Roberto Baggio, leyenda del fútbol italiano, ha su vida en una extensa entrevista con motivo de la publicación de su libro Luz en la oscuridad, charlando con Corriere della Sera. La conversación arranca en Pasadena, en el Mundial de 1994, donde falló el penalti decisivo de la tanda en la final ante Brasil.
Aquel episodio sigue marcando su memoria: «Me sentí culpable con todos los italianos. Quería desaparecer. Fue una vergüenza infinita, de esas cosas que se quedan contigo para siempre». Con el paso del tiempo, sin embargo, afirma que la herida no desaparece del todo: «Con los años aprendes a vivir con ello, pero no es algo que se cierre completamente«. Incluso hoy lo sigue persiguiendo en su mente: “Esa pelota sigue suspendida para mí en un lugar difícil de explicar con palabras. A veces incluso despierto en la cama, imagino que marco… y me duermo”.
El penalti fallado ante Brasil fue una vergüenza infinita, de esas cosas que se quedan contigo para siempre
La etapa de sus lesiones también marcó profundamente su relación con el fútbol y el dinero. Baggio se lesionó el cruzado en mayo de 1985 poco después de formalizar su fichaje por la Fiorentina procedente del Vicenza y ahora vuelve a recordar aquello: «Fuimos a Saint-Étienne en el viejo Ford familiar. Doce horas de viaje en silencio: era el terror de no volver nunca a jugar. Cuando me desperté de la anestesia estaba gritando de dolor. No podía tomar analgésicos. Le dije a mi madre: ‘Si me quieres, mátame’”. Durante su recuperación llegó incluso a rechazar su salario: «Guardé los cheques de la Fiorentina porque me daba vergüenza cobrar sin poder jugar. Para mí el trabajo siempre ha estado ligado a la dignidad».
El penalti fallado contra Brasil en el Mundial 94 que marcó la carrera de Baggio
Esa grave lesión requirió una complicada operación, en años en los que la tecnología médica todavía no contaba con los recursos de la actualidad, con la perforación de la tibia y el uso de 200 puntos de sutura internos, recordó el exjugador italiano. Para Baggio fue el comienzo de un calvario de lesiones, con problemas en el menisco y en el tendón de la rodilla derecha y una nueva rotura de cruzado, esta vez en la izquierda, sufrido en 2002 cuando militaba en el Brescia.
Refugio en el budismo
En otro plano, Baggio reflexiona sobre la fe y su mundo interior y en cómo le ayudó en su etapa profesional. «Creo en la fuerza que cada uno lleva dentro, incluso cuando no la ve», señala, alejándose de una idea de divinidad externa. “No pienso en un Dios que decida por nosotros, sino en una fortaleza interior que hay que descubrir y cuidar”, añadió.
En ese camino, el budismo ha sido clave: «Ha sido mi refugio, me ha formado como persona, me ayudó a trabajar aspectos de mi carácter a los que antes no prestaba atención». Y resume su impacto de forma clara: «Me dio fuerza cuando más la necesitaba y el valor de no rendirme nunca».