El Giro siempre encuentra una forma distinta de tocar a Egan Bernal. El colombiano, que ya es tercero en la general de una carrera que conquistó en 2021, ha aterrizado en la Corsa Rosa con mirada profunda. Desde la memoria. Desde todo lo que pasó antes. Desde la sensación de estar todavía aquí después de haber visto tan cerca el final. Y quizá por eso se le escucha diferente. Más sereno. Más humano. Incluso más peligroso.

Bernal, en Burgas.

Bernal, en Burgas.

Bernal ha vuelto al Giro con una mezcla extraña entre ilusión y calma. Ya sabe lo que es ganarlo. Ya sabe lo que significa vestir la maglia y soportar el peso de una carrera que desgasta tanto las piernas como la cabeza. Pero ahora corre desde otro sitio. “Estoy con ganas. El Giro, todos sabemos que es una carrera muy linda, especialmente si hablamos de vueltas grandes”, explicaba a MARCA en Bulgaria. No suena a un campeón obsesionado con reivindicarse. Suena más bien a alguien que aprendió a valorar otra vez lo que significa simplemente competir.

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Porque el gran cambio de Bernal no está únicamente en las piernas. Está en la mirada. Después de aquella caída terrible de enero de 2022, la vida le obligó a reconstruirse poco a poco. Y algo cambió para siempre. “Ahorita lo pienso y tengo un poco más de piernas, así que lo puedo disfrutar algo más. Estoy en buena condición”, confesaba. Hay una frase escondida ahí dentro que explica perfectamente su momento actual. Disfrutar. Esa palabra que durante años pareció incompatible con el ciclismo moderno, con la presión permanente y con la tiranía de los resultados.

Sin nada que demostrar 

Bernal, al que todos colocan como candidato al podio por calidad, momento de forma y experiencia, corre intentando reconciliarse con el deporte que casi pierde. Y eso se nota en la forma de afrontar esta cita. Sin grandes declaraciones. Sin marcar territorio. Sin necesidad de entrar en el juego de los favoritos. “Me da un poco igual”, respondió cuando le se le pregunta por las quinielas. “Al final esto no va de cómo comienza, sino de cómo termina. No va de los favoritos al inicio, sino realmente cómo queda la general en el último día. Te pueden poner el cartel de favorito y no estar bien o al revés”.

No va de los favoritos al inicio, sino realmente cómo queda la general en el último día

Bernal, con MARCA

Netcompany INEOS también llega diferente a este Giro. Ya no es aquel bloque imperial que asfixiaba carreras desde el control absoluto. El equipo británico aterriza ahora desde una realidad más humana, más vulnerable y quizá también más interesante. Bernal comparte liderazgo con Arensman, otro corredor que viene creciendo en silencio y que representa el futuro inmediato del proyecto. Uno llega desde la resiliencia. El otro desde la progresión.

Bernal, durante este año.

Bernal, durante este año.Twitter

Aquí Vingegaard está muy fuerte, pero la carrera está igual de abierta para todos

Bernal, con MARCA

En plena forma

“He corrido poco y en las pocas carreras que he hecho me he sentido bien”, apunta. Aunque enseguida recuerda la diferencia entre una prueba de una semana como los Alpes, donde brilló, y sobrevivir a tres semanas de Giro. Quizá por eso no quiere fijarse objetivos concretos. Ni números. Ni puestos. “No quiero pensar en el podio. Sólo disfrutar porque una cosa te lleva a la otra. No descarto nada. Desde que me pasó aquello, sólo pienso en disfrutar e ir mejorando. Aquí Vingegaard está muy fuerte, pero la carrera está igual de abierta para todos”, apunta alguien que, pese a tener 29 años, ya se siente “viejo”.