![]()
Juan Diego Cervantes LLort es un almeriense de 48 años de edad, casado y padre de una niña de 14 años, que nació en el barrio de Pescadería y, a partir de los dos años, se crió en la localidad de El Ejido, hasta que a los 18 años se fue a estudiar arquitectura técnica en Granada, y arquitectura superior a Madrid.
Su padre emigró con 18 años a Barcelona para trabajar como soldador. Allí conoció a su madre, con quien después de algunos años regresó a Almería para trabajar, primero en el sector siderúrgico en el puerto comercial y, tras cinco años, trasladarse a El Ejido, para ser marinero del nuevo puerto deportivo.
Al final de su etapa en primaria y secundaria, se dieron cuenta que Juan Diego tenía altas capacidades intelectuales. “Cuando terminé aparejadores dije que quería hacer arquitectura en Madrid, pero el coste económico era muy elevado. Mis dos hermanas también estaban en época universitaria y, con el sueldo de asalariados humildes de mis padres, no era posible”. Su progenitor llamó a su jefe, propietario del puerto de Almerimar, Francisco Escorial, le pidió más horas u otro tipo de trabajo para poder sufragar los estudios universitarios de sus hijos. “Mi padre estaba dispuesto a irse a una plataforma petrolífera, porque se pagaba muy bien, para poder costearme la carrera”. Francisco Escorial le dijo que quería conocer a su hijo. “Me fui a Madrid, nos conocimos, y entonces le comentó a mi padre que le iba a ayudar económicamente para que pudiese desarrollar mis estudios con normalidad”. Y así lo cumplió. “Y no solo lo cumplió a nivel económico, sino que durante mi estancia en Madrid él se comportó casi como un padre, dándome apoyo moral, invitándome a comer con su familia muchos fines de semana. Y fue un apoyo importantísimo”.
Cuando estaba terminando la carrera, Francisco Escorial estaba desarrollando el proyecto de reforma y rehabilitación del hotel de cuatro estrellas Golf Almerimar. “Entonces, me ofreció la posibilidad de colaborar con otro arquitecto que estaba elaborando el proyecto. Empecé a trabajar con él. Me impliqué muchísimo porque me sentía en deuda eterna con este señor, el edificio estaba en la localidad donde yo había nacido, e iba a ser un establecimiento de cinco estrellas. Trabajaba todas las horas que podía los fines de semana”. Después de unos meses Francisco Escorial decidió que Cervantes Llort con 28 años se hiciese cargo de la dirección del proyecto. “Quitó al otro arquitecto y me puso a mí al mando. Estuvimos casi dos años desarrollando el proyecto en Madrid y, cuando se terminó, me desplacé a vivir a Almerimar para dirigir la obra”.
El proyecto se entregó en 2008 y los trabajos se finalizaron en 2012. “Un hotel maravilloso enfocado al golf porque la geometría es como una U que abraza al campo de golf y al segmento vacacional”.
En el año 2012 España vivía sumergida en una crisis de la arquitectura muy importante. Juan Diego, creó una pequeña constructora y comenzó a realizar otros proyectos. “Fuimos sobreviviendo y evolucionando hasta la actualidad, que estamos en un boom de la construcción con infinidad de trabajo”. La empresa constructora la comparte con su socio Mario Peláez, y dispone de una sociedad para promocionar suelo, “Y nos diversificamos dentro del mundo de la arquitectura, de la construcción y de la edificación”.
En el barrio de El Zapillo, ha reformado el edificio que albergó el Club Costa de pádel. “Tenemos 40 viviendas en régimen de alquiler. Sigue siendo un suelo dotacional que hemos enfocado a apartamentos no vacacionales para personas que se trasladan por trabajo. Son funcionarios, médicos, profesores, enfermeros, policías, y se le está dando cabida a ese tipo de trabajador, y genera muchas posibilidades que se pueda alquilar solo por uno, dos o tres meses, y a este tipo de colectivo le viene fenomenal”.
En la segunda mitad del siglo pasado Almería tenía una imagen de ciudad colonial, con unos diseños muy llamativos, pero desde 1960 hubo un desarrollismo tremendo que frustró esa imagen. “Choca un poco que había una frontera física, que era la Rambla, donde se tendría que haber mantenido ese tipo de arquitectura con rehabilitaciones o posibles pequeños remontes, y desde la zona de la Rambla hacia el Levante, haber construido un barrio más moderno con otro tipo de trazado. Con grandes avenidas, con edificios de gran porte o de gran altura, y que se hubiesen diferenciado, retroalimentado una a la otra en cuanto a concepto, en cuanto a tipología, y ahora se ha mezclado, se ha perdido toda la esencia de la arquitectura musulmana”.
Juan Diego mantiene que Almería ha dado arquitectos muy interesantes “que han desarrollado buenos proyectos, pero que luego se desvirtúan cuando ves esos edificios que tiene una escala que en su momento tenía relación con el resto de las viviendas, con los anchos de las calles, con las visuales y con la luz, y de pronto, junto a esa vivienda, colocas un edificio de muchísimo más porte, desvirtuando la imagen y dando más sombras”. Ahora ve difícil corregir esta anarquía arquitectónica y constructiva que ha acabado con la esencia de la imagen de la ciudad. “Ahora es muy complejo ordenar, pero como mínimo habría que intentar que no ocurra eso en el futuro. Proteger todos los edificios que tenemos catalogados. Que seamos muy conscientes que tenemos que defender ese poco patrimonio”.