–¿Qué haces aquí? Te habían dicho que te podías quedar en casa.
–Estoy mejor aquí. Aprovecho para trabajar el tren superior.
El 25 de abril, en el partido ante el Getafe, Lamine Yamal sufrió una lesión en el bíceps femoral de la pierna izquierda que lo apartó de la recta final de la temporada. El servicio médico azulgrana le explicó que, en la primera etapa del tratamiento, podía hacer reposo en casa. Solo debía aplicarse hielo en la zona lesionada, una dolencia que llegó a poner en duda su presencia en el Mundial, que para España comienza el 15 de junio frente a Cabo Verde. Lamine estará en la máxima cita del fútbol. Sin embargo, las estimaciones marcan que podría regresar a jugar en el segundo duelo de la fase de grupos, ante Arabia.
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“Notó un dolor, después se le pasó. Y lo volvió a sentir cuando chutó el penalti. La primera vez que te pasa no sabes bien lo que es”, cuentan desde su entorno cómo vivió Lamine Yamal su primera lesión muscular. Un problema que, como le advirtieron los médicos del Barcelona, requiere de máxima prudencia: este tipo de lesiones tiene cerca de un 30% de recaídas. Pero el canterano busca al menos mantenerse en ritmo de entrenamiento mientras no pueda trabajar el tren inferior de cara al Mundial. “De él se dirá lo que se dirá, pero es un profesional. Llega a la Ciudad Deportiva a las 10 de la mañana, entrena y come aquí. No sabemos si llegará a ser todo lo que dicen que puede llegar a ser, pero él tiene las cosas muy claras. Es un gusto hablar con Lamine”, comentan desde la dirección deportiva del Barcelona.
Este análisis resume el año de Lamine Yamal. Por un lado, está la presión mediática que rodea constantemente al 10, a menudo alimentada por un chaval al que no le incomoda la fama, al contrario. Habla de las expectativas que existen sobre el futuro de un jugador de 18 años que, en realidad, ya es presente: antes de su lesión era el futbolista más utilizado por Flick (3.702 minutos). Tiempo suficiente en el campo para convertirse en el jugador más determinante del Barcelona en la campaña: 24 goles y 18 asistencias en 45 partidos. Pero, por último, la reflexión que emerge de las entrañas del equipo de Flick destaca la personalidad de Lamine Yamal: “No es el típico futbolista que solo habla de fútbol. Es un tío al que le gusta vivir la vida: le gusta conocer, le gusta salir, le gusta la broma, le gusta estar con sus amigos”.
Y así mezcla sus días, entre la exigencia máxima por coronarse como el mejor de todos y el disfrute de la vida. Tras una campaña 2024-2025 exigente, en la que comenzó levantando la Eurocopa en Berlín y terminó con el triplete nacional (Liga, Copa y Supercopa) con el Barça, Lamine quería visitar distintos lugares (Costa Amalfitana, Ibiza, Marbella y Sevilla), pero también aceptó cuadrar en su agenda compromisos comerciales (Shanghái), siempre y cuando pudiera ir a conocer a su ídolo Neymar a Río de Janeiro.
Lamine Yamal, en acción durante la eliminatoria de la Champions contra el Atlético de Madrid del pasado abril.Gonzalo Fuentes (REUTERS)
Cuentan quienes conocen al brasileño que suele repetir una frase para silenciar a quienes aseguran que desperdició su talento: “Toda la vida he jugado al fútbol para salvar a mi gente. Creo que lo he logrado, ¿no?”. A Lamine le ocupa cuidar de su entorno, protector de sus padres y amigos de toda la vida, pero tiene entre ceja y ceja el Balón de Oro.
El verano de Lamine se cerró con tanta intensidad como polémica: una rimbombante fiesta de su 18 cumpleaños en la que se contrató a personas con acondroplasia y en la que conoció a una nueva y fugaz pareja, la cantante Nicki Nicole.
Cuando el foco estaba más cerca de las revistas del corazón que de las canchas, Lamine sufrió el primer revés deportivo del curso: pubalgia. Una lesión que puso la alerta en su estilo de vida. “Él es muy profesional. En sus días libres, es su vida privada. Yo ahí no me meto”, salía al cruce Hansi Flick. Sin embargo, su problema muscular derivó en un fuego cruzado entre la Federación Española y el Barcelona.
Lamine parecía querer apagar el fuego deportivo, pero no el mediático: “El Madrid roba, se queja”, bromeó con Ibai Llanos antes del clásico del pasado octubre en el Bernabéu. Y todavía en la búsqueda de su identidad, esa ordinaria transición en la vida de un joven de 18 años que ya es un extraordinario futbolista elevó el tono antes de viajar a Chamartín: “El miedo lo dejé en Mataró”. El resultado fue una derrota deportiva (2-1) y pública. Carvajal aprovechó para señalarlo: “Hablas mucho, habla ahora”.
Cuentan en la Ciudad Deportiva que aquel primer clásico de la temporada marcó un punto de inflexión. Un testigo asegura que hasta lo vio lagrimear: “¡Estaba llorando!”. Otros, en cambio, afirman que simplemente estaba angustiado. “No sé si lloró o no; lo que sí sé es que necesitaba un reset”, destacan quienes lo conocen. Bajó la exposición mediática, pocas publicaciones en redes sociales, y se centró en la recuperación de la pubalgia.
Pero su nombre es un imán para la prensa. Varios medios se hicieron eco de una noticia de ABC que informaba de que los Mossos d’Esquadra investigaban una presunta agresión sexual del hermano del exjugador azulgrana Ansu Fati (hoy en el Mónaco) a una mujer holandesa, señalando además la casa de Lamine Yamal como escenario. Su imagen acaparó la atención. Entonces, explotó: “¿Y esto qué mierda es?”, se quejó. “Parece que todas las fiestas en Barcelona son de Lamine. No lo entendemos. Es un crío”, se quejaron desde la familia del jugador.
Un acelerado curso de aprendizaje para un chico que siempre vivió adelantado a su edad. “Desde pequeño he asumido más responsabilidades de las que debería. Estoy acostumbrado. No lo veo como un problema, sino como una virtud”, reflexiona Lamine.
Yamal ha cargado al equipo a sus espaldas en muchos encuentros, como en el partido de Liga contra la Real Sociedad en San Sebastian, que terminó 2-1.Miguel Oses (AP)
La última lección se la llevó con su lesión en el bíceps. “Aprenderá”, sintetiza Flick. En el Barça entienden que Lamine necesita conocer mejor su cuerpo, así como sus necesidades. Aseguran que si quiere coronarse como el mejor del mundo, también tendrá que aprender a gestionar sus descansos, sus esfuerzos y su alimentación.
En una campaña en la que el Barcelona perdió los goles de Lewandowski en los momentos clave, mientras que Raphinha (23 partidos perdidos), Pedri (15) y De Jong (12) saltaron del campo a la enfermería, el talento de Lamine iluminó al Barcelona campeón.
Siempre en el nombre de Lamine, pero ahora con Lamine lesionado. Paradójica situación en un chaval que quiere disfrutar tanto del fútbol como de la vida.