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El pasado 5 de mayo, LaLiga promocionó el encuentro de este domingo entre el Fútbol Club Barcelona y el Real Madrid con un lema: “Di no a la piratería”. La elección de este eslogan no es casualidad. En los últimos años, la corporación presidida por Javier Tebas ha centrado sus esfuerzos en combatir la retransmisión ilegal de partidos de fútbol. LaLiga argumenta que este fenómeno provoca hasta 700 millones de euros en pérdidas cada año, a pesar de que la Comisión Europea ya advirtió que la piratería no reduce necesariamente las ventas de contenido digital legal.
La batalla de Tebas contra el fútbol pirata ha llevado a LaLiga a impulsar bloqueos masivos en internet durante la celebración de sus jornadas, con la colaboración de las operadoras de telecomunicaciones y el respaldo de varias sentencias judiciales en España. Sin embargo, su estrategia no ha ayudado a reducir la piratería, ya que los bloqueos se pueden eludir mediante el uso de servicios VPN.
Por el contrario, las restricciones de LaLiga en internet han perjudicado a miles de webs legítimas que también usan el servidor Cloudflare, incluida la de la propia Liga. Entre los afectados, se encuentran medios de comunicación como El Orden Mundial, tiendas online, páginas de salud pública y aplicaciones de localización. Según la plataforma Afectados por LaLiga, las pérdidas declaradas por las víctimas de estos bloqueos ascienden a casi 2 millones de euros. Estas medidas han provocado que el Congreso de los Diputados aprobara a finales de abril una iniciativa para limitar los bloqueos.
Con todo, la lucha antipiratería de LaLiga esconde detrás las deficiencias que sufre su modelo de negocio. El elevado coste del fútbol en España, las controversias con los horarios, la desigualdad en el campeonato, la pérdida de competitividad frente a la Premier League inglesa y la fallida estrategia de internacionalización de LaLiga son algunos de los males que han lastrado a la corporación desde que Tebas asumió su liderazgo en 2013.
Un modelo caro y obsoleto
El principal problema del fútbol en España no es la piratería. Son sus precios. Los españoles son los que más dinero pagan en Europa por las retransmisiones futbolísticas en la televisión. El coste de ver todo el fútbol profesional en España ―tanto nacional como internacional― oscila entre los 110 y los 125 euros al mes, según un informe publicado en febrero por Selectra, compañía especializada en la comparación de tarifas de energía y telecomunicaciones. En el caso español, los derechos televisivos del fútbol están en manos de dos actores: Telefónica (a través de su plataforma Movistar Plus+) y la plataforma deportiva de streaming DAZN.
Para disfrutar de todo el fútbol en España, los consumidores sólo pueden acceder a través de paquetes de alto coste ofrecidos por las principales operadoras de telecomunicaciones, que suelen incluir tarifas por fibra óptica, teléfonos móviles y televisión. En el caso de Movistar Plus+, el paquete “Fútbol Total” ―de 50 euros al mes―, sumado a un servicio estándar de fibra 600 y dos líneas móviles, superaría los 110 euros mensuales. Esta situación contrasta con la del resto de países de Europa. Pese a los diferentes modelos de comercialización, todos tienen un rasgo en común: sus precios son más baratos que en España.
Aunque el poder adquisitivo en España es de media inferior al de Francia o Alemania, los españoles pagan hasta tres veces más que los franceses por ver fútbol. Como resultado, el fútbol se ha convertido en un producto de lujo y poco accesible para los aficionados tradicionales. El Orden Mundial ha intentado contactar en dos ocasiones con LaLiga para que ofreciera su versión sobre este asunto, pero no ha recibido respuesta.
Además de caro, el modelo de LaLiga es obsoleto. La organización no ha adaptado su producto a los formatos digitales y a los nuevos hábitos de consumo de las audiencias. La estrategia de LaLiga con el fútbol, centrada en acuerdos exclusivos con grandes operadoras, contrasta con las tendencias actuales, basadas en el uso del streaming y el acceso a contenido instantáneo y personalizado en redes sociales. Su principal iniciativa en esta dirección fue la plataforma LaLiga+, que retransmitía competiciones deportivas no cubiertas por los operadores principales, y que dejará de emitir el próximo 30 de junio.
La rigidez comunicativa de LaLiga llega a tal punto que rechaza mostrar en sus perfiles los vídeos de los goles al momento, además de bloquear a aquellos usuarios que suben sus propias grabaciones de las jugadas a sus cuentas. Mientras esto sucede, otras competiciones como la Premier League inglesa han apostado por habilitar en su web todos los partidos completos del campeonato entre 2007 y 2024 de forma gratuita para sus aficionados. De la misma manera, acordó con Amazon la retransmisión de veinte partidos por temporada entre 2019 y 2024.
Las dificultades económicas para los hinchas españoles también se evidencian en las gradas. Esta temporada, el precio de los abonos de los equipos en Primera División subieron de media un 9% respecto a la campaña anterior. Su ascenso coincide con el aumento del precio de las entradas por parte de los clubes, que se ha intensificado a raíz de la pandemia del covid-19. Otro factor que agrava esta situación es la volatilidad de los horarios. Frente a lo que sucede en Inglaterra o en Alemania, donde las fechas y las horas de los partidos se conocen con meses de antelación, LaLiga anuncia los horarios pocas semanas antes, lo que complica la planificación de los seguidores. Algunos de estos partidos se disputan regularmente en días laborables, como lunes o viernes, lo que desincentiva aún más los desplazamientos.
Una Liga cada vez menos competitiva y atractiva que la Premier
El producto de LaLiga no sólo es más caro. También es peor en comparación con su principal competidor, la Premier League. Aunque LaLiga batió su récord de ingresos la pasada temporada, la brecha con el torneo inglés se ha agrandado en los últimos años. Según Deloitte, la diferencia de ingresos entre los clubes de la Premier y los de LaLiga giraba en torno a los 2.000 millones de euros en la temporada 2019/2020. La proyección este año es que esa diferencia supere los 4.000 millones.
Varias razones explican este desequilibrio. El primero tiene que ver con los estrictos controles financieros aplicados a los clubes en la Liga española. Bajo el mandato de Tebas, LaLiga ha impulsado un sistema que limita el gasto en las plantillas según los ingresos reales de cada equipo. Este modelo ha permitido solucionar los problemas de endeudamiento que existían en el fútbol español y han garantizado la sostenibilidad de los clubes.
Sin embargo, la herencia más positiva de Tebas también tiene su contrapartida negativa. Las restricciones limitan la capacidad de los clubes de LaLiga para competir en fichajes con el poderío económico de los equipos ingleses. De hecho, en el último mercado de verano, los clubes de la Premier League invirtieron 3.250 millones de euros en traspasos, por los 696 millones de LaLiga, que quedó detrás incluso de la Serie A italiana (1.120 millones) y de la Bundesliga alemana (775 millones). La ventaja económica de la Premier se ha traducido en la llegada de grandes inversores y jugadores, mayores audiencias y más ingresos.
La falta de inversión de los clubes españoles responde también al reparto de los derechos televisivos. En Inglaterra, donde también existe un sistema de control financiero -aunque menos estricto-, los ingresos obtenidos por los derechos audiovisuales se distribuyen de forma más equitativa entre sus clubes. La mitad de ese dinero se reparte de forma idéntica entre los veinte clubes de la Premier. Una cuarta parte se entrega basándose en la clasificación final de cada equipo en el torneo. Finalmente, el otro cuarto restante se paga a cuotas por los partidos que son retransmitidos en televisión. Como resultado, la diferencia entre el equipo que más recibió (Liverpool) y el que menos (Southampton) fue de 65,7 millones de libras en la temporada 2024/2025.
Este reparto difiere sustancialmente de la distribución que realiza LaLiga. Desde 2015, la competición española cuenta también con un sistema centralizado, donde la mitad del dinero de los derechos televisivos se reparte de manera equitativa entre los clubes. Sin embargo, la otra mitad se distribuye en función de los resultados deportivos y de la implantación social; esto es, del dinero generado por la taquilla y los abonos y de la audiencia media en televisión. Este modelo se traduce en mayores beneficios para los dos grandes equipos del fútbol español: Real Madrid y Barcelona. De hecho, el Madrid recibió 118 millones de euros más que el Leganés, que fue el equipo que menos ingresó el pasado curso.
Precisamente, el peso económico y comercial de Real Madrid y Barcelona ha hecho que LaLiga dependiera de estos clubes para vender su producto, en lugar de potenciar el nivel medio del campeonato y atraer inversores a otros equipos. De ahí que, tras la salida de estrellas como Cristiano Ronaldo o Lionel Messi, el interés por el campeonato se haya reducido. Esta fallida estrategia ha afectado a su expansión internacional. Un ejemplo de ello se produjo en 2022, cuando LaLiga canceló su acuerdo con Super Sports Media para emitir sus encuentros en China, después de que la empresa no pagara las tarifas acordadas. Dos años después, LaLiga anunció que pasaría a emitir dos partidos en abierto por jornada en el gigante asiático.
Pero el gran fracaso de LaLiga en este sentido ha sido su apuesta por disputar un partido liguero en Estados Unidos. Durante años, Tebas ha intentado organizar un encuentro en suelo estadounidense para impulsar la difusión global del campeonato, contrarrestar el auge de la Premier League en territorio norteamericano y replicar el modelo de las ligas profesionales de Estados Unidos, como la NFL o la NBA. Su último intento fue la propuesta de llevar el Villarreal-Barcelona de esta temporada a Miami. Sin embargo, la iniciativa naufragó ante el rechazo de jugadores, aficionados, clubes e instituciones, lo que reflejó las limitaciones de su estrategia de expansión internacional.
LaLiga de Tebas: entre la censura y los abusos de poder
Con todo, ningún traspiés ha debilitado la posición de Tebas. Durante trece años, el presidente de LaLiga ha consolidado su poder absoluto al frente de la patronal del fútbol español. Por el camino, ha aumentado su sueldo de 340.000 euros hasta los 3,6 millones anuales entre fijos y variables, siendo el directivo mejor pagado de las grandes ligas europeas. Sin embargo, Tebas ha afianzado su posición a base de la censura y los abusos de poder.
Bajo su mando, LaLiga ha usado las retransmisiones de los partidos para silenciar cualquier disidencia. El ejemplo más reciente sucedió durante las protestas de los jugadores de Primera División contra el partido en Miami. Durante la emisión de la jornada, LaLiga no sacó ningún plano de las movilizaciones y lanzó un rótulo que decía “compromiso por la paz”. Algo similar sucedió cuando cortaron la emisión del homenaje que el Athletic Club realizó a las víctimas palestinas del genocidio israelí en Gaza, en contraste con la condena que sí mostró LaLiga contra la invasión rusa de Ucrania.
Sin embargo, aquellos no fueron los primeros intentos de censura promovidos por LaLiga. Ya en 2019, Tebas reconoció públicamente que LaLiga obligaba a periodistas y jugadores a someter sus entrevistas a un control previo. De hecho, afirmó que, quien preguntara algo que no estuviese en el manual, no volvería a salir. Más tarde, en 2022, LaLiga incluyó en su nuevo pliego de condiciones de derechos de emisión un documento en el que exigía controlar la selección de los periodistas y el contenido de las retransmisiones. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) pidió a la organización que reconsiderara este nuevo protocolo, dado que vulneraba el derecho a la libertad de expresión y de información, recogido en el artículo 20 de la Constitución.
La lucha contra la piratería ha sido el caso más paradigmático de este enfoque. Tebas ha utilizado los derechos de autor como pretexto para enviar amenazas de denuncia a usuarios inocentes (como ha ocurrido con EOM) y extender de forma indiscriminada los bloqueos en internet, a pesar de producir perjuicios a terceros. Sin embargo, ninguna práctica autoritaria puede esconder la realidad de fondo: LaLiga de Tebas ya no es la mejor del mundo. Y eso no es por la piratería.