Es más que conocido el núcleo de Hollywood a los que les une una pasión en común: la pintura. De hecho, muchos de ellos, sobre todo gracias a la fama que han obtenido por sus renombrados papeles, consiguen vender algunas de sus obras a precios extraordinarios. Algunos de los intérpretes más famosos que no tienen ningún problema a la hora de coger lienzo y pincel son Jim Carrey, cuyas pinturas suelen acercarse a la caricatura y a la proclama política, Pierce Brosnan y Anthony Hopkins, siendo ambos de la misma corriente artística, con un corte muy colorido y de tintes surrealistas, o Lucy Liu, quien ha conseguido una enorme popularidad, con sus obras llegando a ser exhibidas en Nueva York, Los Ángeles o Singapur, a pesar de firmarlas con un seudónimo: su nombre chino, Yu Ling.

Ahora, a ese selecto grupo se una actriz, sobre todo, polifacética: Melanie Griffith. A sus 68 años la ganadora de un Globo de Oro se encuentra en una etapa de su vida en la que prefiere la tranquilidad a la celeridad y el trasiego de un set de rodaje o de su pasado —no hay que olvidar que, además de varios fracasos matrimoniales, Griffith ha lidiado con varias adicciones de las que ya está más que recuperada—. De hecho, lleva apartada del mundo del cine desde hace varios años, dedicándose a la filantropía, a la defensa de los derechos de los animales y a presumir de sus tres hijos.

Es más, una de sus últimas publicaciones en su Instagram, era para presumir de dos logros muy diferentes de su segunda hija, Dakota Johnson: por un lado la sugerente y erótica campaña que ha protagonizado para la firma Calvin Klein y, por el otro, por haber sido elegida como una de las 100 personas más influyentes de este 2026 por la revista Time. Pero lo más curioso ha sido, sobre todo, que ahora ha sido su benjamina, Stella del Carmen Banderas, quien se ha mostrado orgullosa de su madre en sus redes, publicando una story que ha dado a conocer la nueva afición de Melanie.

La intérprete de Armas de mujer o La hoguera de las vanidades ha sido la protagonista de una imagen que su hija con Antonio Banderas ha subido precisamente para mostrar cómo le están sirviendo a su madre las clases que está recibiendo. Porque precisamente hace unas pocas semanas, los paparazzi cazaban a Melanie a la salida de una escuela de arte en California, donde está aprendiendo a desenvolverse entre acuarelas, estilos y óleos. Un hobby que parece alejarla nuevamente de Hollywood, dado que la última vez que se puso delante de las cámaras fue para un breve cameo en Personal Assistant, una comedia indie que protagonizó Dakota en 2020.

En la fotografía que Stella subió a sus redes, Griffith aparece sosteniendo su creación: un cuadro de evidentes rasgos expresionistas que representa a una mujer vestida con una blusa azul de plumas. Un retrato que tiene sus raíces en las obras de Amedeo Modigliani o Egon Schiele, y que medios como Vanity Fair le encuentran un parecido más evidente: el Retrato de la Sra. Mangel, una ya icónica pieza que aparecía en la serie australiana de la década de los 80 Neighbours (Vecinos en español) que era pintado por Helen Daniels, el personaje que durante 12 años estuvo interpretando Anne Haddy —y que se convirtió en una piza tan codiciada por los fans que hace unos meses fue subastada con fines benéficos—.

Si bien es cierto que esta afición de Melanie Griffith era desconocida hasta ahora, muchos se han aventurado a decir que si este es su primer trabajo demostraría que tiene muy buena mano para los pinceles. O que siempre ha tenido buen gusto, porque la instantánea fue tomada por Stella en la mansión en la que la actriz reside desde 2019 y, al fondo, se ve otra de arte, como las muchas que tiene en toda su casa y que ha mostrado en diferentes publicaciones en sus redes.

Se trata de la propiedad, de estilo español, en la que Melanie Griffith ha optado por su nueva realidad, la de cuidadora de su madre, la legendaria actriz Tippi Hedren, junto a quien vive y que el pasado enero alcanzaba los 96 años. Situada en una de las zonas más exclusivas de Los Ángeles, fue el lugar elegido por la actriz después de acordar junto a su exmarido malagueño poner a la venta el casoplón que tenían en Hancock Park, un conocido y elegante barrio residencial que, explican desde el citado medio, data de los años 20 y que está lleno de casas de estilo Tudor.

Eso sí, antes de desembolsar unos 3,7 millones de dólares por su casa actual, que además se encuentra a unos 10 minutos de la casa en la que vive su hija Dakota en Hollywood Hills, Griffith estuvo de alquiler Outpost Estates, un área que limita con zonas tan conocidas como Mulholland Drive o Hollywood Heights. Queda por ver si con esta nueva afición comienza a convertirse en algo más que un pasatiempo y acaba decorando las paredes de su casa, la de sus hijos y conocidos o, incluso, en alguna exposición.