Una discusión entre dos temporeros acabó con uno de ellos muerto de una paliza propinada con el astil de una azada en Pilar de la Horadada (Alicante). El presunto autor del crimen trató de confundir a la Guardia Civil y fingió que la víctima había sufrido un atropello accidental, aunque el análisis forense confirmó que las heridas que había sufrido el fallecido las había producido un objeto contundente de forma cilíndrica. Al acudir al domicilio del sospechoso para detenerlo, los agentes lo interceptaron cuando huía en bicicleta con su pasaporte y un hatillo en el que transportaba sus pertenencias. El presunto agresor, al que se acusa de un delito de homicidio doloso, ha ingresado en prisión tras pasar a disposición de un juzgado de Orihuela.

La víctima, de 31 años, se presentó en casa del arrestado, de 53 años, el pasado 19 de abril. Ambos se conocían porque ya habían trabajado juntos en diferentes temporadas agrícolas en la comarca de la Vega Baja, al sur de Alicante. El más joven pretendía alojarse, durante la inminente campaña de recogida del pimiento, en la casa de campo que el mayor compartía con un tercero, también temporero. Era una vivienda en condiciones precarias. Sin embargo, ambos mantenían una pésima relación y ya habían protagonizado varios altercados. Cuando el presunto autor del crimen se negó a acoger a la víctima, ambos se enzarzaron en una reyerta a 300 metros de la vivienda.

Según confesó el presunto homicida, la víctima le amenazó con una navaja y él respondió a golpes con el mango de una azada. Tras dejarlo herido en el suelo, el joven intentó levantarse y el otro lo remató. El cadáver quedó abandonado en una tubería de cemento de grandes proporciones ubicada bajo un tramo de la autopista AP-7 a su paso por Pilar de la Horadada, municipio alicantino limítrofe con la Región de Murcia. El arrestado contó al día siguiente lo que había pasado a un compañero que reside en la misma vivienda, que no se encontraba presente cuando tuvo lugar la pelea y que le recomendó que lo confesara todo a la Guardia Civil.

El día 23, en torno a las 21.00, el presunto criminal alertó al servicio de Emergencias 112 de que había encontrado el cadáver de un conocido. No movió el cuerpo, que seguía en el mismo lugar en el que lo había dejado. En un principio, explicó que podía haber fallecido a causa de un accidente de tráfico. La hipótesis de la investigación es que pensó que todos los indicios y la existencia de un testigo lo iban a acabar incriminando, por lo que intentó desviar la atención. Los agentes que acudieron al lugar de los hechos procedieron al levantamiento del cadáver y su envío al Instituto de Medicina Legal de Alicante. El análisis forense determinó que las heridas que presentaba el cuerpo no eran compatibles con un atropello. La muerte se había producido por varios impactos de un objeto cilíndrico y contundente.

Los investigadores volvieron a la vivienda rural al día siguiente, ya con la persona que aseguró haber localizado el cadáver como principal sospechoso. Al llegar, interceptaron al presunto autor cuando se disponía a huir en bicicleta, con un pequeño hatillo y su pasaporte como únicas pertenencias. Impidieron su fuga, lo arrestaron y comenzaron a buscar pruebas de lo sucedido. Entre la maleza que circundaba la casa, los agentes hallaron el astil de madera de una azada, de un metro de largo y cuatro centímetros de diámetro, que dio positivo a las pruebas reactivas de restos biológicos. En el interior de la vivienda encontraron una navaja de 12 centímetros.

Ante las evidencias, el presunto homicida confesó el crimen. Fue puesto a disposición de la sección de Instrucción del Tribunal de Instancia número 3 de Orihuela, acusado de un presunto delito de homicidio doloso. Tras prestar declaración, el juez decretó su ingreso en prisión.