Galicia está llena de construcciones impresionantes. Desde monumentos como la Torre de Brantuas, de la que se dice que oscila con el viento, hasta edificaciones más modernas sobre las que se ha escrito -y mucho- en las revistas de decoración.

Sin embargo, si se habla de ‘casas’ originales, son pocas las que pueden hacerle sombra a la Casa Caracola de Balea. La obra, construida por el conocido como el ‘Gaudí de O Grove’, se alza cerca de la carretera que cruza el municipio, a apenas una hora de Santiago, e impresiona a todas las visitas con sus formas curvilíneas y sus cristales de colores.

Los cristales de colores del interior de la cúpula de la Casa Caracola, en O Grove.

Los cristales de colores del interior de la cúpula de la Casa Caracola, en O Grove. / Taller Triscal

Así es la Casa Caracola, la concha gigante para vivir en armonía con la naturaleza gallega

El nombre de esta construcción ya desvela, en gran medida, lo que uno puede encontrarse si se acerca a este rincón mágico de O Grove: una enorme caracola de color blanco que desafía las técnicas de construcción modernas en medio de un campo con girasoles y parras.

Se trata de un proyecto creado por José Luis Torres, del Taller Triscal, una iniciativa que busca «promover la renovación y construcción ecológica de viviendas sanas y respetuosas con el medioambiente». Es por ello por lo que, para erigirla, no se emplearon ni cemento ni ladrillos o andamios. Tan solo cal, arena y paja que, una vez secas, han dado lugar a una de las creaciones más singulares de toda Galicia.

La construcción está formada por dos partes unidas en una sola estructura. La más llamativa es la que tiene forma de caracola, con su pico de casi cinco metros en espiral apuntando al cielo y unos cristales a modo de vidrieras por los que se filtra la luz al interior de la cúpula.

La entrada a la Casa Caracola de José Luis Torres.

La entrada a la Casa Caracola de José Luis Torres. / Taller Triscal

El habitáculo se conecta con otra estancia también con formas curvas, aunque ya más parecidas a lo que uno entiende por un hogar. En la entrada, una hermosa puerta de madera rodeada de corazones y motivo vegetales invita a adentrarse en el alegre recinto, que también cuenta con una gran ventana doble de madera y tres chimeneas sobresaliendo del tejado.

El constructor indica que esta es la parte principal de la ‘casa’, mientras que la caracola es su particular homenaje a la elegancia y la hermosura de la naturaleza. El interior también está cuidado y cuenta con un mobiliario que recuerda al arquitecto de la Sagrada Familia por el que Torres ha recibido su apodo.

Hecha a mano y de forma autodidacta

El proceso de construcción de esta original casa cerca de Santiago se basa en estructuras que recuerdan a otra época, formadas con ramas curvadas y un dintel de madera para el portón. La imagen mental impresiona, pero el impacto es mayor si se tiene en cuenta que el ‘Gaudí de O Grove’ aprendió a hacerlo él solo.

Durante el tiempo que vivió en Francia allá por los tiempos del coronavirus, el artista se familiarizó con la construcción de viviendas sostenibles a base de materiales naturales y decidió ponerlo en práctica en este rincón de O Grove. Más allá del arquitecto catalán, su inspiración pudo estar en algunos habitáculos similares que se encuentran en México, como la Casa Caracol de Isla Mujeres o la Casa Nautilus de Javier Senosiain.

No sería extraño, ya que Torres ha traído a Galicia parte del conocimiento que ha recogido por el mundo. Además de su estancia en Francia, el artesano -que empezó a trabajar con revoques de cal hace casi 20 años– viajó a la región de Tiznit para aprender el arte del tadelakt, un revestimiento de cal de Marrakech que se considera particularmente difícil de poner en práctica.

Hoy, su curiosa construcción llama la atención de todo el que cruza la carretera, desde donde se ve este peculiar ejemplo de arquitectura respetuosa con el medioambiente. Una caracola anclada en tierra firme, en la que, presumiblemente a partir de junio, se podrá entrar para comprobar de primera mano si en su interior también es posible escuchar el eco de las olas.