10/05/2026
Actualizado a las 16:21h.
Gorka Landaburu relata, por primera vez en el lugar del atentado, cómo se produjo la explosión del paquete bomba que ETA dejó en el buzón de su casa y que le causó graves heridas un 15 de mayo de hace 25 años. El periodista zarauztarra de Cambio 16, hoy jubilado, reproduce para este periódico la secuencia de los hechos que derivaron en el fatal estallido de 150 gramos de titadine en el despacho de la que entonces era su casa, en el número 19 de la calle Herrikobarra: «Aquella mañana no había nadie en casa, mi mujer se había ido a hacer gimnasia y los hijos estaban en la ikastola y en el instituto. Salí del baño, aquí en el piso de arriba, y me di cuenta que no tenía toalla. Iba a bajar y, de repente, no sé por qué, vi sobre la mesa el sobre que habíamos recogido mi escolta y yo la víspera en el buzón y me acerqué a abrirlo por detrás del sillón y se produjo la explosión. Dije: ‘Me han pillado’. La onda expansiva se fue al sillón y me salvó la vida».
-¿De modo que el paquete bomba estuvo toda la noche en su casa?
-Efectivamente. El domingo había habido elecciones y dormí en Bilbao, el lunes trabajé ya en Donosti. Por la noche llego a casa con el escolta, abro el buzón y cojo el sobre. Era grande. Veo que pone Elkargi, la revista que me mandaban cada dos meses y el escolta lo coge y lo palpa, y yo le digo: ‘Es de Elkargi no te preocupes’. Subo a casa y cenamos. Normalmente, solía abrir la correspondencia todas las noches viendo la tele mientras los chavales se iban yendo a la cama. Y no sé por qué, ese día, por cansancio o lo que sea, lo dejo encima de la mesa de mi despacho, pero no lo abro. Y menos mal, porque si no, ni mi hija, que siempre se sentaba a mi lado en el sofá, ni yo estaríamos aquí.
-¿Se dio cuenta de inmediato de la gravedad de las heridas?
-No me doy mucha cuenta porque hay mucha sangre. Bajo del despacho y me voy al otro baño, donde hay un espejo grande, y me veo. No sé si veo que me falta el pulgar… Supe después que la Ertzaintza intentó buscarlo, pero no lo encontraron. Pese a todo estaba bastante sereno y pensaba: ‘Me he librado’. No perdí el conocimiento y dije: ‘Gorka, hay que avisar’. Salí de la casa, pegué con la rodilla a la puerta de enfrente y abrió mi primo Ángel Illarramendi, el famoso músico, y le dije: ‘Llama a una ambulancia’.

Las imágenes de la siguiente reconstrucción han sido creadas con inteligencia artificial
Landaburu recoje de su buzón un paquete que aparentemente es una carta de Elkargi. No sospecha porque la recibe todos los meses, así que le dice al escolta que no se preocupe. El sobre llevaba franqueo de la empresa ‘Norte Mail, S.L.’
Aunque suele abrir el correo por la noche, sentado en el sofá con la familia, esta vez lo deja en el despacho a causa del cansancio y se va a dormir.
Landaburu abre el paquete pero se queda de pie tras el sillón, que recibe la mayor parte del impacto
En el interior hay un cuadernillo de anillas de espiral de tamaño cuartilla cuyo interior estaba vaciado y ocupado por los elementos del artefacto: entre 50 y 100 gramos de dinamita Titadyn
La explosión le provoca una hemorragia intraocular en el ojo izquierdo y múltiples heridas en la cara. Además, las siguientes lesiones en las manos:
Arrancamiento de partes blandas del dedo corazón
Pérdida de la falange distal y media del dedo índice
Pérdida completa del dedo pulgar
Pérdida de falanges distales de los dedos índice, corazón y anular

Las imágenes de la siguiente reconstrucción han sido creadas con inteligencia artificial
Landaburu recoje de su buzón un paquete que aparentemente es una carta de Elkargi. No sospecha porque la recibe todos los meses, aunque el escolta la palpa por sia acaso. El sobre lleva franqueo de la empresa ‘Norte Mail, S.L.’
Aunque suele abrir el correo por la noche, sentado en el sofá con la familia, esta vez lo deja en el despacho a causa del cansancio y se va a dormir.
Landaburu abre el paquete pero se queda de pie tras el sillón, que recibe la mayor parte del impacto
En el interior hay un cuadernillo de anillas de espiral de tamaño cuartilla cuyo interior estaba vaciado y ocupado por los elementos del artefacto: entre 50 y 100 gramos de dinamita Titadyn
La explosión le provoca una hemorragia intraocular en el ojo izquierdo y múltiples heridas en la cara. Además, las siguientes lesiones en las manos:
Pérdida de la falange distal y media del dedo índice
Arrancamiento de partes blandas del dedo corazón
Pérdida de falanges distales de los dedos índice, corazón y anular
Pérdida completa del dedo pulgar

Las imágenes de la siguiente reconstrucción han sido creadas con inteligencia artificial
Landaburu recoje de su buzón un paquete que aparentemente es una carta de Elkargi. No sospecha porque la recibe todos los meses, aunque el escolta la palpa por si acaso. El sobre lleva franqueo de la empresa ‘Norte Mail, S.L.’
Aunque suele abrir el correo por la noche, sentado en el sofá con la familia, esta vez lo deja en el despacho a causa del cansancio y se va a dormir.
Landaburu abre el paquete pero se queda de pie tras el sillón, que recibe la mayor parte del impacto
En el interior hay un cuadernillo de anillas de espiral de tamaño cuartilla cuyo interior estaba vaciado y ocupado por los elementos del artefacto: entre 50 y 100 gramos de dinamita Titadyn
La explosión le provoca una hemorragia intraocular en el ojo izquierdo y múltiples heridas en la cara. Además, las siguientes lesiones en las manos:
Pérdida completa del dedo pulgar
Pérdida de la falange distal y media del dedo índice
Arrancamiento de partes blandas del dedo corazón
Pérdida de falanges distales de los dedos índice, corazón y anular

Las imágenes de la siguiente reconstrucción han sido creadas con inteligencia artificial
Landaburu recoje de su buzón un paquete que aparentemente es una carta de Elkargi. No sospecha porque la recibe todos los meses, aunque el escolta la palpa por si acaso. El sobre lleva franqueo de la empresa ‘Norte Mail, S.L.’
Aunque suele abrir el correo por la noche, sentado en el sofá con la familia, esta vez lo deja en el despacho a causa del cansancio y se va a dormir.
Landaburu abre el paquete pero se queda de pie tras el sillón, que recibe la mayor parte del impacto
En el interior hay un cuadernillo de anillas de espiral de tamaño cuartilla cuyo interior estaba vaciado y ocupado por los elementos del artefacto: entre 50 y 100 gramos de dinamita Titadyn
La explosión le provoca una hemorragia intraocular en el ojo izquierdo y múltiples heridas en la cara. Además, las siguientes lesiones en las manos:
Pérdida de falanges distales de los dedos índice, corazón y anular
Pérdida de la falange distal y media del dedo índice
Arrancamiento de partes blandas del dedo corazón
Pérdida completa del dedo pulgar
-A consecuencia de las graves heridas tuvieron que operarle varias veces…
-La primera duró casi siete horas porque había que reconstruir cinco falanges y prácticamente dos dedos destrozados de la onda expansiva. Recuerdo que en el momento de la explosión no sentí dolor sino me hubiera desmayado. Es terrible, es cosa del cerebro. Me senté aquí (en el salón), esperando a que viniera la ambulancia, de repente vi a mi mujer y ya me llevaron. Y a la altura de Orio es cuando empecé a sentir un dolor fuerte. A la media hora prácticamente. Ahí me dieron un chute. Después de la operación, el médico me contaba que yo les tranquilizaba… Y al despertarme en la habitación medio grogui, ¿qué es lo que veo? A Maixabel Lasa y a Mari Paz Artolazabal. Estaban con mi mujer y lloraban. Y les dije: ‘No lloréis que yo estoy vivo, que Dios me ha salvado, esto lo tenemos que celebrar’.
-¿Cómo supo manejar el shock, el trauma que tiene que dejar una situación así? ¿Tenía pesadillas?
-Tenía ataques de ansiedad y nunca he ido a un psicólogo. Me levantaba a la noche y andaba por el pasillo. Hasta que descubrí que podía tomar un tranquilizante cuando me daban esos ataques. A veces, solo con saber que lo tenía en el bolsillo me calmaba. Para dormir suelo tomar Orfidal, pero ya es como el café con leche. Lo tomo y duermo bien en general. Pero sí tuve a veces, al principio, unas pesadillas. Con el tiempo todo se va diluyendo. El problema es sobre todo la pérdida del ojo izquierdo. Bajando las escaleras, tengo que mirar mucho el suelo. Ya me he caído dos o tres veces en el último año. También tuve seis meses de rehabilitación porque se me paralizaron las manos. Todos los días iba al hospital al que aquel día entré con un escolta y salí con dos.
Gorka Landaburu, de pie en la habitación donde estaba su despacho en el que estalló el sobre bomba.
(Lobo Altuna)
-Y tuvo que aprender a mirar con un solo ojo.
-Efectivamente. Pero para lo que hay que ver a veces fuera, no está mal (bromea).
-Desde el principio ha sido muy fuerte y seguro que su carácter alegre le habrá ayudado, pero ¿nunca ha flaqueado o ha derramado alguna lágrima recordando su atentado?
-No. Esto me reafirmó en mis convicciones de que había que seguir peleando y luchando por la libertad, por la democracia, por el derecho a la vida y contra el terror, contra el terrorismo. Yo sé que ETA me tenía en sus listas, me lo habían avisado desde el Ministerio de Interior y hasta la Policía francesa, pero yo seguí aquí. No quería volver al exilio donde tuvieron que ir mis padres por culpa de la dictadura de Franco. Mi padre murió desgraciadamente en el exilio, como vicelehendakari del Gobierno Vasco, después de la muerte de Agirre, y trabajó toda su vida para defender la libertad, la democracia… Ese es el valor con el que nos educaron. A mí, gente con pistolas y bombas no me iban a doblegar. Por eso mi reafirmación fue: ‘No soy más valiente que los demás, pero me quedo aquí hasta que consigamos la paz’. Y la conseguimos.

Algunos de los pasquines amenazantes que recibió Landaburu.

Algunos de los pasquines amenazantes que recibió Landaburu.

Algunos de los pasquines amenazantes que recibió Landaburu.

Algunos de los pasquines amenazantes que recibió Landaburu.
-Djio también que ETA no había conseguido quitarle «el habla» y que, de hecho, no se iba a callar.
-Sin duda. Yo sé que soy una víctima privilegiada. Y les dije muy claramente: ‘Me habéis destrozado las manos, me habéis dejado ciego, con cicatrices en todo el cuerpo, pero os habéis equivocado, porque soy periodista, y no me habéis cortado la lengua’. Me salió del alma, pero me salió además con convicción, y por eso seguí, a pesar de todo eso, aquí, después del atentado y no he callado en estos 25 años.
-¿El atentado cómo ha condicionado su vida todo este tiempo?
-He procurado seguir la vida que tenía antes. A mí no me iba a cambiar la vida, ni los escoltas, ni nada. A la cuadrilla les dije: ‘Ahora cuando tomemos el aperitivo del sábado en cuadrilla, o el blanquito del domingo, va a venir un señor conmigo, acompañando, y este va a formar parte de la cuadrilla’. Y la gran mayoría, sin ningún problema, lo aceptaron. Y la gente en el pueblo se acostumbró. Yo he comido con periodistas en Donosti y había más escoltas vigilando que periodistas comiendo. Surrealista. Incomprensible. Inadmisible. Pero dentro de todo esto, yo sé que hay gente que todavía hoy lo sigue pasando mal.
-Usted tiene mucha relación con muchas de estas víctimas…
-Conozco a muchas y respeto la opinión de todas. Entiendo perfectamente cuando hoy en día, como decía Rubén Mugica, en el reportaje de hace unos días en este periódico, que cuando ve al asesino de su padre se le revuelve el estómago. A mí también se me revolvería.
-Una de los responsable de su atentado, la etarra Oskarbi Jauregi está en libertad condicional. ¿Si se la encontrara por Zarautz, qué le diría?
-Hablaría con ella, sin problema. Y con (Xabier) Makazaga, que creo que está a punto de salir en tercer grado.

La Audiencia Nacional condena a 23 años a los dos etarras, miembros del comando Buruntza que llevaron a cabo el atentado, por delito de asesinato terrorista en grado de tentativa y por el delito de tenencia y transporte de aparatos explosivos con fines terroristas.
Oskarbi Jauregi
Zaldibia, 1976
23 años
Libertad condicional
Nombre
Lugar de nacimiento
Condena
Situación actual
Xabier Makazaga
Segura, 1974
23 años
En prisión

La Audiencia Nacional condena a 23 años a los dos etarras, miembros del comando Buruntza que llevaron a cabo el atentado, por delito de asesinato terrorista en grado de tentativa y por el delito de tenencia y transporte de aparatos explosivos con fines terroristas.
Oskarbi Jauregi
Zaldibia, 1976
23 años
Libertad condicional
Nombre
Lugar de nacimiento
Condena
Situación actual
Xabier Makazaga
Segura, 1974
23 años
En prisión

La Audiencia Nacional condena a 23 años a los dos etarras, miembros del comando Buruntza que llevaron a cabo el atentado, por delito de asesinato terrorista en grado de tentativa y por el delito de tenencia y transporte de aparatos explosivos con fines terroristas.
Xabier Makazaga
Segura, 1974
En prisión
Oskarbi Jauregi
Zaldibia, 1976
Libertad condicional

La Audiencia Nacional condena a 23 años a los dos etarras, miembros del comando Buruntza que llevaron a cabo el atentado, por delito de asesinato terrorista en grado de tentativa y por el delito de tenencia y transporte de aparatos explosivos con fines terroristas.
Xabier Makazaga
Segura, 1974
En prisión
Oskarbi Jauregi
Zaldibia, 1976
Libertad condicional
-Ellos van saliendo de prisión, pero en su caso las secuelas del atentado permanecen, las ve cada mañana cuando se mira al espejo o tiene que abrocharse un botón…
-Sí, y a veces me enfado conmigo mismo. Utilizo ‘niquis’, más que camisas porque si tengo que atarlas es muy difícil. Y durante mucho tiempo he llevado mocasines. Perder el pulgar es terrible. Me hicieron un injerto en el dedo índice para poder hacer pinza. No te das cuenta de la importancia que tienen todos los dedos hasta que los pierdes. Cuando estoy solo puedo pasar cinco minutos para atar un botón de una camisa.
-¿Cómo han vivido en casa las consecuencias del atentado?
-Hay una cosa que me dolió especialmente, pero fue antes del atentado. Mi hijo me contó que había una pintada en las discotecas de Zarautz, que ponía ‘Landaburu lumadun txakurra’. A mí no me importaba ya. Pero me molestó que mi hijo lo viera. Le llamé a la alcaldesa de Zarautz para que borrara la pintada por favor y tardaron más de dos días. Han sido muchas las amenazas que he recibido, pero en casa no les contábamos todo. Recuerdo que en el año 83 fui con mi hermano a San Juan de Luz. Hablamos con Kepa Zulaika, jefe de ETA de la época, en el bar Etxabe, porque ETA nos había amenazado diciendo que no estaba de acuerdo con lo que escribíamos en Cambio 16.
-¿En qué no estaban de acuerdo?
-En que nosotros escribíamos que un crimen es un crimen, un asesinato es un asesinato. Y lo escribíamos porque lo sentíamos así. Nos amenazaron y fuimos a verles. Y nos dijeron: ‘Atentos a las consecuencias’. Era 1983. Volvimos preocupados. A los 10 días recibimos otra carta con amenaza de muerte y en esa ocasión era de la Triple A. Cuando recibes de los dos lados piensas: ‘Igual estamos en el buen camino’. Yo también he denunciado la tortura. Mikel Zabalza era amigo mío. He estado en todas las cárceles visitando a familiares. Luego salieron y se acabó la historia. A mí pocas cosas me van a contar si sales en Zarautz por la calle un sábado y saludas a la viuda de Iruretagoiena, dices agur a los hermanos de Txiki Paredes, ves al familiar del que mataron en Yemen, Mikel Essery. Después detrás de tu casa dices: ‘¿Qué tal, Jon (‘Kubati’)? Que ya nos saludamos… Y me faltan el hermano de Gladys del Estal que falleció hace poco y el primo de Iván Illarramendi, asesinado en Palestina.
-¿Qué le pide hoy al mundo de la izquierda abertzale?
-Reconocer lo que han hecho. Simplemente. Que hagan autocrítica. Lo han hecho con la boca pequeña. Siempre les digo. Tienen que descargar mochilas. Y algunos dicen: ‘Todos’. De acuerdo. Pero sobre todo las vuestras. Decir simplemente que estuvo mal. Y después ya hablaremos de convivencia y de todo lo demás.
-¿Pero cree que realmente lo van a hacer cuando ya han pasado quince años desde el cese de 2011.
-Yo creo que sí lo van a hacer. Con el tiempo. De forma diplomática. Es que es muy difícil renunciar a todo tu pasado. Yo siempre he mirado a la gente a los ojos y ahora veo que ya empiezan a mover el cuello y saludan, ya se les ha ido la tortícolis. Necesitan mucho ‘omeoprazol vasco’ para hacer esa digestión.