Lo de Manolo García siempre ha sido la entrega absoluta, pero en su último concierto decidió llevar el concepto de «proximidad con el fan» a un nivel físico dolorosamente literal. El veterano artista, poseído por el espíritu del rock más acrobático, no se lo pensó dos veces y se lanzó en plancha hacia las primeras filas. Sin embargo, lo que pretendía ser un momento épico de comunión mística acabó pareciéndose más a una melé de rugby donde las leyes de la gravedad no perdonaron a nadie.
El resultado de la maniobra ha sido un parte médico digno de una batalla histórica. Tres asistentes terminaron en el hospital con roturas de radio tras intentar amortiguar el aterrizaje del cantante, quien esta vez, haciendo honor a la ironía, decidió que no quería ser el último de la fila, sino el primero en llegar al suelo. Los damnificados, que acudieron para escuchar «Pájaros de Barro», terminaron sintiendo más bien el peso del plomo en sus articulaciones mientras intentaban salvar la integridad de su ídolo.
Por su parte, el propio Manolo García no salió indemne del «vuelo sin motor». El artista sufre una lesión de cadera que lo mantendrá alejado de los saltos ornamentales durante una buena temporada. Fuentes cercanas al cantante aseguran que se encuentra estable y de buen humor, aunque quizá la próxima vez se lo piense dos veces antes de lanzarse al vacío, recordando que sus fans, por muy fieles que sean, no son colchonetas hinchables de serie.