¿Qué hay antes de que haya algo? ¿Hay algo o no hay nada? ¿Y antes de que una fotografía sea tomada? ¿Hay algo o no hay nada? El escenario a fotografiar existe, pero no la foto todavía, hasta que se la toma y revela. Por lo tanto, hay algo y, al mismo tiempo, no hay nada. El fotógrafo mallorquín Bruno Daureo reposa ahí, en ese instante, en el que algo está a punto de ser, pero todavía no es. Hablamos de Un momento antes de nada, la propuesta expositiva del artista en IGallery donde reúne una treintena de piezas diferenciadas en dos espacios y que sirven no solo para entrar en su imaginario artística y cromático, sino de lleno en su proceso de trabajo.
«Siempre me han interesado mucho los procesos», confiesa Daureo que detalla que quería hacer que uno de los dos espacios de IGallery fuera de alguna manera una introducción a su propio estudio, a su trabajo, a su proceso personal. «Al final tienes tu propio caos y aquí he intentado ordenarlo un poco». Entre las diferentes obras que se pueden observar en esta primera parte de la exposición, hay desde un flash manipulado, desechos del material fotográfico, un prisma y unas pantallas con gelatinas de colores que recuerdan a las que él mismo usa para manipular sus fotos.
Errores
«Me gusta trabajar con el error del error», indica Daureo que introduce a los visitantes a la muestra de esta manera en su forma de trabajar, que se parece a la de un científico jugando con los materiales o a la de un niño curios o investigando con los procesos. «Para mí era importante que la exposición no fuera simplemente venir a ver unas obras, a mí me gusta entender el imaginario, el pensamiento del artista, por eso quería generar una experiencia interactiva, experimental».
De ahí que también haya un punto de juego en la propuesta, ya sea a través de las placas de gelatina o con los objetos, como el flash o el prisma, que invitan al visitante a acercarse y preguntarse por ellos, por su manera de funcionar, por cómo han sido utilizados en esta exposición y acerca de qué efectos pueden generar en una fotografía. «Da igual como lo hagas, pero hay que mantener viva esa sensación de jugar, de intentar algo y a ver qué pasa sin saber de antemano cuál es el resultado que vas a tener».
Imagen de algunas de las piezas que pueden verse en la exposición. FOTO: TERESA AYUGA
Se trata, pues, del momento de la gestación de las obras, de lo que ocurre mientras se trabaja en lo que será, luego, una pieza. La otra sala, la principal, es menos introductoria y mucho más abstracta. Se trata de un espacio en el que el entorno natural, el proceso fotográfico, la experimentación de los materiales y sus capacidades, confluyen para crear un policromático lugar.
Daureo en estas imágenes parte de escenarios y paisajes acuáticos, ya que «el mar es muy importante para mí». Esas imágenes que toma las manipula de varias maneras hasta lograr un resultado en el que la luz es lo que toma la palabra por sí sola. Si cualquier fotografía necesita a la luz para existir, en las de Daureo es como si la luz misma posase, fuera la retratada, a través de las diferentes longitudes de onda de la luz misma.
Hay también una serie de seis fotografías sin cámara, que él llama «paisajes de expresión», en los que utiliza matrices y hace composiciones que, sumados a las gelatinas de colores, y pasadas por la ampliadora, acaban generando fotografías sin que haya habido una cámara en el proceso.
Ese momento antes de nada al que alude Daureo, pues, no es solo el momento exacto antes de que emerja la creación misma, o foto, sino también a lo artesanal de su propio proceso, y a la manera en que esa tranquilidad, esa parsimonia, funciona y necesita de tiempo para existir.