El alto el fuego en Líbano es una frase hueca. Y la consecución de una tregua efectiva con Israel es un objetivo muy lejano. Porque Israel sigue demoliendo viviendas en municipios del sur de Líbano como Bint Jbeil y extiende la lluvia de bombardeos mortales hasta los alrededores de Beirut. Desde la otra parte, también persisten los ataques con drones de Hezbolá contra las tropas israelíes. Pese a que Estados Unidos impuso la entrada en vigor de un alto el fuego el pasado 17 de abril, las tropas israelíes han matado desde entonces a más de 400 personas en Líbano en el marco de un acuerdo que le otorga libertad de acción.
Las maniobras diplomáticas tienen un futuro incierto. Porque los gobiernos de Líbano e Israel exigen escenarios casi irreconciliables como requisitos para la continuación del diálogo, mientras el movimiento proiraní Hezbolá ni siquiera participa en la negociación.
El Departamento de Estado de Estados Unidos anunció el pasado viernes que representantes israelíes y libaneses se reunirán en Washington el próximo jueves. Todo parece indicar que la reunión servirá para negociar la prórroga de la tregua actual, que en la práctica ha representado una mera reducción temporal del fuego. El derrumbe del acuerdo implicaría el regreso de la guerra abierta y de la lucha israelí por ampliar el territorio ocupado, donde destruye aldeas enteras en un área que describe como una zona de seguridad para alejar a Hezbolá.
La Casa Blanca anunció el alto el fuego a mediados de abril, coincidiendo con la celebración del primer encuentro directo entre ambas administraciones en décadas, celebrado entre sus embajadores en suelo estadounidense. El 24 de abril, una segunda reunión, a la que asistió el presidente Donald Trump, propició una prórroga de tres semanas, hasta mediados de mayo.
El Gobierno libanés, liderado por el primer ministro Nawaf Salam, y el israelí, capitaneado por Benjamín Netanyahu, han marcado sus prioridades en el diálogo entre dos países técnicamente en guerra desde el nacimiento de Israel, en 1948. Líbano busca el fin inminente de la ofensiva y el levantamiento de la ocupación, pero Israel se niega a retirarse sin constatar la anulación de la amenaza militar de Hezbolá y mantiene bombardeos a gran escala con decenas de víctimas mortales a diario.
Este domingo, el Ministerio de Sanidad libanés ha denunciado la muerte de dos paramédicos y las heridas a otros cinco sanitarios en dos ataques aéreos en la zona fronteriza, y los ha calificado de “violaciones del derecho internacional”. El ministerio también registró más de 40 víctimas mortales desde el sábado 9 de mayo. Siete de ellas, incluido un niño, en un bombardeo contra un edificio residencial que acogía a tres familias desplazadas desde el sur en Saksakiye, un municipio ubicado a 40 kilómetros de la frontera.
Los bombardeos también se cobraron cuatro víctimas en ataques contra vehículos que circulaban cerca de Beirut o en las montañas de Chouf, en áreas donde Hezbolá no tiene presencia. También mataron a un padre y una hija de 12 años en el sur de Líbano mientras iban en motocicleta. Cuando ambos se apartaron del vehículo, heridos tras un ataque inicial, el ejército los alcanzó con un segundo y un tercer misil.
Un comunicado del ejército israelí, que evita justificar la mayoría de sus ataques de forma individualizada, ha asegurado este domingo haber matado a “10 terroristas” en cuarenta ataques contra “infraestructuras terroristas” durante los últimos dos días en Líbano, incluidos supuestos lugares desde los que operaba Hezbolá, “almacenes de armas y lanzacohetes”.
Un miembro de la defensa civil de Líbano, junto al cuerpo de una persona fallecida tras un ataque aéreo israelí ocurrido el día anterior en la localidad de Saksakiye, al sur del Líbano, el domingo 10 de mayo de 2026.Associated Press/LaPresse (APN)
El Gobierno de Líbano cuenta 2.846 víctimas mortales, más de 8.500 heridos y más de un millón de desplazados forzosos en el país desde el inicio de la última escalada, el 2 de marzo. Según Irán, ese día Hezbolá disparó contra Israel en defensa de la República Islámica, tras 15 meses de cumplimiento de un alto el fuego anterior. Este domingo, la milicia reivindicó ataques contra las tropas israelíes desplegadas en el sur de Líbano, como Deir Serian o Rashaf, y un dron del movimiento chií ha dejado a un soldado israelí en estado grave en el norte de Israel.
Una tregua sin fundamento que la sostenga
Aunque esa postura iraní incomoda a los dirigentes de Hezbolá, que tiene simpatizantes que rechazan ir a la guerra en defensa de Irán y no de Líbano, Teherán vinculó las acciones de la milicia con la guerra entre Estados Unidos y la República Islámica en un aparente intento de defender la inclusión de Líbano en la tregua regional que negocia con la Casa Blanca.
Precisamente, el anuncio de una tregua para Líbano —inicialmente, de 10 días de duración— el 16 de abril llegó tras la presión de Teherán durante el diálogo con la Administración Trump. Semanas después, la improvisación de ese anuncio desde Washington, sin una negociación entre los actores en guerra que fundamente el acuerdo, deja el alcance del alto el fuego en el aire.
El Gobierno de Netanyahu, sin prisa ni disposición para retirar sus tropas de Líbano sin asestar antes un golpe definitivo contra Hezbolá en un año electoral, cuenta con el respaldo de EE UU para disparar aunque exista una tregua nominal. También participa en la negociación el Ejecutivo libanés, el primero en la historia del país en tomar la decisión oficial de desarmar a Hezbolá. Esa meta supone un importante objetivo común con Israel, pero ninguno de los dos Ejecutivos ha sido capaz de acometerlo y la urgencia que imprime la ofensiva israelí, según Beirut, dificulta las cosas.
Tras empezar a anular en 2025 las capacidades militares de Hezbolá y lograrlo en la región fronteriza al sur del río Litani, el Gobierno libanés dio un paso más allá el 2 de marzo e ilegalizó su brazo armado, horas después de que la milicia retomara la ofensiva contra Israel. Pese a la existencia de esa controvertida medida, que centenares de miles de seguidores del movimiento ven como un ataque contra su comunidad, el ejército libanés no ha aplicado pasos efectivos para implementarla, lo que ha propiciado duras condenas por parte de EE UU e Israel.
Hezbolá recupera parte de su popularidad
Tras arrastrar a Líbano a dos guerras con Israel en tres años, Hezbolá recupera parte de su popularidad con la continuación de la ofensiva israelí. La milicia equipara la entrega de su arsenal con una rendición. Y hay quien cree que si llega a aceptar su desarme, eso no será fruto del diálogo entre Líbano e Israel, sino de un posible acuerdo internacional con Irán.
Las autoridades iraníes tienen en Hezbolá a su mayor aliado armado en la región y su influencia sobre su brazo militar se incrementó tras la muerte en 2024 de Hasan Nasralá, secretario general de la organización durante tres décadas, y parte de su cúpula. Se desconoce qué contrapartidas podría exigir a cambio Teherán, en un momento en el que Washington no encuentra la rampa de salida al conflicto que inició contra Irán en febrero junto con Israel.