
10/05/2026 a las 10:47h.
La Valmuza Golf comienza en estas semanas su primera época fuerte de torneos en este 2026 y su director y gerente, Alberto Dávila, analiza el pasado, presente y futuro del club, junto al presidente, Eustaquio Andrés.
Han pasado algo más de cinco años desde que Grupo Andrés se hizo cargo de La Valmuza Golf. ¿En qué situación está?
—Muy cerca de lo que queríamos. En los inicios teníamos que generar jugadores y llegar a toda la sociedad. Que vinieran a vernos, que nos conocieran y darles facilidades para que probaran este deporte. Empezamos con Doñinos, empresas, instituciones y padres y niños y ya han pasado cerca de 10.000 personas.
¿Han cumplido entonces el objetivo de hacer del golf un deporte menos exclusivo?
—Eso ha cambiado mucho. Yo vengo de una familia golfista y cuando empecé a jugar en Madrid para simplemente acceder a una clase tenías que ser socio o accionista, y eso ya restringía mucho el acceso al golf. Hoy en día, entre los campos públicos que hay o nosotros, que somos un campo privado pero tenemos tarifas para no abonados, te cuesta igual o menos que en un gimnasio u otra actividad física. Nuestra idea es que cualquier persona pueda practicar golf.
Hablaba de esas 10.000 personas, la mayoría de las cuales llegaron por los ‘Bautismos de golf’.
—Es fundamental el trabajo de los profesores y del club para intentar que la gente venga a nuestro campo. Que vengan, lo conozcan y lo vean, porque muchas veces si no se lo explicas es complicado. Mi labor antes de la de los profesores es explicar precios de un juego de palos o de hacerte abonado, que puedas venir a tomar un café o pegar unas bolas sin ser socio por dos euros e irte a casa. El golf tiene muchos clichés y hay que explicarlo. Después, lógicamente, hay que hacer una conversión: si pasan 10.000 personas vamos a intentar que el 1% o el 2% terminen jugando. Esa es la idea.
Otro pilar es la escuela.
—La cantera es muy importante, porque el jugador va cumpliendo años, aunque es verdad que el golf es un deporte que te permite jugar desde los 4 hasta los 90 años. Estamos muy orgullosos porque diría que el 95% de los que están ahora son alumnos nuestros desde que empezamos. Y ya tenemos algún campeón de España. Es gracias al trabajo de los profesores y el director deportivo, Dani Guerra. Intentamos que salgan jugadores buenos y si sale un John Rahm o Ballesteros de La Valmuza, pues mucho mejor.
La han impulsado con el Plan de Promesas de Grupo Andrés.
—Esto a nivel privado no es normal. Sí hay planes de subvenciones cuando entran en equipos de federaciones, pero con este plan de Grupo Andrés ayudamos a viajar a los que ya están compitiendo. Y es un incentivo.
Siguen potenciando el campo. Por ejemplo, con la cancha de prácticas.
—Es fundamental porque es donde la gente empieza a jugar. Nos decidimos por la tecnología Toptracer Range porque sirve para que un jugador ya experimentado tenga sus datos en el móvil. Y para la escuela puedes programar entrenamientos. Nos sirve también como línea de negocio de ocio, para hacer eventos como si fuera una bolera.
¿Qué me dice de la tienda?
—Nos embarcamos en tener una tienda importante y que la gente lo tenga como referencia, sobre todo en Castilla y León. En estos cinco años se ha convertido en uno de los mejores departamentos que tenemos y ya nos van conociendo fuera de la Comunidad.
¿Qué importancia tiene el Restaurante Aire?
—Es el punto social del club, Es decir, la gente sale a jugar, pero en el hoyo dos o tres ya está pensando en la cervecita, el pincho del final… Ahora tenemos a una familia con cocina tradicional y de toda la vida, que es lo que queremos. Y que cualquier persona de fuera pueda venir y comer a precios asequibles como en cualquier otro restaurante, pero con vistas a la dehesa, las encinas, los lagos con patos… y al aire libre.
¿Qué destacaría de lo que es el campo?
—Hemos empezado con un plan a tres años para darle un plus de mantenimiento. La gente se queda con el cariño que le damos y que la propiedad y la dirección están involucrados en el día a día. (Aquí interviene Eustaquio Andrés para apostillar: «En zonas de la costa o Madrid los campos se hacen pensando en hacer una urbanización y el campo está en terreno con subidas y bajadas, y si no tienes un buggy es imposible jugar. Y desde que entras en La Valmuza no ves una casa y sí la plena naturaleza, que es lo que pretendemos»). Y continúa Alberto Dávila con unos planes de futuro: «Ya hemos acogido varios Campeonatos de España y con las mejoras pensamos en el futuro en albergar un Campeonato de España Profesional o algún circuito europeo femenino. Sería darle al campo un salto cualitativo y de prestigio, además diseñado por Severiano Ballesteros.
¿Cuáles han sido las últimas mejoras?
Hemos hecho nuevos caminos hormigonados de salida y entrada a los hoyos más cercanos a la casa club. Hemos hecho una zona nueva con una caseta tipo chiringuito para el avituallamiento. Para que sea más acogedor ahora en la temporada de buenas temperaturas en la transición del 9 al 10.
¿Qué supone albergar cada vez más torneos de federaciones?
—La diferencia la notamos en que el primer año solicitábamos que vinieran y a partir del segundo te llaman para decirte: queremos ir a tu campo. Eso te llena de orgullo porque significa que estás haciendo las cosas bien. Y es fundamental en el tema económico: de cada 8 euros que genera el golf, 1 se lo queda el golf y el resto es para restauración, transporte, hoteles…
En el calendario anual uno de los torneos más importantes es el de LA GACETA, con el que se reestrenó el campo y que se disputa en dos semanas.
—Para nosotros es un campeonato de referencia y ponemos en él toda la carne en el asador. En apenas dos días hay 250-260 jugadores apuntados por los atractivos que tiene. Aquí vuelve a intervenir Eustaquio Andrés: «Miramos mucho por nuestros abonados. No podemos caer en los errores de los primeros años de coger todos los campeonatos, ahora somos mucho más selectivos y los que hacemos son muy importantes. Hemos tenido que decir que no a muchos para no entorpecer a nuestros abonados, que son los que nos apoyan durante todo el año. Queremos que nuestros abonados disfruten y puedan jugar todos los días, no podemos morir de éxito. Estamos cerca de la capacidad máxima para tener contenta a la gente.
Volvamos al principio: ¿han conseguido en estos cinco años que La Valmuza sea mucho más que un campo de golf?
—Claro. Queremos que la gente disfrute con el golf pero que su experiencia no acabe ahí. Que coma con su familia o tome unas cañas con los amigos. Y les damos todas las facilidades para que hagan aquí sus propios eventos. Nuestros abonados no son solo como socios de un club, sino que participan en todo. Nuestra gente va en masa. Están a gusto y me aprecian, eso se nota. Eso es hacer club. No queremos que la gente solo vaya a jugar al golf, sino que se integren en el club, y así ocurre. Nuestros abonados se han convertido en amigos y eso lo hemos conseguido desde el club.