El alto el fuego en Oriente Próximo cumplió formalmente el pasado viernes su primer mes: cuatro semanas en las que la tregua —más que frágil— entre Estados Unidos e Irán ha estado a punto de saltar por los aires varias veces: Washington ha lanzado ataques puntuales contra embarcaciones iraníes en el estrecho de Ormuz (aunque no bombardeos en territorio continental iraní) y Teherán disparó sus drones contra un petrolero emiratí.

El alto el fuego es, por tanto, endeble, pero tampoco llega a romperse; quizá porque Trump no tiene cobertura legal para proseguir la guerra sin pedir antes permiso al Congreso estadounidense. Y, así las cosas, la situación se ha estancado en un limbo de negociaciones —indirectas, utilizando como mediador a Pakistán— sin ningún avance.

El domingo, el presidente estadounidense consideró “totalmente inaceptable” la última respuesta de las autoridades de Teherán a su propuesta de paz (de contenido aún desconocido); y este lunes la República Islámica se ha reafirmado en esa réplica, calificándola de “generosa” y “razonable” y acusando a Trump de dejarse llevar por los intereses belicistas de Israel en la región.

El Gobierno israelí, de hecho, no se da por aludido por la tregua y en estas cuatro semanas ha seguido bombardeando Líbano sin ninguna cortapisa, matando a más de 400 personas.

“Nuestra demanda es legítima: exigir el fin de la guerra, el levantamiento del bloqueo estadounidense y la piratería, y la liberación de los activos iraníes que han sido injustamente congelados en bancos debido a la presión estadounidense”, ha señalado el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei. “El paso seguro por el estrecho de Ormuz y el establecimiento de la seguridad en la región y en el Líbano fueron otras demandas de Irán, consideradas una oferta generosa y responsable para la seguridad regional”.

Baghaei lamentó, también, que Estados Unidos “siga basándose en percepciones que, en gran medida, han sido construidas y promovidas por el régimen sionista [israelí]”, y tildó sus demandas de “irracionales”.

Estas son, en este momento, las líneas rojas que mantienen bloqueadas las negociaciones de paz entre Estados Unidos e Irán:

El estrecho de Ormuz

El bloqueo del estrecho de Ormuz, un corredor marítimo fundamental para el comercio mundial de petróleo, gas y fertilizantes, es una consecuencia directa de la guerra lanzada por EE UU e Israel el pasado 28 de febrero: antes de esa fecha no existía tal bloqueo, pero Irán respondió a los ataques amenazando con bombardear cualquier buque que atravesara esas aguas, lo que frenó en seco el paso de barcos de todo el planeta. Y ahora ya no está dispuesto a renunciar al control del estrecho.

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De modo que desbloquear Ormuz —volver, en definitiva, a la situación anterior al conflicto que el propio Trump desencadenó— es una de las exigencias principales de Washington en su propuesta de paz, pero Teherán se niega a aceptarlo: en su respuesta enviada el fin de semana y ratificada este lunes, la República Islámica reclama seguir haciéndose cargo del “paso seguro” por el corredor. Al cerrojazo iraní se ha unido además, desde hace unas semanas, un segundo bloqueo naval, impuesto por el propio ejército de Estados Unidos contra las embarcaciones vinculadas a Teherán.

El programa nuclear iraní

Estados Unidos exige que Irán paralice su programa de enriquecimiento de uranio; un programa detrás del cual tanto Washington como buena parte de la comunidad internacional ven un plan iraní para fabricar armas nucleares, aunque Teherán asegura que solo pretende desarrollar energía nuclear (es decir, para uso civil, no bélico).

El asunto del programa nuclear iraní lleva años yendo y viniendo. En 2015, la República Islámica firmó con Estados Unidos, en tiempos del demócrata Barack Obama, un acuerdo histórico por el que Irán accedía a no fabricar, durante al menos una década, la bomba atómica, a cambio del levantamiento de las sanciones económicas que sufría.

Tres años después —cuando, según todos los organismos internacionales, Teherán estaba cumpliendo con su parte—, Donald Trump, ya en la Casa Blanca, rompió ese acuerdo para poder imponer nuevas sanciones al régimen iraní. Irán se declaró entonces legitimado para retomar su programa nuclear (aunque seguía negando que tuviese una vertiente militar).

En junio de 2025, EE UU e Israel bombardearon las instalaciones nucleares iraníes y se ufanaron de haber acabado definitivamente con el programa.

En febrero pasado, sin embargo, desataron otra guerra, la actual, argumentando que la bomba atómica iraní era inminente. Lo hicieron cuando Washington estaba sentado a la mesa de negociación con Teherán.

Y ahora, para alcanzar la paz, Trump exige a Irán que paralice ese programa durante, al menos, 20 años. Teherán ofrece una pausa de un lustro o, como mucho, nueve años. En esa horquilla parece estar la negociación.

La delegación iraní encabezada por el ministro de Exteriores, Abás Araqchí, llega el pasado 6 de febrero a Mascate (Omán) para comenzar las negociaciones con EE UU sobre el programa nuclear, que Washington rompió tres semanas después al bombardear Irán.EFEEl levantamiento de las sanciones

El despótico régimen iraní —que a principios de año reprimió con extrema dureza la enésima oleada de protestas ciudadanas— lleva décadas sometido a sanciones internacionales, y sobre todo estadounidenses. En todos los frentes: económico, comercial y diplomático.

La UE también tiene en vigor un paquete de sanciones en respuesta a las graves violaciones de derechos humanos cometidas por Irán. Esas sanciones comenzaron en 2011 y se han ido renovando anualmente, incrementándose de forma notable a partir de 2022 (tras el apoyo iraní a Rusia en la guerra de Ucrania). Incluyen la prohibición de viajar por territorio comunitario para los altos cargos iraníes, la congelación de fondos en bancos europeos y el veto a proporcionar, vender o suministrar a Irán equipos que puedan utilizarse para la represión interna.

El régimen de Teherán pide que se levanten todas las sanciones y recibir, además, algún tipo de reparación por los daños sufridos durante la guerra.

Los fondos iraníes bloqueados

Irán quiere recuperar los cerca de 27.000 millones de dólares (unos 23.000 millones de euros), procedentes de la venta de petróleo, que permanecen congelados en bancos internacionales. Alega que los necesita para destinarlos a la reconstrucción del país tras la guerra. Tanto Washington como Bruselas, por el momento, se niegan.

La situación en LíbanoProcesión fúnebre por Mariam Fahos, un bebé de seis meses muerto durante un ataque aéreo israelí en la aldea de Saksakieh, en Sidón (Líbano), el pasado sábado.Mohammed Zaatari (AP)

Irán defiende que cualquier acuerdo de paz debe obligar a Israel a poner fin a su ofensiva bélica contra Líbano. El Gobierno israelí no quiere ni oír hablar de eso, y sigue bombardeando a diario territorio libanés —con la aquiescencia de Estados Unidos, que al principio le forzó a sumarse al alto el fuego pero tampoco insistió mucho cuando el Gobierno de Benjamín Netanyahu dejó de respetarlo—. Más de 400 personas, entre ellas decenas de niños, han muerto en Líbano por las bombas de Israel durante este mes de supuesta tregua.