Hace dos semanas parecía que la temporada de los Knicks estaba más cerca de acabarse que avanzar, después del tercer partido y segunda derrota consecutiva en la primera ronda ante los Hawks, por increíble que suene ahora. Cómo han cambiado las cosas en tan solo 16 días. New York Knicks ha dado por completo la vuelta a la tortilla: siete victorias seguidas, con una media de 26,4 puntos de diferencia; una apisonadora total que le ha convertido en el grandísimo favorito para coronarse en la Conferencia Este. Fue el partido con menos historia para un hecho con una importancia histórica colosal. El primer cuarto fue el reflejo de todo (24-43); a partir de ahí no hizo falta decir nada más. Philadelphia 76ers no fue rival (114-144), ni en este partido ni en ninguno, ante unos Knicks desatados, infalibles; históricos, que superaron su máxima de anotación de siempre en la postemporada y empataron el del récord de triples en playoffs después del primer cuarto (11), al descanso (18) y al final del partido (25).
La historia se escribe con hechos, y los de Nueva York están materializando los sueños de una afición que vivió una sequía enorme, concretamente de un cuarto de siglo. Hasta la temporada pasada, la última vez que los Knicks se metieron en las finales de Conferencia fue en la temporada 98-99, con Pat Ewing, Larry Johnson, Allan Houston y Latrell Sprewell como sus mejores jugadores. Mucho más aún hay que remontarse para encontrar el último anillo de los neoyorquinos, concretamente hasta la 72-73, que junto con la campaña anterior, la 71-72, supuso la única vez en la historia que los Knicks llegaron dos veces consecutivas a las finales del Este. Hasta ahora.
Jalen Brunson está marcando época en Nueva York, y se está convirtiendo, de forma incontestable, en uno de los mejores jugadores de la historia de la franquicia. En el cuarto partido de esta serie se rebasó a Nikola Jokic y se convirtió en el líder en puntos en playoffs desde la temporada 2022-23, justo el año en el que aterrizó en Nueva York. En las cuatro temporadas que lleva vistiendo de azul y naranja, su equipo ha alcanzado como mínimo, las semifinales de Conferencia todos los años. Ahora, con los Pacers, su verdugo las últimas dos campañas, fuera de la ecuación, los Knicks pueden volver, más de 50 años después, a las Finales de la NBA. Pero para hacerlo, aún tienen que ganar cuatro partidos.
El liderazgo del base en el nuevo proyecto es intachable, espectacular, sobre todo teniendo en cuenta que llegó a Nueva York después de ser una pieza más secundaria en los Mavericks de Luka Doncic, aquellos que alcanzaron las finales del Oeste y perdieron ante los últimos grandes Warriors. El base es un jugador que siempre incrementa su producción en la postemporada. Tiene una media de 3,25 puntos más en playoffs que en temporada regular durante estos cuatro años, una auténtica barbaridad, ya que de por sí ya es uno de los máximos anotadores de la liga en su fase regular. Es un auténtico escándalo de jugador, y aunque le queda saborear la gloria, ha demostrado ser un líder magnífico para un proyecto ganador.
De la misma forma, los Knicks han demostrado que, pese a todas las dudas, sí tienen un proyecto que da para más de lo que han demostrado hasta ahora. Porque tienen uno de los mejores quintetos de toda la liga, porque tienen grandísimos jugadores que cubren todos los aspectos del juego, y porque tienen un pedazo de entrenador. En los últimos años, las lesiones fueron un factor diferencial; el desgaste sufrido por la filosofía de Tom Thibodeau lastró al equipo a largo plazo. Y pese a su cuestionable y polémica destitución después de hacer historia la temporada pasada, la decisión de elegir a Mike Brown parece acertada. La realidad es que los Knicks no han empeorado su rendimiento en la temporada regular, pero da la sensación de que llegan más frescos a la parte más importante respecto a los últimos años.
Buena parte de ello tiene que ver con la superioridad aplastante que les ha permitido descansar a sus estrellas más de lo previsto, pero eso es meritorio. Y también es negligente por el lado de su rival. Un año más sin finales de Conferencia para unos 76ers a los que se les recordará por haber eliminado a los Celtics en primera ronda tras remontar un 3-1 en contra. Pero de nada sirve cuando te barren del mapa por completo justo después. Y es que, los de Nick Nurse no han tenido ni una sola opción durante toda la serie. Curioso es que el partido que más cerca estuvieron de llevarse fue, precisamente, el que no disputó Joel Embiid por lesión. No han podido competir con él, y han podido estar cerca en un partido sin él, pero las opciones reales de hacer algo grande siempre han sido nulas.
También es cierto que esta temporada quizás sea en la que, de entre todos sus decepciones deportivas, menos se le pueda reprochar al pívot camerunés. Solo la gesta que firmó ante los Celtics, con 34 puntos y 12 rebotes cojeando y prácticamente moribundo en el séptimo partido, ya le vale para recibir menos reproches en lo que estuviera por venir; sea lo que fuera. Y aunque fue un palo enorme, la realidad es la que es: la remontada fue prácticamente un milago y los Knicks les han puesto los pies en la tierra; la realidad del ‘Proceso’ siempre ha sido esta, la de quedarse muy corto después de generar ilusión.
El problemón de los 76ers ahora va más allá de la pista, porque el contrato que de Embiid para las próximas tres temporadas da vértigo. El pívot, que ha promediado 18,6 puntos por partido en esta serie, acompañado de unos porcentajes pésimos, cobrará 58 millones la temporada que viene. Y 62 la siguiente. Y en la 2028-29, cuando es posible que debido a su físico constantemente mermado y los 35 años a sus espaldas no pueda prácticamente ni caminar, cobrará 67 millones. Un ejercicio de reflexión interesante, y una realidad que se cierne sobre la franquicia de Philadelphia, que verá, inevitablemente, cómo su proyecto más ilusionante en el milenio, aquel que comenzó hace diez temporadas, se quedó en la nada más absoluta.
Más allá de eso y más allá de los Sixers, los verdaderos protagonistas de esta historia son los Knicks. Esos que han jugado como locales los cuatro partidos, tanto en el Madison como en el Xfinity Mobile Arena. Las celebridades y los aficionados regulares acompañaron a su equipo y como viene siendo habitual y asaltaron la ciudad de Philadelphia, que se ubica a tan sólo 150 kilómetros de la Gran Manzana. Una ciudad que ahora vivirá sus segundas finales de Conferencia consecutivas, con la ilusión y los precios de las entradas en máximos históricos. Y con un equipo igual incontestable en la pista, a un pequeño paso de reescribir la historia del baloncesto.
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