Marius Borg se encuentra en prisión, a la espera de conocer su destino. El juez aún no ha tomado una decisión sobre los delitos que se le atribuyen al hijo de la princesa Mette-Marit. El juicio fue largo y muy duro, especialmente cuando hablaban sus víctimas. Él mismo ha reconocido parte de los cerca 40 delitos por los que ha sido juzgado, pues las evidencias en su contra eran aplastantes. De otros se ha desvinculado con la esperanza de rebajar su condena. No será hasta el próximo 15 de junio, concretamente a las 8:30 horas local, cuando el Tribunal de Oslo dé a conocer cuántos años pasará entre rejas. Se estiman que serán siete años.
Como cabría esperarse, su madre está angustiada y no sabe cómo encajar este revés. No solo por escuchar lo que hacía su hijo a sus espaldas, siendo acusado de violaciones, agresiones o tráfico de drogas. También por no poder ayudarle y protegerle de sus propios desvaríos, como así ha estado haciendo tiempo atrás. Ahora está solo ante la justicia, en la cárcel a la espera de saber qué decide el juez. Un ambiente, el de prisión, muy alejado del lujo y la ostentación que se le presupone en palacio y donde los príncipes noruegos ya han sido vistos.
La visita de Haakon y Mette-Marit a Marius en prisión
Una imagen que está dando la vuelta al mundo, esta del príncipe Haakon de Noruega y la princesa Mette-Marit a Marius Borg. No es la primera vez que la madre acude al encuentro de su hijo entre rejas. Tampoco la primera que le acompaña su marido en tan delicado instante. Pero quizá esta está teniendo una mayor repercusión tras la negativa de las autoridades a darle permiso al joven para cumplir condena en el palacio de Oslo. Nada justificaría ese trato de favor que provocaría que el pueblo se les echase encima. Tampoco la excusa esgrimida por Marius, que dice estar muy preocupado por la maltrecha salud de su madre.
La princesa Mette-Marit sufre una enfermedad pulmonar crónica. El tratamiento es muy agresivo y en muchas ocasiones le ha postrado en cama, alejándola de sus compromisos con la corona. En los últimos tiempos más de lo deseado, incluso anunciándose que está a la espera de un trasplante de pulmón. Su hijo, que hasta hace unas semanas estaba volando de viaje en viaje, ahora dice querer pasar más tiempo con su madre. Quizá para hacer de enfermero y cuidarla como no había hecho antes.
“Tengo muy poco contacto humano. Es bastante duro no tener interacción social con nadie durante tanto tiempo”, se queja Marius Borg. También de no poder dormir plácidamente en prisión, pues no la considera cómoda. “En cuando a las visitas y la familia, tengo algunos familiares cercanos que padecen una enfermedad que hace que las visitas a la cárcel de Oslo sean algo más difíciles que si estuviera en casa”, pedía. Claro que Mette-Marit tendría más fácil ver a su hijo en casa que en prisión, pero eso debió planteárselo antes de agredir a sus novias, violar a otras jóvenes, traficar con drogas o vender objetos de palacio para pagarse las fiestas.
El juez lo tuvo claro y denegó su petición de cumplir su condena entre algodones en palacio. Después de conocer esta decisión y cargar duramente contra él a golpe de comunicado, Haakon y Mette-Marit han ido a verle. La princesa, ayudada por una mascarilla de oxígeno, desde hace un tiempo su fiel compañera. Verla con respiración asistida ha sido una imagen muy comentada en las últimas semanas, que ha coincidido con el juicio a su hijo, lo que incluso hizo pensar en una estrategia para reducir las críticas frente a la preocupación. No ha funcionado.