Es el eterno retorno de la política británica. La batalla y la salvación siempre acaban pasando por Europa. Keir Starmer sabe que la estrepitosa derrota del Partido Laborista la semana pasada en las elecciones municipales de Inglaterra fue provocada por dos flancos muy concretos: la ultraderecha de Reform UK, el partido de Nigel Farage, el político que más hizo por el triunfo del Brexit; y la suma del Partido Verde y del Liberal Demócrata, cuyos votantes no perdonan aún la traición de haber abandonado el sueño de regresar a la UE.
Por eso el primer ministro volvió a colocar este lunes, en el centro de su discurso, la promesa de reconstrucción de la relación entre Londres y Bruselas, para volver a situar al Reino Unido “en el corazón de Europa”.
“Necesito recordaros de nuevo lo que Farage decía sobre el Brexit”, subrayó Starmer. “Aseguró que nos haría más ricos. Falso. Nos hizo más pobres. Dijo que reduciría la inmigración. Falso. Las cifras se han disparado. Dijo que nuestro país sería más seguro. Falso. Es más débil. Metió al Reino Unido en un lío del que luego escapó. Y ya no quiere hablar del que finalmente fue su gran logro político”, denunció el primer ministro.
En los últimos meses, de manera gradual y a medida que las encuestas reflejaban la frustración de los ciudadanos, el Gobierno de Starmer ha perdido el miedo a denunciar el desastre económico y político que fue el Brexit. El Partido Laborista prometió desde su llegada a Downing Street, hace casi dos años, que trabajaría por “reiniciar” (reset es la palabra más repetida) sus relaciones con la UE.
El camino de inicio fue la cooperación en materia de defensa, con una voluntad coordinada de respaldar a Ucrania frente a la agresión de la Rusia de Vladímir Putin. A partir de ese reencuentro de intereses compartido, Londres y Bruselas trabajaron en un nuevo tratado bilateral ambicioso, que pretendía recomponer las partes más perniciosas del Acuerdo de Retirada que firmó el Gobierno conservador de Boris Johnson.
Pero lo cierto es que los avances más destacados de todos aquellos que se prometieron siguen a medio camino. El Gobierno laborista ha prometido un mayor alineamiento normativo (“alineamiento dinámico”, en la jerga de la negociación) con la UE, para poder aliviar las fricciones comerciales que aún sufren las empresas importadoras y exportadoras.
Y Starmer volvió a prometer este lunes una mayor movilidad personal entre el continente y la isla de los menores de 30 años, para recuperar parte del espíritu comunitario que sedujo a varias generaciones. Del mismo modo que Londres y Bruselas han acordado recuperar el programa Erasmus de intercambios universitarios, que se perdió por culpa del Brexit.
Retórica sin avances
Toda la retórica proeuropea empleada por Starmer en su discurso, sin embargo, encierra cierta trampa. El primer ministro sigue sin levantar las líneas rojas que él mismo impuso en el programa electoral del Partido Laborista. Nada sobre una posible reincorporación al mercado interior de la UE, y nada de reingresar en el espacio aduanero común. Y respecto a la movilidad juvenil, el Gobierno laborista sigue incluso aterrado por la palabra misma, “movilidad”, y prefiere un concepto tan indeterminado como blando: Youth Experience Scheme, o Esquema de Experiencia Juvenil.
La idea de que las cifras de inmigración se inflen con la llegada de estudiantes o trabajadores jóvenes, aunque el programa en sí nada tenga que ver con el fenómeno de los migrantes, espanta a un Ejecutivo laborista que sigue convencido de que debe presentar una política de mano dura ante este fenómeno.
“Si el Gobierno quiere recuperar la confianza de los ciudadanos británicos, debe poner remedio a la crisis del coste de la vida que padecemos. Y no hay modo de lograr eso si no se deshacen de todas las líneas rojas sobre Europa que impuso Keir Starmer y arreglan la chapuza del Brexit. Y eso incluye regresar a la unión aduanera. Es así de simple”, señalaba el líder de los liberaldemócratas, Ed Davey, después de escuchar el discurso del primer ministro.
Starmer, al menos, ya no descarta un replanteamiento futuro de sus “líneas rojas”, aunque su precaución habitual le impide anunciar compromisos más osados como le reclaman muchos de los suyos. “Quiero que demos un gran salto en ese nuevo acercamiento a Europa. Tendremos [este verano] una nueva cumbre bilateral, que nos servirá para aproximarnos más en comercio, economía, defensa y seguridad. Esa será una plataforma sobre la que poder seguir construyendo más adelante”, se limitó a explicar.