Adiós, Lakers, aquí acaba la tortura. Finaliza la temporada para la franquicia de California siendo eliminados por los Thunder, defensores del título. Siendo barridos en las semifinales de la Conferencia Oeste, sí, pero dejando el mejor partido de la eliminatoria en el día de su defunción. Algo de mérito habrá que otorgarles. Más si pensamos en que Luka Doncic, su megaestrella de presente y futuro, se encontraba presenciando el espectáculo en el banquillo por la lesión muscular que tantos planes arruinó. A lo Karol G: qué hubiera sido…
Este martes se confirma el cierre del curso para L.A. en su hogar, el Crypto Arena, dando paso a las incertidumbres. ¿Qué ocurrirá con Reaves? ¿Se debe mantener a DeAndre Ayton? ¿Cómo rodear mejor a Doncic? Y, claro, la nube que se cierne sobre la NBA y lo establecido en los últimos 23 años: la decisión de LeBron James, una más, la de quedarse en la ciudad, irse a otra a seguir jugando o marcharse a su casa para una merecida retirada. Eso lo veremos en próximos episodios. Aquí lo que es patente es que OKC avanza a las finales del Oeste, donde tendrá a Spurs o Timberwolves como contrincante, y barriendo. 0-4 global; hoy el marcador fue 110-115.
Los Lakers han aguantado carros y carretas hasta llegar al punto en el que no daban más de sí. Daigneault así lo citaba en la rueda de prensa posterior: sin Doncic ni Reaves se cargaron a los Rockets, auténtica heroicidad, y con el esloveno todavía en la enfermería era harto complicado siquiera plantar cara a uno de los conjuntos de mayor dominio en el presente siglo. Creer que podían vencer a Oklahoma era jugar a ser Dios. Los pronósticos, en esta ocasión, no han ido desencaminados. Una cosa no quita la otra. El mérito permanece y con él se debe construir unos Lakers más punzantes, de mejor armadura, si quieren competir de tú a tú con rivales así los próximos años.
En un duelo precioso que lamió las tres horas de duración los angelinos se encomendaron a lo que le quedaba en el tanque de gasolina a LeBron (doble-doble, 24+12) o a los Reaves (27) y Hachimura (25). El otro lado lo dirigía el MVP, Shai Gilgeous-Alexander, poniendo nervioso a la parroquia con su estrategia ofensiva para meter puntos (35 en cartera) o sacar faltas (15 tiros libres), y a él se unió de nuevo el mejor sustituto de Jalen Williams, Ajay Mitchell, el último as en la manga de OKC. 28 tantos, y algunos en los momentos más calientes, para otro baluarte de la factoría. Para el mismo Shai, el mejor jugador de la eliminatoria.
Los Thunder no sólo no pierden el paso, se alimentan de duelos así para pulir las pocas deficiencias que tienen. Como la inteligencia artificial. Ese nivel de perfección es al que les gustaría acercarse. Juntando esta serie y la anterior, han vencido en los ocho duelos que les han programado, siendo sólo el undécimo equipo de toda la historia en lograr algo así en las dos rondas iniciales. Bárbaro. Aquí también hay un lesionado importante, Jalen, al que nos referíamos antes, pero no comparable a perder a uno de los mejores del mundo, Luka, después de darle las llaves del castillo y prometerle un futuro de cuento juntos. El deceso en vida ha llegado contra el equipo de la premonición.
“Lesión de Doncic, muerte de Lakers”
Como escribía este mismo redactor el 3 de abril, la lesión de Luka Doncic era decir adiós a la mayoría de opciones; y no de ganar, sino de hacer algo relevante ante los oponentes más complicados. Ése es el mérito, que al menos con Houston sacaron lo mejor de sí. Ésta es también la realidad: ir más allá era una cuestión de fe. En un ejercicio de sinceridad la pasada semana, el base europeo admitió que la recuperación no estaba cerca de terminar, poniéndose casi en junio, por lo que la ventana se cerraba. Los Thunder han terminado haciéndolo de golpe. Era una defunción anunciada y, con los Lakers vestidos de negro funeral para el suyo propio, como tal se ha dado.
En la manga inaugural un pequeño tirón final, con triple de Reaves y jugada excepcional de Hayes, estiraba una ventaja de los Lakers hasta cinco. Con una sonrisa se iban al primer cambio entre cuartos. Les duraría muy poco.
Nada más regresar, parcial ignominioso. ¡0-17! Los de Redick se quedaron clavados en 21 puntos. LeBron cortó la sequía con dos tiros libres. No anotaron una canasta en movimiento hasta que el reloj no marcó 5:15 para el descanso. Se les fue media vida ahí.
De nuevo Reaves y Hayes tirando del carro para revertir no sólo esa mala experiencia sino todos los puntos que habían perdido por el camino. A falta de dos periodos estaban cuatro abajo. Habían resistido a una tormenta perfecta.
Aún había vida. Durante 24 minutos. Unos dignos de la altura de año a la que estamos. LeBron, además, a la épica: se había lastimado un tobillo en la penúltima acción antes del descanso. Pegó Oklahoma hasta situarse con ventaja de diez (58-68, minuto 31). Y ahí salió la vida extra que le quedaba a los Lakers. Dos triples de James y un matazo de Hayes desafiando el tapón de Holmgren espolearon a la grada. Los jugadores, contagiados, empezaron a pensar con claridad. Reaves tiró de la pillería clásica de Shai para sacar tres tiros en el perímetro. La balanza cambiaba de pesos. 10-2 de parcial. Los locales cerraron el tercer acto arriba, con Jaxson Hayes palmeando en el cielo y dejando el margen en cuatro tantos. En la traca final, dos triples de Jared McCain (13 puntos) volvían a encajar en su sitio la mandíbula de los Thunder, otros cinco tantos de Shai elevaban el nivel y se necesitaba otra respuesta en Los Ángeles. Rui Hachimura salió a darla: en la esquina izquierda, primero un triple y después un 3+1. Había hecho de menos una doble maniobra de Chet en el otro lado, gancho y mate. Era una balacera. Pero de las buenas, de las que nos gustan. Y Smart, bandeja más falta para aventajar a los campeones. 110-109. Holmgren, al borde de los pasos, machacó de nuevo el aro local. Alexander sacó una personal a su favor y embocó los dos tiros. Tres de ventaja. Segundos para acabar. Jugada de pizarra de J.J. Redick para la que sacó a un inédito Maxi Kleber, que bloqueó bien y dejó espacio a Reaves a ocho metros del aro. El escolta de los Lakers erró el tiro de la prórroga y Ajay Mitchell corroboró el triunfo de sus Thunder con otros dos lanzamientos en la personal.
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