Andrés Jiménez (6-6-1962, Carmona, Sevilla) fue uno de los baloncestistas más grandes de España en la década de los 80 y los 90. Plata en Los Ángeles, integrante del histórico Barça de Epi y Norris, fue uno de los primeros aleros grandes del baloncesto moderno en Europa. Estos días, ha plasmado la otra pasión de su vida, el cómic, en “Mi loca historia del básquet. El niño que nunca dejó de soñar” (Ediciones Valnera). Ahí no es Andrés Jiménez. Se hace llamar Jimix. Y no lo bautizó así un cualquiera. Compartió media hora con AS en un parque repleto de canastas de su querida Badalona.

Explique bien esta pasión que viene de lejos.

Cuando me instalé en Badalona de joven, me surgió la posibilidad de hacer Artes Aplicadas. Escogí Diseño Gráfico y Publicidad. Siempre me había gustado dibujar, tenía cierta maña… Vi que el tema de creativo se me daba bien. Y resulta que, a partir del Mundial de 1982 en Colombia, empecé a hacer un diario cuando estaba con la Selección española. Era mitad texto y mitad cómic. Mis compañeros sabían que yo les hacía caricaturas de vez en cuando. Y el cómic que hice con motivo de los Juegos salió en el Nuevo Basket, pero mantenía los originales. También hacía una tira de cómic cada lunes para El Periódico de Catalunya,. Lo intenté aguantar casi dos años, pero no podía mantenerlo en la época del Barça. Entonces interrumpí aquello. Por entonces, no le di más importancia. Pero ahora, con el paso de los años, que tenía más tiempo, lo echaba en falta. En la pandemia me piqué…, y hasta hoy.

¿Qué se va a encontrar en lector en su Loca historia del básquet?

Es un libro dividido en tres partes. La primera es autobiográfica. Me apetecía explicar cosas que pasan en la vida de un deportista que tiene suerte de alcanzar ciertas metas. Lo hago también desde un prisma educativo, para que los jóvenes vean cómo pueden comportarse en momentos complicados. Pero lo cuento desde un prisma de humor. La segunda parte es una historia de básquet. Aquí es donde aparece Jimix. Jimix es la parte loca y creativa del Andrés Jiménez que era tan serio como jugador. En el libro cuento el hilo conductor de la creación del mundo ha sido el baloncesto, pero que nos han ido quitando las pruebas. El Discóbolo de Mirón, por ejemplo, lleva un disco y debería ser un balón de baloncesto. Alguien ha ido ocultando esas pruebas…. Mezcla realidad y fantasía. Y la tercera parte, que me hacía ilusión, era publicar de nuevo el diario de Los Ángeles. Lo titulé la plata que supo a oro. Y trata de recordar qué era el baloncesto de los 80. Aquello de 1984 fue una epopeya. El baloncesto era diferente. No viajábamos con 25 asesores sino que éramos un grupito perdido por ahí por el mundo al que le pasaron cosas…

¿Dónde nació lo de Jimix?

Fue Fernando Martín. Éramos coetáneos. Él también había nacido en 1962. Yo le bauticé como Conan. Como me gustaban tanto los cómics, nada más verlo pensé: “Este tío es Conan”. A él no le molestaba, claro, porque cualquiera no podía ser Conan. Había que tener una percha. Y como él sabía que me gustaban los cómics, se acordó de lo de Asterix, Obelix, Panoramix… Y me puso Jimix. Me gustó y lo adopté.

La muerte de Fernando Martín debió ser un gran impacto.

Éramos amigos. Su madre era andaluza también y teníamos una afinidad especial. Habíamos competido juntos desde la Sub-15. Evidentemente, me impactó. Fue un trauma para todos. Y por eso quiero hacer un pequeño homenaje a gente que no está con nosotros como él o Antonio Díaz-Miguel.

Le hace el prólogo Pau Gasol. No es cualquier cosa.

Se lo agradezco, ha sido un detallazo. Tuve la fortuna de coincidir con él en el Barça en mi último año como capitán. Me ha recordado alguna vez que le había hecho alguna broma en el vestuario. Cuando uno llega de joven, esas cosas quedan, como a mí me quedaban cuando entraba de chico a vestuarios de veteranos. Con el máximo respeto a todos, Pau es el mejor jugador que ha dado el baloncesto español y me hacía mucha ilusión a nivel personal. Se lo agradezco.

¿Qué cosas de las que cuenta de Los Ángeles’84 son distintas al baloncesto de hoy en día?

De principio a fin (risas). Es otro mundo. Ves cómo viajábamos, la relación entre nosotros. No había Internet, no había redes sociales. En aquellos Juegos, no nos enterábamos de casi nada. Si acaso, cuando alguien llegaba para competir y traía algún periódico por la Villa Olímpica…

Explique alguna anécdota.

Nos montamos en el autobús para ir al primer partido. El rival era Canadá y teníamos que estar unas dos horas antes allí. Pero el autobús, que era un mítico School Bus amarillo de estos que sale en todas las películas, empezó a dar vueltas. Y no llegábamos nunca. La conductora estaba nerviosa y, de pronto, vemos que para el autobús y se mete en una cabina. Estaba llamando a la policía porque no sabía dónde estaba el mítico Forum de Inglewood…

En aquellos Juegos, vieron el nacimiento de Michael Jordan.

Ahí sí que nos dimos cuenta cómo estaba el tema. Previamente a los Juegos, fuimos a North Carolina. Jordan vino también porque Estados Unidos jugaba un amistoso al día siguiente allí contra una selección de jugadores NBA. Todos los chavales del campus de North Carolina salían a recibirlo. Ya vimos quién era a nivel mediático… Fuimos a ver el partido y le metieron de 20 al equipo de la NBA. El cuco de Bobby Knight, esto lo he sabido después, no quiso jugar un amistoso contra nosotros. Jugaban con un tipo de defensa a la que no habíamos hecho frente nunca. Así que, además de lo buenos que eran, nos cogieron desprevenidos porque ni sabíamos cómo defendían. No digo que no nos hubieran ganado, pero nosotros sabíamos cómo jugaban Italia, Yugoslavia… De ellos, sólo teníamos un vídeo en el que sólo se veían sombras… De ahí la diferencia de puntos que hubo.

¿De dónde le nació la afición al cómic?

Yo nací en Carmona, concretamente en Los Alcores. Mi abuelo tenía un kiosko (enseña el cómic durante la entrevista). Vendía chucherías y tebeos. Entonces, yo me sentaba allí y mientras mis padres hablaban con mis abuelos, yo leía. Lo único que me pedía mi abuelo es que no los abriese del todo para que la gente no viera, cuando iban a comprarlos, que estaban usados. Por entonces no había mangas, así que yo leía los españoles, los cómics franco-belgas…, de ahí saqué todo. Digamos que mi influencia es más de ese tipo de cómic.

¿Y se ha tenido que readaptar por la transición hacia la tecnología?

Al contrario. Eso me ha ido bien y ha facilitado que volviese a hacer cómics. Cuando todo era manual, yo tenía mi mesa de trabajo. Los pliegos, las pinturas… Ocupaba mucho sitio y se iba estropeando. Aquello se desmanteló. Cuando quise volver a hacer cómics, descubrí las posibilidades que da el dibujo a nivel digital. En cualquier sitio, con una buena tableta, puedes ir haciendo. Te tienes que familiarizar con los programas, pero me ha ido cojonudo. Como mucho, hago esbozos a nivel manual, pero todo lo demás es digital. Ahora tengo una colaboración con Gigantes. Me lo tomo como una ilusión.

Estuvo muy respaldado en la presentación del libro, Aparecieron por allí leyendas del ayer y el hoy.

El libro ha superado nuestras expectativas. Se ha agotado en algunas zonas y sale una segunda edición. La reacción de la gente, en especial de baloncesto, me ha sorprendido. Cuando he acudido con esto y me he reencontrado con amigos, periodistas y jugadores, la acogida ha sido fantástica.

Ahí se habrá dado cuenta de lo que movía el baloncesto cuando usted estaba jugando.

Eso lo aprecias mucho con la gente, es verdad. Los chavales no se acuerdan, pero los que tienen una edad de 45 años hacia arriba, ves que tienen marcada aquella época. Los Barça-Madrid, los Barça-Penya, la Selección. Decenas de miles de personas me han contado cómo se levantaban a ver nuestros partidos en Los Ángeles. El impacto fue tremendo. Es enriquecedor porque sabes que has formado historia del baloncesto español. Mucha gente se hizo del baloncesto ahí; y luego han venido hornadas de jugadores que nos superaron de largo. Y ojalá vengan más. Pero fue un cambio histórico.

Formó parte de uno de los mejores Barça de la historia, posiblemente el de la mejor plantilla, pero se marchó sin ganar la Euroliga. ¿Es su espina?

Es debatible lo de mejor plantilla de la historia porque es cierto que luego han venido algunas buenísimas. Ganábamos la fase regular casi siempre, pero luego la moneda nos salía cruz en la Final Four. La mayoría de las veces teníamos la plantilla mermada. Sólo teníamos a todos en Zaragoza (1992). En París (1996) teníamos a Andreu y Dueñas lesionados. De la misma manera que gané siete Ligas y cuatro seguidas contra un Madrid que tenía el mismo equipo o mejor que nosotros, las Ligas de Petrovic, Sabonis…, la moneda no cayó de nuestro lado en Europa. Mi máxima ilusión y la que me mantenía para seguir en el Barça tantos años era conseguir la Euroliga. No pudo ser. Pero estoy orgulloso de haber estado en seis Final Four, cuatro finales. Faltó la guinda, lo hubiésemos bordado. Pero para llegar a una final, hay que llegar primero.

De usted se habló como uno de los primeros jugadores modernos. Aíto le reconvirtió de `cuatro’ a `tres’. ¿Cómo fue aquello?

Voy a decirlo con sinceridad. Si eso se pudo hacer, fue por mi manera de ser. Había sido el mejor cuatro de Europa dos años seguidos. Y cuando te lo dicen, no es sencillo. Lo acepté porque mi mentalidad era anteponer el equipo a lo individual, pero el cambio fue traumático y a mí me costó mucho integrarme en ese pensamiento para que el resultado fuera positivo. Gracias a eso, yo también abrí mi campo de posibilidades porque aprendí a jugar de tres con mis condiciones; y a ser letal de tres con mis condiciones. No era un gran tirador de tres pero cogía rebotes de ataque, jugaba de espaldas… Y a nivel de grandes competiciones, esa posición empezó a ser importante. Empezó la época de la versatilidad. Si eras capaz de tener jugadores que se movieran de 1-2; o de 3-4, podíamos tener varios modelos de equipo dentro del mismo. Era interesante.

¿Dónde guarda la plata de Los Ángeles y cómo celebraron aquella?

La conservo, por descontado. Pero está guardada. Algunos me dicen que la llevarían al cuello todos los días. ¿Celebrarlo? Nadie era consciente de lo que habíamos hecho hasta que aterrizó el avión y vimos el aluvión de gente y de medios en Madrid. Y nos dijimos: “aquí ha pasado algo y no nos hemos enterado”. En la Villa Olímpica estábamos como en una isla. Cuando llegamos aquí y pasaron los días vimos que el impacto había sido tremendo.

Después de La loca historia del básquet, ¿algún proyecto?

No me lo he planteado. Sé que el libro está teniendo interés e iré haciendo alguna presentación. No tengo nada en la cabeza, pero ya me vendrá. Pero si lo hago será por puro disfrute.

¿Les ha mandado el libro a sus ‘troncos’ de Los Ángeles?

Todos tienen un ejemplar. Me faltan los de Madrid, aunque Llorente vino a la presentación de Barcelona. Una de las cosas que más ilusión me ha hecho es enseñarle lo que había hecho a todos mis compañeros. Nos seguimos juntando, nos seguimos contando las batallitas de siempre…, les he hecho una caricatura por barba para el libro.

Noticias relacionadas

¡Lleva el deporte contigo!

Descarga la App de AS para recibir alertas al instante y configura en MiZona qué quieres leer, sigue a tus equipos y consulta sus partidos. Descárgala aquí. ¿Además buscas licenciar contenido? Haz clic aquí.