Pedro Sánchez vuelve a Andalucía este domingo. El presidente del Gobierno acompaña a María Jesús Montero en un mitin de campaña en La Línea de la Concepción, uno de los territorios donde el narco ha echado raíces más fuertes, donde los grandes clanes llegaron … a dominar hace unos años más del 70% del tráfico de hachís en Europa. Sánchez llega a La Línea el día después de ausentarse del funeral de los dos guardias civiles fallecidos en Huelva cuando perseguían a una narcolancha.

Ningún ministro del Gobierno estuvo en el funeral ni en la capilla ardiente de los agentes. El ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, no fue a Huelva a condecorar a los dos servidores públicos caídos en acto de servicio. Delegó en una secretaria de Estado el rendir honores a aquellos que dieron la vida por España luchando contra la lacra del narcotráfico. Marlaska se quedó en Madrid dando una rueda de prensa con la ministra de Sanidad. Dejó las exequias a sus agentes en segundo plano, mientras trataba de sacar pecho de medios y dotaciones para combatir el narcotráfico.

En la misma línea estuvo Pedro Sánchez, que tampoco asomó por la iglesia de la Concepción ni por la Comandancia de Huelva para consolar a las familias del capitán Jerónimo Jiménez y del guardia Germán Pérez. El presidente no alzó el Falcón como otras veces para despedir a los guardias civiles, ni para entregar la medalla al mérito con distintivo rojo por morir persiguiendo una narcolancha.

Sin embargo, 24 horas después estará en el lugar donde los niños soñaban con ser pilotos de narcolanchas. En 2018 el Puerto de la Atunara era el principal alojamiento de estas embarcaciones. En el colegio, cuando los profesores hacían un ejercicio por el Día del Trabajador, los niños dibujaban su futuro entre fardos, lanchas y bidones de gasolina en la Atunara.

Los narcos eran una profesión romántica, una forma loable de ganarse la vida y los dueños del territorio. El Campo de Gibraltar se desangraba por sus playas entre alijos, coyas y matones. Ser ‘punto’ para vigilar era un trabajo con más prestigio que médico o maestro. El dinero negro dominaba el lugar de forma subterránea y la ley la marcaban los traficantes, hasta el asalto a un hospital.

La detención de Samuel Crespo marcó el punto de inflexión. Uno de los supuestos lugartenientes de ‘Los Castañitas’ fue arrestado y llevado al hospital de La Línea para curar unas heridas. Una turba de encapuchados tomó el centro sanitario y se lo llevó a la fuerza, sin que los agentes que los custodiaban pudieran evitarlo. Aquel 6 de febrero, el ministro de Interior, entonces Juan Ignacio Zoido, tomó cartas en el asunto de manos de Susana Díaz, que era la presidenta de la Junta de Andalucía.

Diseñaron un plan de acción, que se convirtió en el Plan Carteia. Un dispositivo especial para atajar al narcotráfico, que puso en marcha finalmente Fernando Grande-Marlaska, debido a que la moción de censura a Mariano Rajoy, hizo que relevara a Zoido.

De aquel plan nació OCON-Sur, que golpeó con dureza a todas las organizaciones de la zona. El brazo especial de antidroga en Andalucía estaba apoyado por el Grupo de Acción Rápida (GAR) de la Guardia Civil. El objetivo no era solo acabar con las organizaciones, sino también terminar con su arraigo al territorio y con esa visión romántica del narco como profesión loable.

Tras tres años de éxitos, en 2022 OCON-Sur fue disuelto con los costes del operativo como pretexto oficial. Pese a los esfuerzos, para ese entonces, el Plan Especial de Seguridad del Campo de Gibraltar se había extendido a las seis provincias del litoral. El narco iba creciendo. Ahora están arraigados en toda Andalucía. Aquella batalla que comenzó en La Línea de la Concepción, con la Atunara como símbolo de narco, ahora está golpeando en toda la región. Además, la cocaína sustituye cada vez más al hachís.

Los narcos ya no paran solo en La Línea, sino que golpean con armas de guerra en Isla Mayor para proteger la ruta del Guadalquivir, asesinan a guardias civiles en Barbate presumiendo de lanchas frente a zódiac y se llevan la vida de guardia portugueses abriendo nuevas rutas, como el Guadiana. Los últimos fueron dos miembros del Servicio Marítimo de Huelva en la enésima persecución frente a la costa andaluza. Muertes que el Gobierno obvia, hasta el punto de no mandar ministros al funeral, un día antes de que el presidente pise la ciudad desde donde se extendió la gangrena narco.