Gijs Van Hensbergen es una de las personas que más sabe sobre el autor de la basílica de la Sagrada Familia o la Casa Batlló. A él le dedicó un libro que vuelve en nueva edición. «Antoni Gaudí», publicado en castellano por Taurus y en catalán por Rosa dels Vents, es uno de los libros de referencia para acercarse al arquitecto en el centenario de su muerte. Este diario habló ayer con el biógrafo quien, además, es uno de los grandes especialistas en el pintor Picasso.
Dos décadas después de la publicación de su biografía, ¿qué novedades hay alrededor de la vida de Gaudí?
Lo que más puede sorprender es que cuando escribí el libro era muy popular. Ahora es espectacular. Lo digo en el sentido de que puedes preguntar a cualquier persona, en casi todo el mundo saben perfectamente quién es Gaudí. Te dicen que es «el de la catedral de Barcelona». A nivel internacional también se ha cambiado mucho gracias, por ejemplo, a las exposiciones que ha hecho Juan José Lahuerta en París. Ahora sabemos que detrás del arquitecto había un ingeniero genial.
¿Qué es más difícil: ser biógrafo de Gaudí o de Picasso?
Es curioso pero el joven Picasso está totalmente en la oposición de Gaudí. Hay un dibujo que encontré en el Museu Picasso de Barcelona en el que supuestamente aparece Gaudí en un monte predicando. El joven Picasso le hace decir «pues mejor pan que palabras». Los dos tienen este don de trabajar con arte popular que parece correr el peligro de ser «kitsch. Sin embargo ellos tienen un don y es que cualquier cosa que tocan pueden cambiarla y convertirla en gran arte. Gaudí decía que para ser original se tiene que regresar al origen mientras que Picasso siempre es alfa y omega y saliendo de Altamira se decía: ¿y ahora qué?
¿Se puede entender la arquitectura de Gaudí sin tener en cuenta su contexto político y social?
Sí, pero eso sería una visión menos rica y menos profunda. Para comprender proyectos como la Sagrada Familia o la Cripta Güell hace falta entender los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX, un tiempo muy conflictivo socialmente, en algunos momentos incluso catastrófico.
¿La de Antoni Gaudí es una arquitectura que podemos definir como catalanista?
Si queremos entender mejor el edificio hay que pensar en Gaudí como un catalanista. Sabemos perfectamente que él era muy catalanista y que una noche él terminó en la cárcel por seguir hablando en catalán. Para mí es una figura clave del renacimiento catalán, es decir, de la Renaixença que marca el cambio entre el mundo medieval y la búsqueda de la gloria de Cataluña. En ocasiones nos olvidamos que él fue del pueblo, de Riudoms, de una familia humilde muy trabajadora. Él decía que había aprendido de su padre haciendo cobres. Consideraba que para ser arquitecto el papel y el dibujo no eran importantes sino el volumen, es el espacio humano. Con Gaudí hay que hacer un esfuerzo por entender.
Vayamos hasta la Sagrada Familia a la que también ha dedicado un libro. ¿Qué le parece ahora que ya toca el cielo?
Hay cosas que no me gustan nada como son las obras de Josep Maria Subirachs, pero es algo muy de su tiempo y muy brutalista. Los diseños de Subirachs no están muy lejos de las ideas de Gaudí. En cambio, las esculturas de Etsuro Sotoo son otra cosa. Las cuatro puertas que ha hecho para la fachada de la Natividad son magistrales, una pura delicia que van muy acorde con el tema.
¿Y la nueva cruz de Jesucristo?
Es un poco como un eco del eco, ¿no le parece? Creo que ahora el edificio va a tener nuevas luces. Vamos a ver. Será muy importante.
Miquel Barceló, Cristina Iglesias y Javier Marín han sido preseleccionados para realizar una propuesta para la fachada de la Gloria. ¿Quién le gustaría que fuera el elegido?
Lo que ha hecho Miquel Barceló en la Catedral de Palma de Mallorca es algo precioso. Ha demostrado que se puede hacer algo sensual y con mucha sensibilidad.
Hay un debate abierto en la Sagrada Familia que es el de la escalinata de la calle Mallorca. ¿Debería hacerse?
Nunca me habían preguntado por este tema de una manera tan directa. Le voy a poner un ejemplo. La catedral de Málaga se llama el Manco porque una torre no está completa, pero eso no impide que sea preciosa. No es necesario que todo esté completamente acabado. Estamos hablando de una cuestión que es más bien política, del Ayuntamiento de Barcelona y de la junta constructora. No creo que ningún alcalde quiera que se desalojen a no sé cuántas familias de sus viviendas. Hay que buscar una solución para terminar la Sagrada Familia.