Hace justo un año, los New York Knicks festejaban por todo lo alto su pase a las finales de conferencia tras superar a los Boston Celtics. Unos días después, los Indiana Pacers les hundían en la miseria. Ahora, aprendida la lección del curso pasado, nos se dan tiempo ni espacio para celebrar mientras esperan la resolución de la eliminatoria entre los Detroit Pistons y los Cleveland Cavaliers, de donde saldrá su próximo rival. La franquicia de la Gran Manzana atropelló a los Philadelphia 76ers en las semifinales del Este con un contundente 114-144 a domicilio anoche para rematar la faena y poner el 4-0 definitivo en el casillero, liderados por los 22 puntos y seis asistencias de Jalen Brunson y los siete triples y 25 tantos de Miles McBride en un auténtico festín triplista: 18 aciertos al descanso, 25 en total en 44 intentos al cierre de la contienda.

“No hubo ninguna fiesta, no. Hay que seguir enfocados, estar atentos a cada pequeño detalle. Ahora nos pueden tocar dos equipos muy competitivos, y por eso hay que seguir centrados en nuestro objetivo”, comentó un Brunson precavido. A sus 29 años, el base ya ha experimentado en dos ocasiones lo que es quedarse a las puertas de unas Finales de la NBA, el año pasado con el mismo grupo en Nueva York y hace cuatro con Dallas, cuando todavía ejercía como número dos de Luka Doncic. “Todavía estamos escribiendo nuestra historia, queda mucho trabajo por hacer y no estamos necesariamente mejor preparados que el año pasado. Hay que centrarse aún más, honestamente”, avisó el líder de la franquicia, tres veces All Star desde que vuela libre en Nueva York.

Los Knicks, que presumen en estos playoffs del mejor diferencial de puntos de unos finalistas de conferencia (+19,4) desde 1984, mantienen prácticamente intacto el núcleo duro que les llevó el año pasado hasta este mismo punto. En juego, una vez más, su primer viaje a las Finales de la NBA en el siglo XXI. El título, palabras mayores, se les resiste desde 1973. Su gran cambio esta campaña ha sido de entrenador: del ultraortodoxo defensivo e inflexible Tom Thibodeau, aun así capaz de hacerles ganar 50 partidos dos años seguidos, al más ofensivo y adaptable Mike Brown. El nuevo preparador ha logrado una tímida mejora durante la temporada regular con 53 victorias y la tercera plaza de su conferencia, pero su mayor mérito ha sido adaptar parte de la pizarra a las preferencias de sus jugadores a base de una comunicación más abierta.

“El año pasado, nuestro primero juntos, sentimos exaltación cuando batimos a los Celtics. Este año estamos más centrados, y sabemos que queda mucho trabajo por hacer. Es genial ver el hambre de todos los chicos, cómo están preparados para el próximo reto”, valoró Karl-Anthony Tows, pívot dominicano que también sufrió otro revés equivalente cuando era miembro de los Minnesota Timberwolves en 2024. Su adaptación al sistema en el tramo final de campaña y el inicio de playoffs ha resultado también clave.

El quinteto titular ideal de los Knicks –que completan OG Anunoby, anoche baja por lesión, Mikal Bridges y Josh Hart– estuvo presente íntegramente en el mazazo de los últimos playoffs, como también recordó el alero anoche. “No hay sensación de alivio ni júbilo. Es solo un paso más en el proceso. La manera en que superamos a Boston, con todas las remontadas y demás, nos golpeó de manera distinta, aunque tampoco diría que fuera una fiesta. Esta vez, ha sido un día más en el trabajo, y hay que asegurar que nos mantenemos centrados”, insistía Hart. El mantra grupal en Nueva York queda bien claro, y la aportación de suplentes como McBride o Mitchell Robinson va en la misma línea.

“Han intentado llevarlo todo al siguiente nivel, su nivel de esfuerzo y energía, el cuidado de cada detalle. Esto explica en gran parte porqué estamos jugando muy bien al baloncesto”, piropeó Brown a sus pupilos. “Si te fijas en cualquier negocio, la clave de quién está en la élite es la consistencia. Aunque pueda hacerse aburrido o monótono, quien está arriba del todo lo hace paso a paso, jugada a jugada. Y esta es nuestra misión ahora, intentar hacer las cosas bien cada jugada para tener la oportunidad de alcanzar la élite”, ahondaba.

Desde la llegada de Brunson, una estrella poco convencional aterrizada en el puesto 33 de la segunda ronda del draft de 2018, los Knicks han ganado más de 45 partidos cada temporada. Ahora solo les falta romper el techo de las finales de conferencia para tener la oportunidad de hacer historia para la franquicia, que visitó por última vez las Finales de la NBA en 1999. En esa plantilla, capitaneada por Patrick Ewing, jugaba un tal Rick Brunson, padre de la criatura que ahora lidera al grupo y miembro del cuerpo técnico knickerbocker. Todo queda en familia.

Los Thunder, a un paso de despedir a LeBron y los Lakers

Anoche, la jornada de los playoffs cerró con una victoria de los Minnesota Timberwolves sobre los San Antonio Spurs por 114-109 que empata la eliminatoria (2-2) al mejor de siete partidos. Anthony Edwards brilló con 36 puntos, 16 en el último período, y le dedicó el triunfo a su madre fallecida hace unos años. El choque destacó por la expulsión de Victor Wembanyama, referente de los texanos, por un codazo aparentemente involuntario sobre Naz Reid. Mitch Johnson, entrenador visitante, se quejó del maltrato arbitral a la joven estrella francesa.

Esta próxima madrugada, los campeones Oklahoma City Thunder tienen su primera bola de partido ante Los Angeles Lakers de LeBron James y Luka Doncic, que sigue lesionado y viendo la evolución de sus compañeros desde la banda. Claramente superados (3-0) en lo que va de eliminatoria, los angelinos buscarán un milagro para alargar su campaña y prolongar la incógnita sobre el futuro del veterano astro de 41 años, que todavía no ha confirmado sus planes entre rumores de retirada y un contrato que finaliza este verano.

En el otro encuentro del día, los Cleveland Cavaliers buscarán igualar su eliminatoria contra los Detroit Pistons, mejores clasificados del Este que lideran por ahora 2-1 gracias al magnífico rendimiento de Cade Cunningham.