Según han informado fuentes del Ministerio de Sanidad, el paciente español ha sido confirmado como positivo por hantavirus tras los síntomas detectados durante las últimas horas al analizar la segunda prueba. El ingresado presentaba «febrícula y ligera desaturación con síntomas respiratorios» y ayer dio positivo provisional en la primera PCR a la que fue sometido. El paciente, según Sanidad, «se encuentra aparentemente estable y sin empeoramiento clínico evidente».

En cuanto al resto de personas que permanecían bajo estudio en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, las pruebas definitivas han confirmado un total de 13 resultados negativos. Para gestionar esta crisis y garantizar la atención de los 14 pasajeros que deben cumplir cuarentena, el Hospital Gómez Ulla ha «reforzado su personal con 90 personas».

Un búnker de alta tecnología

El escenario de esta batalla contra el patógeno es la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel (UAAN), situada en la planta 22 del hospital. Este espacio, diseñado tras la crisis del ébola en 2014, funciona como un búnker inexpugnable donde se controla de forma absoluta el aire y los fluidos mediante sistemas de presión negativa.

La seguridad es tal que los pacientes entran directamente desde el aparcamiento subterráneo mediante un montacamas de uso exclusivo con ventilación filtrada. En el interior, los médicos supervisan a los enfermos a través de cámaras de alta resolución capaces de analizar incluso la retina, evitando así el contacto físico constante. Esta tecnología es vital, dado que el personal sanitario requiere un mínimo de 15 minutos para colocarse los equipos de protección integral (EPI).

El peligro del virus Andes

El brote, que ya se ha cobrado la vida de tres personas en el Atlántico, está causado por la variante Andes, originaria de Argentina. A diferencia de otras cepas, esta es especialmente preocupante porque permite la transmisión entre humanos por contacto estrecho y presenta una letalidad de hasta el 50%.

Respecto al ciudadano estadounidense, desde el HSC (siglas inglesas del Servicio Central de Salud en EE.UU.) han informado que el caso no concluyente —y posteriormente negativo— analizado en Cabo Verde ha resultado negativo.

Pese a la sofisticación de la planta 22, el director de la unidad, Javier Membrillo, ha recordado el carácter militar del centro, advirtiendo que no se facilitará información detallada sobre protocolos internos por razones de «seguridad nacional». El hospital, que ya combatió el ébola y el COVID-19, se reafirma hoy como la vanguardia de la bioseguridad mundial ante un enemigo que no posee un fármaco específico.