Acaba de fallecer Koji Suzuki en Tokio, a los 68 años. Toca despedirse de una figura esencial para la ficción de terror japonesa: un icono cultural que desde los años 90 moduló el mainstream según su intuición para dar miedo. El nombre de Suzuki, así las cosas, es tan indispensable para el J-Horror (y el modo que caló en Occidente) como el de Takashi Shimizu o Hideo Nakata, empezando a triunfar en el gremio en 1991.

Fue cuando publicó con gran éxito de ventas Ringu, introduciendo la historia de esa cinta de vídeo que provocaba la muerte. Ringu fue rápidamente adaptada en un telefilm llegado 1995 para que dos años después el citado Nakata dirigiera The Ring (El círculo)

Un taquillazo colosal que impulsó el género en Japón y obtuvo rápidamente éxito internacional. De forma que un lustro después de su estreno original, Gore Verbinski dirigiera la versión hollywoodiense con Naomi Watts. La señal (The Ring) también fue un éxito.

Entre los 90 y los 2000, así las cosas, Suzuki se vio en medio de la explosión del terror nipón, con toda una oleada de adaptaciones tanto de la saga literaria de The Ring como de otro libro posterior, Dark Water. El mismo Nakata dirigió la película en 2002, y tres años después Walter Salles dirigió en EEUU el consiguiente remake, con Jennifer Connelly de protagonista y el título alternativo de La huella.

Mientras tanto Suzuki amplió la historia de The Ring con cuatro continuaciones, siendo adaptadas de distintas formas a cine e incluso al videojuego: así es como se sucedieron Rasen en 1995, Bucle en 1998, S en 2012 y Tide en 2013. 

Hacia 2016 la historia de The Ring llegó a experimentar un crossover con la otra gran franquicia de J-Horror, La maldición (o El grito) de Shimizu, que se combinó con The Ring en Sadako vs. Kayako.