Han pasado 74 días desde los primeros ataques de Israel y Estados Unidos sobre Irán que, según la Agencia Internacional de la Energía, van a provocar un cambio estructural en el mercado energético mundial. De momento, sus responsables ya calculan que se ha perdido el 13% de la producción mundial de petróleo.

Son 14 millones diarios de petróleo los que se han esfumado del mercado por el cierre del estrecho de Ormuz que, hay que recordar, sigue sin abrirse del todo pese a la tregua de hace semanas entre Estados Unidos e Irán. Esto significa que el 13% de la oferta de petróleo ha desaparecido del mercado en lo que la Agencia ha bautizado como la mayor disrupción energética de la historia, en palabras de su director general, Fatih Birol.

La Agencia está negociando con países que no están en Oriente Medio para que aumenten su producción de petróleo y se pueda compensar un poco esta pérdida de petróleo, a la vez que reclama a los gobiernos que busquen medidas de ahorro para reducir su consumo energético. Pero lo que preocupa especialmente a la AIE es que los ataques han minado la confianza sobre el estrecho de Ormuz como vía principal para dar salida al petróleo de Oriente Medio.

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Porque lo que dice el director general de la Agencia es que, si el estrecho ya se ha cerrado una vez, puede volver a cerrarse. Y esa desconfianza va a tener consecuencias a medio y largo plazo, dice la Agencia. Lo que dice Fatih Birol es que Ormuz ha perdido su reputación como vía segura y eso va a transformar totalmente el mapa energético en el futuro.

Básicamente, porque habrá agentes que van a preferir evitar el riesgo de comprar petróleo que tenga que pasar por el estrecho. Es decir, que buscarán otros proveedores que no sean países de Oriente Medio o que, en caso de serlo, tengan otras vías para exportar petróleo y gas a través de oleoductos.

¿Cómo puede afectar al precio del petróleo?

Llevamos unos días con el precio bastante estable, un poco por encima de los 100 dólares en el caso del Brent. Y lo que dice la Agencia es que lo previsible es que a medio plazo nos tengamos que acostumbrar a tener unos costes del petróleo con altibajos, evidentemente no tan bruscos como los de los últimos meses, pero sí que lo de ver costes estables durante varios meses va a dejar de ser lo normal.

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La parte buena es que también prevé la Agencia que esta crisis energética provoque un impulso a las energías alternativas. Por ejemplo, creen que va a impulsar la venta de coches eléctricos o que va a obligar a que los países prioricen la producción de energía doméstica para no depender de países externos. Dice su director que es algo parecido a lo que ocurrió con la crisis del petróleo de los años 70.

En el caso de España, el Gobierno ha mandado un mensaje de tranquilidad, asegurando que no habrá problemas ni de combustible ni de queroseno este verano, como ha asegurado el secretario de Estado de Energía, Joan Groizard, que dice que todas las empresas del sector afirman que en nuestro país se siguen cumpliendo los contratos y llega el abastecimiento. Hay que recordar que aquí, en España, llega poco petróleo y aún menos gas procedente de Oriente Medio.