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El equipo de un español en la ETH Zúrich acaba de publicar lo que puede ser el mayor avance en captura de CO₂ de la última década, y viene de donde nadie esperaba: un catalizador que convierte el gas directamente en metanol combustible sin desperdiciar un solo átomo.
El dato que lo cambia todo: lo fabrican a 3.000 grados, pero el resultado es tan estable y compatible con la industria actual que no haría falta rediseñar las fábricas para usarlo.
Esto no es solo ciencia: si escala, significa que el CO₂ que hoy cuesta dinero gestionar puede convertirse en combustible vendible, y eso reescribe la ecuación económica de la transición energética para cualquier empresa industrial europea.
Y lo más revelador está en cómo funciona por dentro el catalizador, porque la solución al problema más viejo de la química industrial era, literalmente, cuestión de separar mejor los átomos.
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Mientras los gobiernos europeos siguen debatiendo si capturar el dióxido de carbono y enterrarlo bajo tierra es buena idea, un ingeniero químico español acaba de demostrar una vía mucho más inteligente: convertir ese CO₂ en combustible útil. Y no es ciencia ficción. Es un catalizador que ya funciona en laboratorio y está listo para dar el salto a la industria.
El CO₂, un problema recurrente
Convertir el CO₂ en algo útil, o cuanto menos, saber que hacer con él ha sido un verdadero quebradero de cabeza constante. Llevamos décadas escuchando que el dióxido de carbono es el gran culpable del calentamiento global. Y es verdad. Pero también es una gran materia prima que se está desaprovechando. El problema es que es una molécula muy estable, difícil de romper y transformar en otra cosa.
Hasta ahora, los métodos para convertirlo en combustible eran poco eficientes: se desperdiciaba mucho material, se necesitaba mucha energía y los catalizadores se estropeaban rápido. Por eso, la idea de «enterrar el CO₂» ha ido ganando fuerza en la Unión Europea, pero hay un problema: no genera valor y se desconoce los problemas que podría traer en el futuro si se acaba escapando.
Un español y un catalizador revolucionario
En este marco y ante la gran pregunta de ¿qué hacemos con el CO₂? aparece Javier Pérez-Ramírez, un catedrático español de ingeniería de catálisis en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH Zúrich). Lleva desde 2010 trabajando en este problema. Y en marzo de 2026, su equipo ha publicado en la prestigiosa revista Nature Nanotechnology un hallazgo que puede cambiar las reglas del juego.
El científico español y su equipo han trabajado sobre una idea que no es nueva: mezclar CO₂ con hidrógeno para obtener metanol, un líquido sencillo que arde bien y se puede usar como combustible o como base para fabricar casi cualquier cosa. La novedad en su estudio es el catalizador que han creado para que esa reacción ocurra de forma rápida, limpia y sin desperdiciar materiales.
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Los catalizadores normales son como tener un montón de pelotas de tenis amontonadas en una caja: solo las de arriba dan la cara, las de dentro no hacen nada. Lo que ha hecho el equipo del profesor Pérez-Ramírez es extender las pelotas (que son átomos de indio) una a una, separadas, sobre una mesa plana (de óxido de hafnio).
Así, cada átomo de indio trabaja sin compañeros y sin estar escondido. Por lo tanto, se usa el 100% del material. No se desperdicia ni un solo átomo.
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Fabricado a 3.000 grados y listo para la industria
Para fabricar este catalizador tan especial, los investigadores utilizaron una técnica de combustión por llama que alcanza temperaturas de entre 2.000 y 3.000 grados Celsius. Luego, un enfriamiento rapidísimo «congela» los átomos de indio en su sitio, impidiendo que se junten y formen grumos.
El resultado es un catalizador muy resistente: aguanta temperaturas de hasta 300 grados y presiones de 50 atmósferas. Es decir, no haría falta rediseñar las fábricas para usar este invento; encajaría casi sin cambios.
La importancia del metanol
La pregunta del millón sería: ¿por qué es tan importante el metanol? ¿para qué sirve?. Según explica el propio Javier Pérez-Ramírez, es la navaja suiza de la química: un producto básico a partir del cual se puede fabricar casi todo.
Con metanol se puede hacer gasolina sintética, diésel sintético, plásticos, fertilizantes y una larguísima lista de compuestos orgánicos que hoy se obtienen del petróleo. Es líquido a temperatura ambiente (fácil de almacenar y transportar) y se puede usar en motores de combustión o en celdas de combustible sin necesidad de infraestructuras especiales.
Lo importante es que, si el hidrógeno que se usa en la reacción se produce con energías renovables (lo que se llama hidrógeno verde), y la electricidad para el proceso también es limpia, entonces el metanol resultante es climáticamente neutro. El CO₂ que se capturó para fabricarlo es el mismo que luego se emitirá al quemarlo.
Del laboratorio a la realidad
El avance es enorme, pero sus propios creadores piden cautela. Escalar la producción de un catalizador de átomo único desde el laboratorio (gramos) hasta una planta industrial (toneladas) es un desafío que requiere tiempo e inversión.
Además, el proceso necesita hidrógeno. Y hoy, más del 95% del hidrógeno que se produce en el mundo viene del gas natural, lo que genera CO₂. Si se quiere que sea una energía limpia aún hay pasos que dar en ese sentido. Sin embargo, el equipo de Pérez-Ramírez ha demostrado una cosa clave: es posible.
Mientras la Unión Europea sigue discutiendo si subvenciona el almacenamiento geológico de CO₂ (enterrarlo), un español en Suiza ha demostrado que convertir ese CO₂ en metanol es técnicamente viable y mucho más inteligente.