Mes y medio después de anunciar que colgaba la raqueta, Carolina Marín ha acudido este lunes a ‘El Hormiguero‘, donde abordó principalmente todo lo que englobaba a esa prematura retirada. La campeona olímpica en Río 2016, tricampeona mundial y heptacampeona de Europa … tomó tal decisión con tan solo 32 años, motivada principalmente por el lastre que le supusieron tres lesiones graves de rodilla; la última, en los Juegos Olímpicos de París 2024, fue la puntilla.
Sin embargo, la onubense fue clara al decir de primeras a Pablo Motos que «estoy muy tranquila y muy en paz», más allá de que recientemente tomase «la decisión más difícil de toda mi vida, pero era la mejor que podía tomar». Afronta así la ya ex jugadora de bádminton una nueva etapa vital que encara con total optimismo.
Carolina Marín explica por qué ha decidido dejar el bádminton
Durante su entrevista en ‘El Hormiguero’, Carolina Marín incidió en que «ahora mismo estoy viviendo una etapa muy feliz». Y es que sabe «que he exigido a mi cuerpo hasta más allá del propio límite que pensaba que tenía. Me he recompuesto de tres lesiones, he intentado volver a jugar, pero hasta el último día casi no tomé la decisión de colgar la raqueta. Me hubiera gustado retirarme en el campeonato de Europa, que era en Huelva, en el Palacio de Deportes que lleva mi nombre. Pero si hubiera forzado la rodilla hasta ese punto creo que no habría tenido salud para el resto de mi vida. Y, para mí, lo más importante a día de hoy es la salud».
En este sentido, retrotrayéndose a cuando fue meditando la decisión de retirarse, la onubense recuerda que «en febrero me tuve que volver a operar porque llevaba con dolor desde octubre, tenía un dolor muy punzante en el menisco interno. Mucha gente no lo sabe, pero todo lo que sufrimos los deportistas… Cuando nos subimos al podio y suena el himno de España es la recompensa, pero hay muchas lágrimas detrás y se valora muy poco».
A día de hoy, al menos, la ex badmintonista puede presumir de que «no vivo con dolor y por eso creo que vivo tan feliz y tan en paz conmigo misma. Por una vez en mi vida he antepuesto la salud» Además, fue clara al decir que «no quería acabar con una prótesis de rodilla. Tengo 32 años y toda la vida por delante. ¿Si puedo ponerme en cuclillas? No, y no podré nunca más. Por cómo me rompí la rodilla en los Juegos de París… El cirujano me ha recomendado los menos impactos posibles. Entonces, si quiero hacer una carrera, es mejor hacer elíptica o bicicleta».
La mella mental de retirarse y los primeros en conocer la noticia
Centrándose aún en esa prematura retirada que le ha deparado su exitosa carrera profesional, Carolina Marín habló también específicamente del apartado mental: «Quien se quiere recuperar físicamente… Si alguien no cree es porque no cree en uno mismo. Yo nunca he dejado de creer en que podía volver a caminar o jugar. Ya la tercera vez (en agosto de 2024) los médicos me dijeron que tuviera cuidado y mi equipo no quería que volviera a jugar porque era un riesgo muy grande. Tomé la decisión de retirarme a tiempo, pero mentalmente es complicado. Te vienen los miedos, inseguridades, te sientes sola… Y no te pueden ayudar ni tus amigos ni tus padres».
Precisamente, haciendo alusión a sus seres queridos, recalcó que fue a ellos a quienes comunicó en primer lugar que tenía tomada la decisión de dejar el bádminton. «Las primeras personas que lo supieron fueron mi equipo y mi madre. Para quien no lo sepa, yo perdí a mi padre hace seis años. Mi equipo me mostró apoyo y cariño, hasta me dieron las gracias porque no querían que volvieran jugar por el riesgo. Y mi madre… Es que he tenido mucha suerte con los padres. Desde que empecé con el bádminton con ocho añitos siempre me han apoyado. Ahora mismo lo que más necesito es desconectar del bádminton y disfrutar de mi vida. Llevo 24 años… Pero no creo que me haya perdido cosas. He elegido a lo que dedicarme. El bádminton me ha dado la vida y yo le he dado vida al bádminton».
Para terminar con este tema, Pablo Motos le preguntó qué es lo que más echará de menos, a lo que la onubense respondió: «La adrenalina, el primer punto en una final, saltar a la pista, que la gente te esté animando…». Como matiz, poniendo el foco en lo que suponía ganar un primer punto en una final, Carolina Marín admitió que es un momento en el que «de repente tienes el miedo a ganar, o el miedo a que te ganen. La cabeza es importante. La gente vamos al gimnasio para ponernos fuertes, pero la cabeza es importante. Se nos olvida y es fundamental. ¿Qué es el miedo a ganar? Te puede venir por una inseguridad, a lo mejor, de que le has ganado a esa rival la semana antes y te entra miedo a poder ganarle de nuevo. El cuerpo se te puede bloquear, está más tenso… Parece que ya no sabes jugar al bádminton. Y cuando quedan los últimos dos puntos es mejor no pensarlo; mejor pensar en el presente, punto a punto».