Juanma González, crítico de cine de Libertad Digital, analiza en este espacio de esRadio el estreno de Las ovejas detectives, una película que, a pesar de su título y concepto aparentemente infantil, es calificada como una joya cinematográfica muy rara. Protagonizada por Hugh Jackman, la cinta presenta a un rebaño de ovejas que intenta resolver el asesinato de su pastor, una premisa que podría llevar al espectador a menospreciarla como una simple comedia para niños, pero que según el crítico esconde una oscuridad inquietante que la eleva por encima de la media de la cartelera actual.
La película combina el estilo de Babe, El Cerdito Valiente con el misterio británico clásico al más puro estilo de Agatha Christie. Según González, la trama de misterio se maneja con el mismo rigor que cualquier producción de prestigio de las plataformas actuales, manteniendo la intriga sobre quién mató al personaje de Hugh Jackman. Esta atmósfera se ve reforzada por un entorno rural que recuerda a las clásicas comedias británicas de los estudios Ealing, aportando un fundamento cinéfilo que difícilmente se encontraría en una producción puramente estadounidense o en los estudios de animación más comerciales.
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Más allá de la técnica, Las ovejas detectives funciona como una celebración del cine y del propio hecho de contar historias. El crítico explica que las ovejas protagonistas son un trasunto de los seres humanos; personajes ingenuos que maduran a lo largo de la trama gracias al conocimiento que adquieren de las novelas de misterio que su pastor les leía al principio de la cinta. Esta metáfora convierte a los animales en espectadores activos que utilizan la ficción y las lecciones de las novelas para comprender el mundo real y enfrentarse a la resolución de un crimen.
La película también aborda temas profundos como la muerte y la pérdida, dotando a la historia de una hondura poco común en el cine familiar. Juanma González compara este enfoque con el trabajo de George Miller en las entregas de Babe, donde se integran elementos arriesgados que desafían las normas del cine comercial. Para el crítico, este humor irónico y excéntrico dota a la película de una identidad propia muy alejada de las propuestas más convencionales que buscan agradar a los niños sin complicarse la narrativa, lo que la sitúa cerca del territorio de películas tan bien valoradas como Paddington.