Hace apenas dos años, Paula Blasi todavía competía con unas zapatillas de clavos. Corría crosses, hacía duatlón, peleaba contra el cronómetro en el atletismo y compartía relevos con su hermano mellizo Víctor en campeonatos de España. Hoy, con 23 años, acaba de ganar LaVuelta femenina en el Angliru y ha colocado su nombre en uno de esos rincones reservados para historias que parecen inventadas incluso cuando son completamente ciertas.

La imagen de Paula entrando en meta en la cima asturiana, rota por la emoción, resume una irrupción que ni ella misma se atrevía a imaginar hace solo unos meses. Antes de arrancar la carrera admitía que ganar LaVuelta sonaba demasiado loco para este año. Acabó vestida de rojo después de sobrevivir al Angliru, uno de los gigantes más duros de Europa, y lo hizo además con una naturalidad impropia de alguien que prácticamente acaba de aterrizar en el ciclismo profesional.

Porque Paula Blasi no nació únicamente ciclista. Antes fue atleta. Una mediofondista prometedora que llegó a proclamarse campeona de España sub-18 de 800 metros. Después apareció una lesión y ahí empezó el giro que le cambió la carrera. Probó el triatlón, el duatlón e incluso el esquí de montaña. Pero siempre había una disciplina en la que terminaba marcando diferencias: la bicicleta.

Su madre, Eva Cairol, la resume con una idea sencilla. Paula es, ante todo, deportista. Y quizá ahí se explique buena parte de todo lo que está ocurriendo. Más que una ciclista moldeada desde niña, parece una competidora salvaje capaz de adaptarse a cualquier escenario. Su entrenador, Francesc Escolà, recuerda ahora una escena que suena casi a premonición. Salió última del agua y terminó el sector ciclista en cabeza. Ahí empezó a descubrirse algo distinto.

Todo en Blasi avanza a una velocidad difícil de asimilar. En menos de dos años dedicada exclusivamente al ciclismo ha sido campeona de Europa sub-23, bronce mundialista, ganadora de la Amstel Gold Race y vencedora de LaVuelta. También terminó tercera en Flecha Valona y quinta en Lieja. Resultados de superestrella para una corredora que todavía habla del futuro con prudencia, casi con timidez.

El pelotón ya habla de fenómeno 

Pero alrededor de ella ya nadie se mueve con cautela. Ni el pelotón, ni los aficionados, ni algunas de las grandes voces del ciclismo español. Lo más llamativo es que todavía no parece haber alcanzado un techo reconocible. En el Angliru subió sentada, moviendo vatios a golpe de riñón, mientras otras escaladoras más ligeras se retorcían sobre la bicicleta. Después reconoció que hubo momentos en los que estuvo cerca de poner pie a tierra. Pero jamás dejó de avanzar.

Su explosión ya ha abierto el primer gran debate de su carrera: el Tour de Francia. En UAE figura como reserva. Su entorno pide paciencia. Ella, en cambio, no esconde la ilusión. Le encantaría correr el Tour y lo dice con esa sonrisa traviesa que ya empieza a hacerse famosa dentro del pelotón.

Mientras tanto, Paula sigue viviendo todo esto como alguien que todavía no termina de creerse lo que está pasando. Quizá porque hace nada seguía corriendo crosses en Getafe junto a su hermano. Quizá porque hace apenas dos años aún no sabía que había nacido para esto.