea, a diferencia de la mayoría de los artistas, no trabaja en ninguna otra cosa. Se dedica por completo a pintar, el sueño de muchos… Eso sí, participa a menudo en concursos de pintura rápida o al aire libre y no tiene una familia que mantener. Lo hace así desde que terminó Bellas Artes en Leioa. Antes pasó por la Escuela de Artes de Vitoria-Gasteiz y después de la carrera dio talleres con maestros como Antonio López. En ese momento llega un señor a la sala. “Pintas como Miguel Echauri”, se asombra, en referencia al pintor navarro -me pregunta por él y le cuento un poco-.
De niño el arte fue algo habitual para Eduardo. “Mi padre pintaba y me llevaba mucho a exposiciones”, cuenta. También compraba los catálogos y se los llevaba a casa para hojearlos. Por supuesto, pronto animó a su hijo. El chico al principio no lo tenía muy claro. Hasta que en la Escuela de Artes se topó de lleno con el arte y sintió que sí era lo suyo. De los 13 cuadros que hay en la sala de Zizur (hasta el 24 de mayo, en horario de lunes a sábados de 19 a 21 h y domingos de 12 a 14 h), el más pequeño mide 89 x 116 cm y el más grande, que ocupa una pared entera, 260 x 141 cm.
Por otro lado, para conseguir ese efecto tan realista en sus obras, explica que tiene que dar “muchas capas de pintura”. Emplea pintura acrílica porque seca rápido. Después sí que aplica óleo para acabados y matices.
Eduardo Alsasua ya lleva unas diez exposiciones a sus espaldas. Este artista amante de Velázquez, Vermeer o Ingres encuentra en la realidad cotidiana motivos suficientes para pintar. Y al hacerlo tan realista nos hace recordar que es también nuestra realidad, aunque a veces no le demos importancia. «El arte no reproduce lo visible. Lo hace visible”, decía Paul Klee. Y tanto.
Lugar: Sala cultural de Zizur Mayor
Hasta: 24 de mayo
Horario: Lunes a sábados, 19 a 21 h. Domingos, 12 a 14 h.