Antes de que los visitantes abandonen por un momento la contemplación de las obras de Picasso para centrar su curiosidad y atención en él -es uno de los efectos que suele causar su pintoresca y llamativa estampa de monje budista o ninja camuflado-, el escultor Óscar Martín admite que la exposición que acoge la Catedral sobre el universal artista español es un privilegio. «Lo más normal es que, para ver sus obras, haya que viajar a Málaga, Barcelona, Madrid… Tenemos una gran oportunidad. Es un regalo alucinante para los burgaleses. Sólo podemos dar las gracias». Satisfecho el fisgoneo del simpar personaje y su aura mística, los espectadores vuelven de nuevo la mirada a las piezas que se exhiben del malagueño, artista que para Martín conjuga dos cuestiones fundamentales: «La entrega, que es algo esencial. Un artista debe entregarse con todas las consecuencias. Tiene que dar su vida al arte. Yo siempre digo que es como un monacato, aunque no se sea de ninguna orden. Por otro lado, la valentía. Expresarse con verdad, ser verdad. Transmitir lo que tienes dentro como realmente lo sientes. Creo que Picasso cumple ambas facetas».
Esta exposición es una gran oportunidad y un regalo alucinante para los burgaleses»
El escultor burgalés entiende que ‘Picasso. Raíces Bíblicas’ permite hacerse una idea cabal de la obra y la vida del gran icono artístico del siglo XX. «Picasso comparte su ser, su experiencia, su vivencia, su relación con su entorno en cada uno de sus trabajos. Además, el arte permite generar una realidad -que no tiene por qué ser real- pero que es un espejo para que las personas se vean a través de tu obra; una obra que está en el interior del artista: en sus pensamientos, en sus sueños, en sus creencias. Aquí Picasso está mostrando todo eso. Además, como exponente de las vanguardias, rompió con todo para permitirse ser él sin necesidad de basarse en los cánones academicistas de su formación de juventud. Esa valentía es para mí el gran talento de Picasso. Se permitió pintar desde la emoción, desde lo que sentía», apostilla Martín.
A este artista le hubiese gustado fundirse en un abrazo con la obra ‘Hombre’. – Foto: Valdivielso
Cita el arte románico o el indígena para establecer paralelismos. «En ambos se trabaja desde la emoción, no desde el academicismo. No se busca una anatomía perfecta, sino transmitir. Tiene verdad. Es visceral, sale de dentro». Señala el escultor la Maternidad que domina en la primera parte de la muestra: «Esas manos grandes lo que a mí me están transmitiendo es una madre que acoge y protege. Las manos dan, cuidan. Es una madre que abraza desde el amor, desde el cariño. Picasso transforma la realidad, genera símbolos, acentúa todo aquello que quiere destacar. Picasso hace muy patente la comunicación a través del símbolo. Al final, el arte es comunicación. Pero los símbolos universales pasan a través de cada uno: cuando se crea, la obra queda abierta a la interpretación. Creo que este genio lo que hace es provocar una reflexión a partir de elementos que conjuga y de los arquetipos con los que trabaja. Creo que los artistas estamos al servicio de los demás, para llegar, para comunicar, emocionar».
Óscar Martín admira de Picasso, también, ese estilo propio, inclasificable e inconfundible. «Es lo que hace de él ser un pionero». Se detiene el escultor frente a la pieza Hombre. «Tenía esa capacidad de encontrar. Creo que, en su trabajo escultórico, de volumen, ofrecía una mente abierta e inquieta. Esta obra, aunque esté fundida en bronce, está realizada a partir de unos palos, de unas maderas, unas tablitas. Y seguro que pensó que con qué pocos elementos iba a conseguir ofrecer una imagen humana. Seguro que fue un descubrimiento. Una síntesis. Se atrevió a hacerlo. Lo hizo cuando nadie lo hacía. Abrió camino para que hoy otros lo hagan».
Para Martín, Picasso fue un extraordinario comunicador. «¿Para qué sirve la cultura si no es para comunicar? La cultura sirve para eso, para que las personas reflexionen sobre su vida, sobre sí mismas, sobre la historia. Las emociones son humanas y atemporales. Cuando habla del dolor que supone la guerra -reflexiona frente al poscripto del Guernica- estamos viendo que no hemos aprendido nada. Cuando se habla de inspiración, lo que sucede en el caso de Picasso es que está conectado al inconsciente colectivo, a la esencia humana. Y él lo comunicó. Se convirtió en un canal para expresar un mensaje con la esperanza de que la Humanidad fuera mejor, sanara o se equilibrara. La vigencia de Picasso en este sentido es absoluta», subraya. Junto a la vitrina que acoge el bronce Hombre extiende Óscar Martín sus brazos con la única intención de estrechar los otros y fundirse en ellos.
«Con pocos elementos capta la esencia. Es pura síntesis»
‘El hombre del cordero’ (Chapa metálica recortada y plegada. 1961)
Como escultor que es, Óscar Martín no puede evitar que su obra favorita de la muestra sea una pieza en tres dimensiones. Se trata de la chapa metálica recortada, plegada y pintada con ceras de colores titulada El hombre del cordero. «Tiene que ver con ‘el buen pastor’. Tiene que ver con esa energía en la que Picasso, sin duda, entra en consonancia con la educación que tuvo. Todos somos el fruto de nuestro camino, de lo que hemos aprendido de niños, de jóvenes y de mayores. Entiendo que, con esta obra, encuentra una correspondencia con su educación cristiana. Utiliza símbolos de su infancia. Con pocos elementos, consigue captar toda la esencia de lo que simboliza. Es pura síntesis. No hay nada superfluo. Y hay una intención». En el catálogo de la exposición, Paloma Alarcó habla así de esta pieza: «La rigidez del nuevo material da estabilidad a la escultura y le permite crear un juego de positivos y negativos a través de la dialéctica entre vacío y forma. La práctica de recortar y doblar papel le retrotrae a su infancia, cuando creaba muñecos y animales para jugar con su hermana Lola, un divertimento que el artista repetiría frecuentemente para sus hijos». La creatividad, remacha Óscar Martín, «es permitirte jugar. Desgraciadamente, nos van atrofiando el juego, la libertad».