El brote de hantavirus en el crucero MV Hondius, que acaba de atracar en las Islas Canarias, ha puesto el foco en un grupo de virus poco frecuentes en Europa pero con capacidad de provocar cuadros graves. Las autoridades sanitarias mantienen abierta la investigación para determinar el origen de la exposición y si ha existido transmisión entre personas.
Por el momento, no se ha podido confirmar si los afectados se contagiaron antes de embarcar, aunque esta hipótesis parece la más probable, durante el viaje o en el propio buque. Según los expertos, esta distinción es clave para evaluar correctamente el riesgo real del episodio.
Los hantavirus constituyen una familia de virus distribuida en distintas regiones del mundo, incluyendo América, Asia y Europa. Aunque su presencia es global, su impacto varía notablemente según la zona geográfica y las especies circulantes.
“Son un grupo de virus que pueden producir un cuadro febril que puede llegar a ser grave, potencialmente muy grave”, explica a Gaceta Médica Gema Fernández Rivas, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC) y especialista en Microbiología y Parasitología del Servicio de Microbiologia del Hospital Germans Trias. En función de la variante, la enfermedad puede afectar principalmente al pulmón o al riñón, dando lugar a síndromes clínicos distintos.
En el contexto del brote investigado en el crucero, la preocupación se centra en las formas pulmonares, que pueden evolucionar rápidamente hacia complicaciones severas. No obstante, los especialistas insisten en que se trata de infecciones poco frecuentes en Europa.
En cuanto al tratamiento, no existe en la actualidad un antiviral específico de eficacia ampliamente demostrada frente a la mayoría de los hantavirus, por lo que el manejo de los pacientes es fundamentalmente de soporte y depende de la forma clínica y la gravedad. En los casos leves, puede ser suficiente la monitorización y el control de síntomas, pero las formas más graves —especialmente el síndrome cardiopulmonar por hantavirus— requieren hospitalización y, con frecuencia, ingreso en unidades de cuidados intensivos para soporte respiratorio avanzado, incluyendo oxigenoterapia de alto flujo o ventilación mecánica.
El síndrome pulmonar por hantavirus puede causar dificultad para respirar, y los pacientes podrían necesitar ayuda para respirar, como la intubación. Por otro lado, la fiebre hemorrágica con síndrome renal puede afectar el funcionamiento de los riñones y los pacientes podrían necesitar diálisis para eliminar toxinas de la sangre y mantener el equilibrio correcto de líquidos en el cuerpo cuando los riñones no estén funcionando bien.
El papel clave de los roedores en la transmisión del hantavirus
Uno de los aspectos más relevantes para entender el hantavirus es su vía de transmisión. A diferencia de virus respiratorios como el SARS-CoV-2 o la gripe, el contagio no se produce habitualmente entre personas.
«La vía principal de transmisión es a través de material infectado de roedores, especialmente sus excretas», señala Fernández Rivas. La infección humana suele producirse por inhalación de partículas contaminadas presentes en el polvo de espacios cerrados o mal ventilados.
Fuente: Organización Colegial Veterinaria.
También puede haber contagio por contacto directo con superficies contaminadas, si el virus entra en el organismo a través de mucosas —como ojos, nariz o boca— o pequeñas heridas en la piel. De forma mucho menos frecuente, se han descrito casos asociados a la ingestión de alimentos contaminados.
Desde el ámbito veterinario, Francisco Ruiz Fons, veterinario e Investigador Científico del CSIC en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), subrayó en un comunicado que «la vía principal de transmisión es ambiental, vinculada a excretas de roedores infectados durante años de muy alta abundancia de estos». En este sentido, recalca la importancia de diferenciar entre exposición ambiental, infección confirmada y enfermedad clínica.
¿Y la transmisión entre personas?
La posibilidad de contagio entre humanos es uno de los puntos que más inquietud genera, especialmente en un entorno cerrado como un crucero. Sin embargo, los expertos coinciden en que este riesgo es muy bajo.
«Hay algún caso descrito de transmisión persona a persona, pero el nivel de transmisibilidad es muy bajo», afirma Fernández Rivas. Incluso en el caso del virus Andes —la única variante en la que se ha documentado esta vía de contagio—, la transmisión se produce en contextos muy concretos de contacto estrecho y prolongado. «No es para nada comparable con virus como la gripe, la COVID o el sarampión», insiste la especialista.
«La transmisión del hantavirus no es para nada comparable con virus como la gripe, la covid o el sarampión»
Gema Fernández Rivas, portavoz de la SEIMC y especialista en Microbiología y Parasitología del Servicio de Microbiologia del Hospital Germans Trias
La Organización Colegial Veterinaria coincide en esta valoración. El brote del crucero está vinculado a la variante Andes, según confirmación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero en Europa no se han documentado casos de este tipo con las cepas autóctonas. En el caso del buque, las condiciones de convivencia —espacios compartidos y contacto continuado durante largos periodos— podrían favorecer una transmisión excepcional, aunque el riesgo sigue siendo reducido.
De acuerdo con la OMS, existen diferencias relevantes entre las cepas de hantavirus que circulan en Europa y la variante Andes descrita en América del Sur. Mientras que los hantavirus europeos —como Puumala o Dobrava— producen principalmente fiebre hemorrágica con afectación renal y presentan una letalidad generalmente baja (inferior al 1% en los casos más frecuentes), las cepas americanas, y en particular el virus Andes, se asocian al síndrome cardiopulmonar por hantavirus, una forma mucho más grave con compromiso respiratorio agudo y tasas de mortalidad que pueden alcanzar el 40-50%.
Además, desde el punto de vista epidemiológico, la diferencia clave es la capacidad de transmisión: en Europa no se ha documentado contagio entre personas, mientras que el virus Andes es la única variante en la que se ha demostrado transmisión interpersonal, aunque limitada a contactos estrechos y prolongados. Esta combinación de mayor gravedad clínica y posibilidad —aunque baja— de transmisión entre humanos explica el especial interés sanitario que generan los brotes asociados a esta cepa.
En este sentido, el episodio del crucero ilustra la complejidad de las zoonosis. En el caso del hantavirus, los roedores actúan como reservorio natural del virus, y su abundancia está estrechamente relacionada con factores ambientales. Ruiz Fons destacó que este brote «ilustra con claridad la dimensión One Health de las zoonosis, al implicar la interacción entre salud humana, animal y medio ambiente».
Este enfoque integrado resulta clave tanto para la vigilancia epidemiológica como para la prevención. La profesión veterinaria insiste en la necesidad de incorporar su perspectiva en las políticas sanitarias, especialmente en un contexto de creciente movilidad internacional.
Prevención: evitar la exposición
Dado que no existe una transmisión comunitaria significativa entre personas, habitalmente las medidas preventivas se centran en reducir el contacto con roedores y sus excretas:
- Control de poblaciones de roedores.
- Ventilación de espacios cerrados.
- Limpieza en húmedo de superficies potencialmente contaminadas.
- Evitar barrer en seco en zonas con presencia de excrementos.
- Correcta gestión de residuos y alimentos.
Estas medidas son especialmente relevantes en entornos rurales, almacenes, viviendas deshabitadas o espacios donde pueda haber infestación de roedores.
Mientras continúa la investigación del brote en el crucero, las autoridades sanitarias han optado por una estrategia de vigilancia activa y control de los posibles casos. «Es importante monitorizar y controlar a la gente que está en el crucero», señala Fernández Rivas, quien reconoce la inquietud de los pasajeros, pero insiste en que la situación debe manejarse con cautela y sin alarmismo. «De momento hay que seguir vigilando y controlando los síntomas para intentar de cualquier manera romper esta ‘posible cadena remota’ epidemiológica que puede tener lugar en la transmisión persona a persona».
«Puede haber una transmisión persona a persona, pero es muy baja. En microbiología nunca se puede decir que el riesgo es cero, pero tampoco estamos ante un virus altamente transmisible»
Gema Fernández Rivas, portavoz de la SEIMC y especialista en Microbiología y Parasitología del Servicio de Microbiologia del Hospital Germans Trias
«Puede haber una transmisión persona a persona, pero es muy baja. En microbiología nunca se puede decir que el riesgo es cero, pero tampoco estamos ante un virus altamente transmisible», concluye.
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